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Miles abarrotaron el zoológico para apreciar al nuevo inquilino

Entusiasmo. Una buena parte de los visitantes viajó desde el interior del país para la cita. Muchos niños se extraviaron

Publicada 25 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Lejano. Estos paquidermos son originarios de los grandes ríos de África, y son animales violentos por defender territorio. Foto EDH
Jaime García
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Sólo un niño es capaz de dejar la cama a las cuatro de la madrugada y emprender un largo camino de cinco horas, desde La Unión, para ver por unos minutos a un animal enjaulado.

Pero ayer, fueron miles de infantes y sus padres a los que no les importó la distancia ni renunciar al descanso dominical para presenciar el bautismo del hipopótamo.

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Desde tempranas horas, los vecinos del zoológico vieron interrumpida la tranquilidad de la zona por el rugir de los motores de los buses interdepartamentales, que venían abarrotados de personas cuyo fin común era de ver en primera fila a Gustavito.

Sin embargo, no fue tan fácil. Primero, tuvieron que hacer fila para entrar en el recinto; luego, soportaron los empujones y la sofocación de la muchedumbre para acercarse a la malla ciclón que les separaba del animal, que se notaba estresado.

“Tanto viaje y sólo el lomo le vi”, dijo un hombre que cargaba en sus hombros a uno de sus hijos.

Policías y niños exploradores se encargaban de que los visitantes no se detuvieran por mucho tiempo frente a la jaula del paquidermo, para evitar el tumulto.

Vistazo. Fue común ver a los pequeños sentados en los hombros de sus padres para ver mejor. Foto EDH

Entre la muchedumbre sobresalía Nelson Alberto, de 4 años, quien, armado con una cámara desechable, captaba fotografías del animal.

Su presencia era más evidente, porque estaba sentado en los hombros de su padre, también de nombre Nelson, quien mide 1.90 metros de estatura.

Pero dentro de la alegría también hubo preocupación. Muchos niños se extraviaron al tratar de apreciar mejor a Gustavito, que se escondía en su pileta. Cuando el animal por fin salió, todos gritaron y se apretujaron más.

Parecía como si la vida misma dependía de ver al nuevo inquilino del Zoológico Nacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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