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Los aprietos del turismo

Imagen. Que El Salvador deje la mejor estampa ante los visitantes es un enorme reto. Los empresarios denuncian poco apoyo financiero. Se espera que la ley llegue pronto para regular esta actividad, que se ha puesto de moda

Publicada 25 de octubre 2004, El Diario de Hoy


Ciro Granados
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Para comprender por qué el turismo salvadoreño no abandona la etapa de pañales para convertirse en un vigoroso actor del desarrollo nacional, es preciso entrar en un círculo vicioso que sólo la visión de país podrá romper.

Falta de imagen, altos costos en el alojamiento, carencia de oferta hotelera en muchos sitios de interés, una precaria seguridad en las carreteras y la escasez de centros de salud cercanos a muchos centros turísticos podrían ser considerados como los principales líos que afronta El Salvador.

Pero tal vez el más grande bloqueo al despegue de este rubro es el mental.
Así piensa el ministro de Turismo, Luis Cardenal. Para él, muchos salvadoreños creen que esta actividad sólo comprende el ocio, cuando se le debe ver como la industria más grande del mundo.

Los números de la confianza
A pesar de los múltiples bemoles por
los que pasa, este rubro de desarrollo
presenta cierta esperanza
- Entre enero y junio de 2004, la actividad turística dejó al país $207 millones, 6.8% más que lo obtenido durante el mismo período el año anterior.
- La proyección para este año es recaudar $389.3 millones.
- Según datos oficiales, 471 mil turistas ingresaron a El Salvador en el primer
semestre de 2004.
- Cada visitante gastó un promedio de 87 dólares diarios. El promedio de estadía se mantuvo en cinco días.

Abarca —añade— una cadena de servicios que va desde el aéreo hasta el que ofrece la señora que vende en el comedor del pueblo remoto donde llegan turistas.

“Hay que generar cultura turística; necesitamos creer en nosotros mismos, tenemos cosas que valen la pena”, indica el ministro.

Nuestro rostro

Algo fundamental para crecer en esta área es una buena imagen. Y Cardenal agrega que la promoción no sólo debe proceder del gobierno, también de los salvadoreños y, naturalmente, del turista satisfecho.

Pero para satisfacer al visitante, es preciso que se encadene la red. “No se trata sólo de tener lugares bonitos, también éstos deben ser accesibles, debe existir transporte, alojamiento... tiene que ser una experiencia grata”, advierte.

Para que esto se cumpla, hay que contar con algo básico: infraestructura, factor que en muchos lugares de El Salvador es deficiente.

¿Por qué hay pocos hoteles en algunos lugares atractivos? ¿Por qué en los sitios donde sí existen los costos son tan elevados? La palabra clave es dinero, inversión.

En nuestro país, la inversión turística es un tema que no termina de salir de la bruma. Y aquí se entra en el círculo vicioso. Sin turistas, no hay dinero. Y sin dinero no se puede invertir para dar algo mejor al visitante. Por otro lado, la falta de competidores es un mal histórico.

Además, desde el lado de los empresarios, existen obstáculos como la ausencia de financiamiento para sus proyectos y la inexistencia de un marco legal que regule su actividad.

Un turista no regresará si se va con la conciencia intranquila, porque fue a parar a un hotel que no mantenía estándares de excelencia, pero que le cobró como si fuera un cinco estrellas.

Por ejemplo, cuando un europeo afronta la decisión de visitar las playas de El Salvador, deberá marcar en su presupuesto entre 100 y 120 dólares diarios en concepto sólo de alojamiento en la Costa del Sol.

En la otra mano, tendrá posibilidades de pagar menos de la mitad de esa cantidad por quedarse en una playa de Costa Rica, donde, aparte de la habitación, tendrá derecho —por el mismo precio— a tomar los licores que desee y consumir alimentos hasta que le aguante el cuerpo.

Controles. La seguridad en las carreteras ha sido considerada como una de las principales acciones a tomar para favorecer el desarrollo turístico en el país. Foto EDH

Frente a la disyuntiva, la lógica se impone severa: el visitante se va a Costa Rica.
Aparte, la ausencia de servicios extra y los elevados precios del consumo en hoteles playeros es punto en contra.

Álvaro Cuéllar, presidente de la Asociación Salvadoreña de Operadores de Turismo (Asotur), recuerda cuando le invitaron a pasar un fin de semana en un hotel de la Costa del Sol. La cortesía era sólo para evitar el pago de la habitación. Se fue con su familia y la sorpresa llegó a la hora de almorzar: “El plato más barato costaba 14 dólares, y era un cuarto de pollo con arroz”.

Entre todos

Dentro del tema de la imagen hay un detalle que no puede pasar inadvertido. “La seguridad es importante, pero no insalvable —indica Cardenal—. Hay lugares que tienen este problema, pero hay otros que lo superaron”.

De los sitios con más líos, menciona ciertas zonas de Sonsonate y San Salvador; o lugares como los volcanes.

