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| Lejano. Estos paquidermos son originarios de
los grandes ríos de África, y son animales violentos
por defender territorio. Foto EDH |
Jaime García
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Sólo un niño es capaz de
dejar la cama a las cuatro de la madrugada y emprender un largo camino
de cinco horas, desde La Unión, para ver por unos minutos a un
animal enjaulado.
Pero ayer, fueron miles de infantes y sus padres a los que no les importó
la distancia ni renunciar al descanso dominical para presenciar el bautismo
del hipopótamo.
Desde tempranas horas, los vecinos del zoológico
vieron interrumpida la tranquilidad de la zona por el rugir de los motores
de los buses interdepartamentales, que venían abarrotados de personas
cuyo fin común era de ver en primera fila a Gustavito.
Sin embargo, no fue tan fácil. Primero, tuvieron que hacer fila
para entrar en el recinto; luego, soportaron los empujones y la sofocación
de la muchedumbre para acercarse a la malla ciclón que les separaba
del animal, que se notaba estresado.
Tanto viaje y sólo el lomo le vi, dijo un hombre que
cargaba en sus hombros a uno de sus hijos.
Policías y niños exploradores se encargaban de que los visitantes
no se detuvieran por mucho tiempo frente a la jaula del paquidermo, para
evitar el tumulto.
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| Vistazo. Fue común ver a los pequeños
sentados en los hombros de sus padres para ver mejor.
Foto EDH |
Entre la muchedumbre sobresalía Nelson Alberto,
de 4 años, quien, armado con una cámara desechable, captaba
fotografías del animal.
Su presencia era más evidente, porque estaba sentado en los hombros
de su padre, también de nombre Nelson, quien mide 1.90 metros de
estatura.
Pero dentro de la alegría también hubo preocupación.
Muchos niños se extraviaron al tratar de apreciar mejor a Gustavito,
que se escondía en su pileta. Cuando el animal por fin salió,
todos gritaron y se apretujaron más.
Parecía como si la vida misma dependía de ver al nuevo inquilino
del Zoológico Nacional.