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Carlos
Llano
El Diario de Hoy
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Para dar un enfoque antropológico o humanístico al problema
de la productividad, pregúntese cuál es la finalidad que
persigue al trabajar.
Si pretendo que las personas trabajen más y mejor, debo saber antes
por qué trabajan, para descubrir si el fin por el que lo hacen
es lo suficientemente valioso para mejorar la calidad y cantidad del trabajo,
meta última de la productividad.
Podemos afirmar que el ser humano puede tener varios tipos de motivación.
La clasificación que expongo, está inspirada en las enseñanzas
de Juan Antonio Pérez López, profesor huésped del
Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa, IPADE.
Motivación extrínseca, relacionada con lo que el trabajador
puede obtener de los demás con su trabajo.
Motivación intrínseca, referente a lo que se obtiene en
sí del trabajo mismo.
Motivación transitiva, mira a lo que se puede aportar a los demás.
Motivación trascendente, es la actitud del líder para desarrollar
las potencialidades de los demás de clientes y subordinados.
La gente trabaja para subsistir. Pero, con facilidad, se pasa de la subsistencia
al rastreo de la superabundancia. Así, el salario nunca parece
suficiente.
En nuestro tiempo, muchas veces el concepto de bienestar no es otra cosa
sino la superabundancia de lo material.
Por eso, a veces la finalidad de quienes trabajan se reduce al amontonamiento
de lo superfluo, pues lo que los mueve y aquello por lo cual trabajan
es la ciega tendencia a tener más.
Por sorpresivo que parezca, lo superfluo no es la mejor razón para
buscar la productividad; es más, ni siquiera la aumenta, y lo que
es peor, la perjudica.
Sostengo esta tesis porque el bienestar de lo superficial es una motivación
extrínseca: lo que me motiva es algo distinto del trabajo, cuyo
disfrute me es posible sólo en la medida en que no esté
trabajando.
Se plantea entonces esta paradójica y embarazosa condición:
para disfrutar el bienestar que deseo, no debo trabajar, pero para gozar
de él, estoy constreñido al trabajo.
A este elemento se añade un segundo inconveniente. Si el trabajo
es ajeno a mí y sólo posee calidad para procurarse satisfactores
independientes de él, trabajo se convierte, en una carga que debo
soportar a fin de obtener lo que en verdad deseo.
Si queremos superar esta contradicción o pretendemos eludirla debemos
buscar motivaciones más altas, que rebasen el nivel del bienestar
superfluo.
Existe una motivación de carácter superior: el trabajo provee
el medio más propicio para desarrollar nuestras mejores capacidades,
ensanchar nuestros espacios de perfección humana y desplegar el
horizonte humano que tenemos por delante.

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