
Luis
Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
En 1999, cuando ingresé
a la Asociación Nacional de la Empresa Privada, el tema que ocupaba
la agenda de la cúpula empresarial era el de las reformas fiscales,
específicamente, al IVA y a la Renta, con lo que se pretendía
cerrar espacios para la evasión y la elusión fiscal.
Posteriormente, ya durante la administración de Presidente Flores,
se sometió a discusión de los distintos sectores la aprobación
del Código Tributario, lo cual nos mantuvo ocupados en las asociaciones
gremiales por varios meses, ya que la agresiva iniciativa en materia fiscal
preocupaba a muchos, no por los controles que se estaban creando para
los evasores, sino por la excesiva discrecionalidad que, detectábamos,
tendría la administración una vez aprobado ese cuerpo normativo.
Sin embargo, la aplicación práctica cuando el Código
estuvo vigente, en diciembre de 2000, fue otra, ni aplicaciones discrecionales
ni abusos por parte del Ministerio de Hacienda, aunque se mantuvieron
las quejas por la falta de capacitación al personal de dicha cartera
de Estado, para la aplicación de la nueva normativa.
Dos año después, durante 2002, el entonces ministro de Hacienda
decidió lanzar el Plan Cien, cuyo objetivo estratégico,
o por lo menos así se nos informó cuando yo era parte de
ANEP, fue el de combatir el contrabando, por lo que hubo controles exhaustivos
en todos los contenedores que ingresaban al país por cualquier
punto fronterizo. No existieron excepciones.
En la gremial se quejaban por el retraso que esta situación causaba,
pero entendían que la finalidad de gobierno no era otra que evitar
la competencia desleal que constituye la actividad ilícita del
contrabando, así como el perjuicio que esta acción causa
al fisco, cuando éste deja de percibir los ingresos debido a la
introducción ilegal de mercaderías al país. Observamos,
pero siempre apoyamos.
En esa ocasión también fuimos muy críticos en ANEP,
solicitándole al Gobierno que continuara ejecutando su plan, pero
que evitara retrasos en la revisión de los contenederos, debido
a la burocracia con la que se realizaban los mismos. El plan fue acompañado
de reformas a la Ley Especial para sancionar infracciones aduaneras, la
cual había sido aprobada un año antes, a través de
las cuales se aumentaban las penas para los delitos contemplados en dicha
ley, y se perseguía con mayor rigor el delito de contrabando.
Todas esas experiencias las viví como director ejecutivo de la
gremial; en cada una de ellas siempre la actitud fue de total apego a
los principios de libre empresa: no permitir discrecionalidad absoluta
en la aplicación de la ley, ni mucho menos arbitrariedad por parte
de los funcionarios, colaborar a cerrar huecos fiscales, generar
instrumentos que le permitieran al fisco obtener más ingresos y
no apoyar aquellas reformas que desincentivaran la actividad económica.
En todas recibimos la apertura del Gobierno, así como de la Asamblea
Legislativa, para ser escuchados y buena parte de nuestras observaciones
siempre fue admitida, excepto aquellas que, de acuerdo con el Ejecutivo,
desvirtuaban la reforma e impedían un éxito en la aplicación
de la misma. Siempre lo entendimos y agradecimos la apertura.
Hoy, el Ejecutivo está impulsando una nueva reforma fiscal que
modifica once cuerpos de ley. Se pretende de nuevo realizar un enorme
esfuerzo para obtener más ingresos sin aumentar impuestos. La reforma
es agresiva, histórica, como ha dicho el Presidente Saca.
La visión es la misma, el cargo desde donde se analizan las reformas
es el cambio: hoy, tenemos nosotros la responsabilidad de cumplir como
gobierno, sin sacrificar a nadie, sino aplicando la ley al que no la cumple,
y cerrando espacios a la elusión para que el fisco obtenga más
ingresos. Eso no elimina el respeto a la libertad empresarial ni la negativa
a oponernos a todo aquello que pueda significar un abuso del Ejecutivo
hacia los administrados.
Por supuesto que hemos velado para que los excesos de discrecionalidad
y aplicación arbitraria de la ley sean castigados con todo el rigor:
los días multa con los que se sancionaba a un empleado o funcionario
que abusara de las facultades que le otorga la ley han sido sustituidos
por años de cárcel e inhabilitación de su cargo por
el período que dure la pena.
Pero existe un factor más importante por el que debemos velar ahora
que estamos de este lado: El uso transparente de los nuevos ingresos que
se obtengan con la aplicación de la reforma. Este es quizás
el tema trascendental. El combate a la corrupción se hará
en esta administración sin tregua, así lo ha manifestado
el Presidente y así estamos los funcionarios convencidos de que
debe ser. Esa tendría que constituir la preocupación más
grande de todos los sectores.
*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos
de la Presidencia de la República.

|