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La nota del día
La banda de ladrones arruinó la agricultura

De empresas solventes se pasó a las sinvergüenzadas de los democristianos en el poder

Publicada 27 de octubre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

El vigésimo quinto aniversario del infame cuartelazo del 15 de octubre de 1979 ha destacado un tema de vital importancia: la ruina de la agricultura nacional a causa de las reformas decretadas en esas fechas, crisis que no se podrá superar mientras se mantengan esas políticas. Contrario a lo que grupos interesados sostienen, antes de 1980 la agricultura salvadoreña era pujante y estaba en un proceso de tecnificación que superaba al de los otros países centroamericanos.

Primero, El Salvador llegó a ser el tercer productor de café del mundo.
En arroz no sólo éramos autosuficientes, sino que el país exportaba grandes cantidades y vendía semilla de híbridos desarrollados en la Hacienda El Nilo. El cultivo se derrumbó cuando el gobierno impuso restricciones a la exportación.

El café salvadoreño tenía un gran mercado porque era vendido por marcas, no a granel como sucedió después de las reformas. Los exportadores gozaban de un alto crédito, ganado a través de los años de cumplir con puntualidad sus compromisos. De empresas solventes se pasó a las sinvergüenzadas de los democristianos en el poder.

El algodón llegó a tener los más altos grados de productividad del Hemisferio. Las haciendas eran visitadas a menudo por agricultores de otros países, por ser ejemplo de excelente administración, técnica, organización y eficiencia. Cualquiera puede contemplar el desastre visitando el gigantesco matorral que es hoy en día la hacienda modelo de entonces, La Carrera.

En la isla del Espíritu Santo, los Sol Millet desarrollaron una industria de copra, extrayendo preciosos aceites que exportaban a diversos mercados. Las plantaciones se expandían, beneficiando a los trabajadores y las familias residentes en la isla. Hoy en día apenas se producen cocos para beber el agua, y se bota lo que antes fue gran riqueza.

Se hartaban toros reproductores

Significativamente, El Salvador consumía más fertilizantes que toda la región junta, indicando que se había pasado de una agricultura extensiva, a una tecnificada. Cada vez más se usaba maquinaria para las labores agrícolas, lo que a su vez requería de personal técnico para los trabajos y su mantenimiento. En el caso de La Carrera, los planteles eran una escuela superior de capacitación de técnicos agrarios, administradores, biólogos y personal de soporte de actividades conexas. La Carrera, como el resto de esas bien organizadas propiedades, fue entregada a jornaleros, peones y campesinos, que la saquearon y pronto la hicieron caer en bancarrota.

Las historias de éxito son incontables, las de empresarios agrícolas y agricultores que dedicaban esfuerzo e inteligencia a bien trabajar sus tierras. Para 1979, sin embargo, dan inicio invasiones de forajidos, que destruyeron lo que encontraban. A ello se agregan los robos perpetrados por los “técnicos” que efectuaron las tomas de tierras, como el generalizado pillaje que tuvo lugar poco después de las ocupaciones. La faceta más truculenta fue el destace de toros y vacas de gran valor, con lo que la ganadería salvadoreña literalmente se fue al diablo.

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