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Un premio y un merecido homenaje

Además de su ideal unionista, don Napoleón, a quien conocimos y alternamos en este querido matutino desde nuestra temprana juventud, era un decidido defensor de nuestros recursos naturales.

Publicada 21 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Armando Rivera Bolaños*
El Diario de Hoy

marvingaleas@ yahoo.com.mx

En la mañana del viernes 24 de septiembre anterior, las autoridades de la Universidad Capitán General Gerardo Barrios, de mi cálida ciudad de San Miguel, presididas por el rector, ingeniero Raúl Rivas Quintanilla, me hicieron entrega, junto a otros concursantes, de un premio por la obra que titulé “La epopeya del gran coquimbo”, ganadora del certamen histórico que esa casa de estudios superiores promoviera a nivel nacional sobre la vida y obra del general Gerardo Barrios y en la cual se incluyen los principales actos de su fecunda administración en el campo legal, educativo, agrícola, militar y diplomático.

Asimismo, como un acto de justicia histórica, dejo en claro aspectos nuevos sobre la fementida crisis que el general Barrios tuviera con la Iglesia Católica como causa de su muerte, y dejo relatadas las principales acciones gubernativas de hombres preclaros de nuestro país, como Rafael Campo, Francisco Malespín, Francisco Dueñas y el mariscal Santiago González, como un esfuerzo por que las nuevas generaciones conozcan no sólo el entorno de aquellos tiempos en que la influencia del general Barrios se hizo sentir en las cosas del Estado salvadoreño, sino también aquellas obras de quienes antes y después de él también contribuyeron al desarrollo republicano y realizaron una amplia labor que marcara el paso hacia la modernización de El Salvador, a pesar de las condiciones poscoloniales que aún se dejaban transpirar en los primeros cincuenta o sesenta años de vida independiente y de la aparición indeseable a la causa unionista de posiciones encontradas en cuanto a la lucha partidista de liberales y conservadores.

Sin dejar en mengua el honor que se merece nuestro capitán general Barrios, quien sin duda debe haber sido, en realidad, el primer gobernante que hizo caminar el aparato estatal bajo normas traídas de Europa, en especial de Francia, modernizando y unificando el sistema jurídico por medio de un Código Civil todavía vigente, reformas tributarias, impulso al cultivo del café, profesionalización del ejército, habilitación a la navegación internacional de los puertos de Acajutla y Cutuco, creación de cuatro escuelas normales para la formación de maestros, bibliotecas, y muchas obras más, pero, sobre todo, recalcando sus múltiples esfuerzos por lograr la unión de las repúblicas del Istmo bajo la denominación de “Estados Unidos de Centroamérica” y que fuera su estandarte de lucha política e ideológica.

Después de los actos protocolarios, me correspondió decir unas cuantas referencias sobre mi ensayo y responder a ciertas preguntas del auditorio, momento crucial en el cual pedí a las autoridades de la Universidad Capitán General Gerardo Barrios, que, cuando se publique mi trabajo histórico, se respete mi voluntad de que en él aparezca mi dedicatoria del mismo a la memoria de don Napoleón Viera Altamirano, fundador y director de este apreciable matutino, cuyo lema fue y sigue siendo el de “hay que hacer un gran pueblo en Centroamérica”, que refleja con meridiana claridad la postura unionista de tan grande pensador e impulsor de nobles campañas, así como su creencia firme en un ideal que, de efectuarse en la realidad, nos convertiría en una región no sólo respetable, sino en un bloque nacional competitivo ante los nuevos retos que plantea el fenómeno socioeconómico de la globalización.

Además de su ideal unionista, don Napoleón, a quien conocimos y alternamos en este querido matutino desde nuestra temprana juventud, era un decidido defensor de nuestros recursos naturales, de lo que ahora llamamos ecosistema, promoviendo campañas sobre la reforestación, evitar el uso de las quemas de rastrojos, la conservación de los bosques salados y de tierra firme, en fin, manteniendo una permanente preocupación por todo lo bueno que representa la conservación del suelo y sus riquezas, hasta el grado de formar junto a otros hombres visionarios la asociación “Amigos de la Tierra”. En cuanto a su pensamiento fecundo, basta con recrearse en sus editoriales, con una verticalidad moral que ya desea- ríamos ver imitada en las nuevas generaciones de periodistas, sin omitir su genio literario, que dejó plasmado en sentidas y exquisitas poesías que publicara bajo el acápite de “Fuego de Guayacán”.

Por este ideal unionista, por este permanente esfuerzo por la agricultura y la conservación del medio ambiente, en suma, porque don Napoleón Viera Altamirano es una gloria en el campo periodístico continental, he creído justo y merecido dedicarle mi obra histórica, reiterando por este medio mi solicitud verbal de que esa dedicatoria aparezca en las ediciones de mi ensayo cuando lo publique aquella prestigiosa universidad de mi amada zona oriental, que lleva el nombre de Capitán General Gerardo Barrios.

* Abogado y Psicólogo

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