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Tema
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El poder de los ricos
Todos los multimillonarios tienen escaso poder sobre nosotros, comparado
con el inmenso poder que tienen los políticos y los burócratas.
Estos sí nos obligan constantemente a hacer cosas en contra de
nuestra voluntad
Publicada 25 de octubre 2004, El Diario de Hoy
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Walter
E. Williams*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Fairfax, Virginia. (AIPE).-
Los muy ricos no se merecen todo el alboroto que gira alrededor de ellos
en estas elecciones presidenciales. Según las más recientes
estadísticas del Departamento del Tesoro, el 1 por ciento tope
en ingresos son quienes ganan más de 300 mil dólares al
año. Un ingreso de 300 mil o 400 mil dólares al año
es impresionante, pero no necesariamente les coloca entre los ricos de
verdad, con fabulosos yates y aviones Gulfstream.
Los verdaderamente ricos son gente como Bill Gates (con una fortuna de
46 mil millones de dólares), Warren Buffett (43 mil millones) y
Paul Allen (21 mil millones). En total, hay unos 275 estadounidenses con
fortunas personales de más de mil millones de dólares. Tener
un par de millones no le consigue gran respeto entre los verdaderamente
ricos.
Quienes pertenecemos al 99% restante podemos ignorar a los muy ricos.
Nuestra atención la merecen otros temas, en lugar de que los políticos
distraigan nuestra atención diciendo que los muy ricos no están
pagando la parte que les corresponde en impuestos o que les han bajado
los impuestos. La razón por la cual podemos ignorar a los ricos
es que ellos tienen muy poco poder sobre nuestras vidas.
Inclusive si Gates, Buffett, Allen y los otros 272 súper millonarios
se pusieran de acuerdo, ¿a qué nos podrían obligar?
¿Acaso podrían arrebatarnos nuestras propiedades para proteger
animales en peligro de extinción? ¿Podrían obligarnos
a usar el cinturón de seguridad cuando manejamos nuestro automóvil?
¿Podrían someter a nuestros hijos a infames escuelas del
gobierno? ¿Podrían obligarnos a pertenecer a un muy poco
atractivo sistema de pensiones gubernamentales?
Todos los multimillonarios tienen escaso poder sobre nosotros, comparado
con el inmenso poder que tienen los políticos y los burócratas.
Estos sí nos obligan constantemente a hacer cosas en contra de
nuestra voluntad.
Claro que los muy ricos sí pueden lograr cierto poder sobre nosotros,
pero primero tienen que gastar fabulosas sumas de dinero convenciendo
a los políticos a que metan la mano en nuestros bolsillos. Los
ejecutivos ricos de las grandes corporaciones pueden utilizar dinero e
influencias para que los políticos manipulen el mercado a su favor,
como por ejemplo imponiendo cuotas y aranceles a la azúcar importada
de Centro América y del Caribe, de manera que los azucareros de
EE.UU. puedan cobrar precios altos y aumentar su fortuna.
Podemos tener la tentación de culpar a los ricos, pero no estoy
de acuerdo. Por ejemplo, Donald Trump casi logró que las autoridades
municipales sacaran a Vera Coking de su casa para que él pudiese
ampliar su casino en Atlantic City. Y si no hubiera sido por el Institute
for Justice, una fundación libertaria sin fines de lucro, lo hubiera
logrado. Si Donald Trump hubiera tratado él mismo de sacar a Vera
Coking de su casa, le hubieran arrestado. Evitó ese riesgo convenciendo
a los políticos y burócratas a que lo hicieran por él.
Y hay algo que yo todavía no logro entender. A los izquierdistas
sean políticos, profesores universitarios, activistas de
derechos humanos o líderes sindicales les encanta denigrar
a los ricos. Pero, al mismo tiempo, muchos de sus adorados héroes
son multimillonarios como John Kerry.
Si Kerry es electo Presidente de Estados Unidos, será el mandatario
más rico de la historia, y su vicepresidente, un abogado litigante
súper millonario. Los izquierdistas también idolatran a
los multimillonarios de Hollywood y a los demás miembros de la
industria del entretenimiento. Yo quisiera saber en qué se basa
la izquierda para aborrecer a ciertos millonarios mientras adoran a otros.
En cuanto a mí, yo no tengo nada contra los ricos. Me he pasado
la vida tratando de ser uno de ellos.
*Profesor de Economía de la Universidad
George Mason y académico asociado de Cato Institute. © www.aipenet.com

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