Marvin Galeas *
El Diario de Hoy
marvingaleas@ yahoo.com.mx
(Tercera
parte)
El combate en el cerro La Planta, de Jocoaitique, terminó casi
con las primeras luces del alba. Justamente al amanecer aparecieron los
helicópteros artillados para ametrallar los alrededores, mientras
las unidades guerrilleras se retiraban sin haber logrado el objetivo de
tomar las posiciones enemigas. A pocos kilómetros de la zona de
combate, en La Guacamaya, la Venceremos transmitía su programa
matutino.
Santiago daba a conocer el parte de guerra proveniente del puesto de mando:
En horas de la madrugada de este día, unidades guerrilleras
atacaron las posiciones del Ejército en las alturas estratégicas
de Jocoaitique. Hasta este momento se nos informa que el enemigo ha sufrido
numerosas bajas entre muertos y heridos. A mí me tocó
debutar esa misma mañana, leyendo un micronoticiero llamado Plomo
Informativo. Se trataba de un resumen que yo mismo había
redactado, momentos antes, con base en noticias sobre El Salvador que
daban a conocer emisoras internacionales de onda corta.
Casi cerca del mediodía comenzaron a desfilar frente a nuestro
campamento los camilleros, cargando a los combatientes heridos rumbo al
hospital guerrillero. Muchos quedaron muertos en las faldas de los cerros
donde se había combatido con fiereza. El Negro Williams
perdió a la mitad de sus hombres. Mientras que el pelotón
comandado por Ventura fue casi completamente aniquilado. Otras
unidades fueron seriamente diezmadas. El mismo Ventura, que
estaba entre los heridos de gravedad, murió posteriormente. ¿Qué
había pasado? Los cuadros que observé en el improvisado
hospital, esa misma tarde, me tocaron lo más profundo del alma.
Después supe que el Ejército había obtenido información
precisa sobre el ataque a La Planta. De manera que el elemento sorpresa,
tan vital para el éxito de cualquier operación militar,
se había roto. Los soldados colocaron colchones y materiales blandos
en los alrededores de todas las trincheras y casamatas. Por tal razón
las letales bombas de contacto de fabricación casera, tan importantes
en el asalto de posiciones enemigas, no estallaron. Y no sólo eso,
los soldados las recogieron y las lanzaron a los combatientes guerrilleros.
La operación fue un desastre.
El fracaso de Jocoaitique se sumó a las derrotas militares en San
Francisco Gotera, Usulután y otros puntos del país. Además
la realización de las elecciones había sido un serio revés
político para el FMLN y su aliado, el Frente Democrático
Revolucionario (FDR). Había una peligrosa sensación de desmoralización
en los campamentos guerrilleros. Fue por esos días cuando uno de
los líderes del FDR le reclamó a Joaquín Villalobos
por el fracaso de las operaciones militares. El problema es que
a nosotros nos toca, frente a los aliados internacionales, andar poniendo
la cara, le dijo. Y a nosotros, los muertos, le respondió
Joaquín.
Tras esos acontecimientos, la dirección del ERP comenzó
a abandonar el sueño de un final insurreccional al estilo sandinista
y comenzó a acariciar el sueño vietnamita de lograr derrotar
al enemigo en una batalla síntesis capaz de generar la desmoralización
completa de sus fuerzas. El ejército de Ho Chi Minh derrotó
a los franceses en la batalla de Dien Bien Phu, lo que provocó
el colapso total del ejército francés en Vietnam. De allí
la tesis de la batalla síntesis.
Había que moralizar a las fuerzas guerrilleras. Había que
recuperar el terreno perdido en la batalla política. Había
que obtener una gran victoria militar. Los principales comandantes del
ERP se reunieron en Managua (la mayoría salió de los frentes
de guerra) para planificar una de las más grandes operaciones bélicas
hasta ese momento concebidas: la campaña Comandante Gonzalo,
llamada así en homenaje a un jefe militar guerrillero de nombre
Francisco Martínez, muerto en los combates de Usulután del
28 de marzo.
Recuerdo que por esos días Jorge Meléndez (Jonás),
pasaba leyendo día y noche el clásico libro El arte
de la estrategia de la guerra, de Karl von Clausewitz. El plan consistía
en una serie de ataques en la zona nororiental del país. Pero la
operación principal consistía en mantener bajo asedio la
guarnición militar de Perquín, con el propósito de
atraer refuerzos militares terrestres o helitransportados y golpearlos
con contundencia hasta aniquilarlos. Los comandantes habían escogido
el terreno que mejor conocían y dominaban: el norte de Morazán.
A la vez concentraron las fuerzas del ERP que estaban dislocadas en todo
el país.
Se estaban aplicando casi como una receta los enunciados de Clausewitz:
el mejor terreno, los mejores hombres, concentración de volumen
de fuego, la sorpresa, el golpe al enemigo cuando éste está
en movimiento, es decir, cuando es más débil, pues no está
atrincherado.
La jefatura de la campaña quedó integrada de la siguiente
manera: Joaquín Villalobos, comandante en jefe; Jorge Meléndez,
primer jefe de las fuerzas; Juan Ramón Medrano, segundo jefe de
las fuerzas; Claudio Armijo, tercer jefe de las fuerzas; Ana Guadalupe
Martínez, jefe de milicias; Ana Sonia Medina, jefe de inteligencia,
y Mercedes Letona, encargada del Sistema Radio Venceremos, que además
de la emisora incluía un equipo de filmación y fotografía,
así como una sofisticada estructura de propaganda con presencia
en casi todas las capitales europeas, en algunas latinoamericanas y en
varias de Estados Unidos.
El invierno prometía ser copioso en uno de los más cruciales
años de la guerra. (Continuará).
*Columnista de El Diario de Hoy.