Pero también dice que hay otros que han superado el mal. Se refiere a la zona norte de Chalatenango, como La Palma, Citalá y San Ignacio, municipios donde los vecinos —por sentido común— se percataron de que el turismo es la industria que les hará prosperar. Entre todos, han unido esfuerzos para luchar contra la delincuencia.

Pero, aparte de la seguridad, la inversión en promoción turística es una acción insoslayable. Y volvemos a caer en que falta apoyo.

Costa Rica invierte cada año alrededor de 14 millones de dólares; Honduras tiene un fondo de nueve millones para promoción. Guatemala gasta de 11 a 13 millones, y en naciones como México, la cifra se dispara a 90 millones. ¿Y El Salvador? Cero.

La defensa

Cuando la mirada inquisitoria se posa sobre los empresarios del turismo, ellos se defienden. Y en esa defensa, el círculo vicioso regresa.

Para ofrecer bajos precios en las habitaciones, se necesita que las cifras de ocupación sean rentables. Si hay pocos turistas, los precios se mantendrán altos. Pero si estos precios están altos, los turistas tampoco llegarán.

¿Por qué el alto costo? Por falta de financiamiento y otros factores como las facturas de energía eléctrica. Así lo resume Carlos Delgado, presidente de la Cámara Salvadoreña de Turismo (Casatur) y empresario hotelero de la Costa del Sol.

En su club Joya del Pacífico, Delgado paga un promedio de 1,700 dólares en concepto de energía eléctrica por diez cabañas, se usen o no. Esto significa que por cada casita le cobran unos 170 dólares mensuales. Aparte, menciona, no hay agua potable y tiene que correr con los gastos.

“Para poder subsistir, hay que poner los precios un poco altos. Pero uno de los problemas más graves que tenemos es el financiamiento. El sistema bancario no cree en el turismo, no financia nada de nada. Mientras no exista apertura, será difícil desarrollar, sobre todo, las áreas rurales”, dice Delgado.

Costo-beneficio. Esta relación es una de las que más resienten los estudiosos del tema. Foto EDH

Para el empresario, es hasta ahora, con el gobierno del Presidente Antonio Saca, que se puede ver una luz de esperanza.

“Ha habido falta de voluntad política en el pasado, falta de visión”, argumenta Delgado.
Otra deficiencia que indican los empresarios es la ausencia de un marco legal.

De la ley en cuestión ya existe un anteproyecto que se espera reciba pronta atención de los legisladores.

Falta unidad

Jaime Álvarez, director gerente de la Corporación Salvadoreña de Turismo (Corsatur), considera que la apuesta por el rubro tiene que ser de país. Deben estar articulados todos los actores. El funcionario habla de unir esfuerzos en ministerios como Obras Públicas, Educación, Relaciones Exteriores, Hacienda y otros.

También hace un llamado a los empresarios: “Hay que comenzar a invertir ya; el empresario obtiene los beneficios; esto es una cadena amplia y creo que los actores no han entendido bien su rol. No hay unión del sector privado, porque turismo sí hay”.

A pesar de todas las deficiencias, empresarios, gobierno y operadores siguen creyendo en el rubro.

“El turismo es el futuro de El Salvador, porque genera empleos directos e indirectos”, resume Álvaro Cuéllar.

Los problemas de los expertos

Álvaro cuéllar
Presidente de la Asociación Salvadoreña de Operadores de Turismo
Piratería “Hay operadores de turismo piratas que nos hacen competencia desleal. La ventaja nuestra es la seguridad”.

Carlos delgado
Presidente de Casatur Hay que atreverse
“El Salvador es destino caro, pero vale la pena; preocupa la fuga de turistas salvadoreños. Un problema es que no hay financiamiento”.


Aquí sí importa el tamaño

Que El Salvador sea pequeño no debe ser considerado una desventaja, advierte Antonio Dahl, presidente de la Asociación de Hoteleros. Se basa en lo que hoy se ofrece a los visitantes: “Tours del día”.

La medida es simple: las personas se hospedan en San Salvador, pero cada día se les da una opción. Puede ser que un día visiten sitios arqueológicos, otro lo dediquen a recorrer una ciudad, el tercero esté destinado para las playas y un cuarto vayan a ver naturaleza.

¿Pero cómo van a preferir dejar de ir a Tikal, en Guatemala, por visitar el Tazumal o Joya de Cerén? Álvaro Cuéllar responde: “No sólo van a ver monumentos, se les explica la historia.

Si van a Joya de Cerén, se les dice que de tal o cual manera vivían los indígenas... que tenían la cocina fuera de las casas y cosas así...”. De esta forma, la visita no será aburrida.

Otro de los beneficios es que las distancias cortas evitan el tedio.

Tardarán una hora y cuarto en llegar a Suchitoto, media hora en ir al Puerto de La Libertad, unas tres en arribar a la playas de El Tamarindo y, si lo prefieren, pueden tomar el transporte y visitar la Costa del Sol y no tardarán más de hora y media en llegar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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