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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El vigésimo quinto aniversario
del infame cuartelazo del 15 de octubre de 1979 ha destacado un tema de
vital importancia: la ruina de la agricultura nacional a causa de las
reformas decretadas en esas fechas, crisis que no se podrá superar
mientras se mantengan esas políticas. Contrario a lo que grupos
interesados sostienen, antes de 1980 la agricultura salvadoreña
era pujante y estaba en un proceso de tecnificación que superaba
al de los otros países centroamericanos.
Primero, El Salvador llegó a ser el tercer productor de café
del mundo.
En arroz no sólo éramos autosuficientes, sino que el país
exportaba grandes cantidades y vendía semilla de híbridos
desarrollados en la Hacienda El Nilo. El cultivo se derrumbó cuando
el gobierno impuso restricciones a la exportación.
El café salvadoreño tenía un gran mercado porque
era vendido por marcas, no a granel como sucedió después
de las reformas. Los exportadores gozaban de un alto crédito, ganado
a través de los años de cumplir con puntualidad sus compromisos.
De empresas solventes se pasó a las sinvergüenzadas de los
democristianos en el poder.
El algodón llegó a tener los más altos grados de
productividad del Hemisferio. Las haciendas eran visitadas a menudo por
agricultores de otros países, por ser ejemplo de excelente administración,
técnica, organización y eficiencia. Cualquiera puede contemplar
el desastre visitando el gigantesco matorral que es hoy en día
la hacienda modelo de entonces, La Carrera.
En la isla del Espíritu Santo, los Sol Millet desarrollaron una
industria de copra, extrayendo preciosos aceites que exportaban a diversos
mercados. Las plantaciones se expandían, beneficiando a los trabajadores
y las familias residentes en la isla. Hoy en día apenas se producen
cocos para beber el agua, y se bota lo que antes fue gran riqueza.
Se hartaban toros reproductores
Significativamente, El Salvador consumía más fertilizantes
que toda la región junta, indicando que se había pasado
de una agricultura extensiva, a una tecnificada. Cada vez más se
usaba maquinaria para las labores agrícolas, lo que a su vez requería
de personal técnico para los trabajos y su mantenimiento. En el
caso de La Carrera, los planteles eran una escuela superior de capacitación
de técnicos agrarios, administradores, biólogos y personal
de soporte de actividades conexas. La Carrera, como el resto de esas bien
organizadas propiedades, fue entregada a jornaleros, peones y campesinos,
que la saquearon y pronto la hicieron caer en bancarrota.
Las historias de éxito son incontables, las de empresarios agrícolas
y agricultores que dedicaban esfuerzo e inteligencia a bien trabajar sus
tierras. Para 1979, sin embargo, dan inicio invasiones de forajidos, que
destruyeron lo que encontraban. A ello se agregan los robos perpetrados
por los técnicos que efectuaron las tomas de tierras,
como el generalizado pillaje que tuvo lugar poco después de las
ocupaciones. La faceta más truculenta fue el destace de toros y
vacas de gran valor, con lo que la ganadería salvadoreña
literalmente se fue al diablo.

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