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La nota del
día
No incendien el rancho por matar garrapatas
Cuando los productores y en especial
los inversionistas son objeto de una presión fiscal desmedida,
o inclusive superior a la que hay en otras partes, un buen número
de ellos coge camino a países más amigables
Publicada 25 de octubre 2004, El Diario de Hoy
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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
¿Es más que justificado
ir tras los evasores de impuestos, especialmente en un momento en que
las obligaciones gubernamentales sobrepasan el ingreso fiscal. Mucho se
quiere y es deseable hacer en nuestra tierra, pero una cosa es lo que
aspiramos y otra la posibilidad: un país devastado por la agresión
comunista, el desgobierno de Duarte, catástrofes naturales, crisis
mundial y terremotos, caída de sus exportaciones y alza en los
precios de la energía, debe saber que sólo poco a poco,
a través del trabajo y la sensatez, podrá salir adelante.
Hay que ir con firmeza tras los evasores pero teniendo gran cuidado de
que por eliminar las garrapatas no coja fuego el rancho. Los extremos
de celo en fiscalizar a la gente llegan a ser el equivalente a nuevos
impuestos, los que, quiérase o no, termina pagando la totalidad
de habitantes de una nación.
Elevar impuestos y sobre todo seguir concentrando la recaudación
sobre el mismo grupo de contribuyentes, puede afectar negativamente las
ganancias de las empresas, los niveles generales de empleo y también
reducir los ingresos del fisco. Por ese motivo, como lo hemos dicho con
frecuencia, es que muchos gobiernos bajan impuestos para salir de una
crisis. Esa fue la política impulsada por Reagan en Estados Unidos
a principios de la década de los ochenta, echando adelante uno
de los períodos de prosperidad económica más largos
y estables de la historia contemporánea.
El proyecto de reforma fiscal presentado por el Ejecutivo a la Asamblea
se propone reducir la evasión e incorporar a los omisos al sistema
de tributación. Pero desafortunadamente contiene algunos errores
sustanciales y puede cometer graves injusticias, por lo que es deseable
que se analice muy a fondo, dejando para más adelante su aprobación.
Vayamos despacio porque tenemos prisa; las fallas pueden ocasionar
más perjuicio que los beneficios que se anticipan con la aprobación
de la ley.
Ciérrense los espacios a la discresionalidad
Una de las consecuencias puede ser la fuga de la inversión extranjera
y local. Cuando los productores y en especial los inversionistas son objeto
de una presión fiscal desmedida, o inclusive superior a la que
hay en otras partes, un buen número de ellos coge camino a países
más amigables. Las truculencias impositivas en varios países
europeos han provocado la salida de muchas industrias y capitales a las
naciones emergentes del Este europeo (Bielorrusia, Hungría, la
República Checa et alia) o China, donde se acoge con los brazos
abiertos a los inversionistas de todo el mundo. A China comunista,
que hoy en día es China capitalista regida por un neoliberalismo
socialista. El boom económico de Irlanda es resultado de
sus bajos impuestos, sus pocas pero sensatas regulaciones y sus políticas
favorables a los inversores.
Varias asociaciones y gremiales están analizando el proyecto, que
de entrada encuentran complejo, con disposiciones sorprendentes y mucho
espacio a la discresionalidad. Es inconveniente grabar los préstamos
que se suscriben en el exterior pues no sólo equivale a volver
al proteccionismo, sino que afecta la compra de bienes de capital. Otra,
que el fisco se queda con una parte de los seguros que se paguen por fallecidos
en accidentes laborales, y por las indemnizaciones a trabajadores. Otro
problema es un cierto olor a víscera.

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