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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Con los comunistas o sin ellos es de
provecho para el país continuar examinando la problemática
general, ya sea en el marco de las mesas de concertación, como
en las instancias, foros y espacios que sean necesarios. Una de las facetas
esenciales de la vida en democracia es debatir y analizar planteamientos,
como irse por nuevos caminos, sabiendo que nunca se llega a soluciones
ni permanentes ni perfectas.
El debate, empero, debe reconocer que existen principios irrenunciables,
como asimismo aspiraciones que siempre serán válidas. No
pueden ni las personas de bien ni las sociedades pacíficas desconocer
la regla moral o lo que es decente y decoroso. No podemos renunciar a
nuestras libertades, a vivir bajo el Derecho, a esforzarnos para lograr
niveles cada vez superiores en lo cultural y en lo referente a la convivencia
armoniosa con nuestros semejantes.
El diálogo, la concertación, la búsqueda de un mejor
futuro sólo tienen sentido y se justifican, enmarcados en la moral,
la razón, lo decente y haciendo números, vale
decir asentados en la experiencia y lo que son las realidades de la vida
y del mundo. No hacerlo es pecar de truculento, inducir al error y propiciar
el desastre.
Tampoco tiene sentido seguir hablando cuando una de las partes, como los
efemelenistas, se cree poseedora de la verdad absoluta. El diálogo
de sordos es un ejercicio del cinismo, una burla a la sensatez y a lo
que diferencia al hombre de las bestias, que es precisamente lo racional.
Comunistas, talibanes, fanáticos y bandoleros nunca renuncian a
sus posturas aunque por conveniencia o estrategia cedan una posición.
Llegado el momento vuelven a la carga y hacen retroceder al conjunto de
participantes al punto de salida.
Criterio propio, no dogma impuesto
Las mesas de concertación son importantes y sin duda necesarias,
pero en ningún caso sus conclusiones obligan de manera inexorable
a la ciudadanía. Los que quedamos fuera y esos somos prácticamente
todos los pobladores, no renunciamos a nuestro derecho de opinar, discutir,
apoyar, criticar y espulgar cada planteamiento que se haga. Para eso existen
los medios de difusión, los foros, las asociaciones de diversa
índole, lo que se dice y piensa en sitios de trabajo, academias
y dentro de las propias casas de la gente.
No se trata, empero, de hablar por hablar. El derecho de hacerlo va aparejado
a la obligación de pensar con lógica, ser sensato y además
consecuente respecto a las razones de los otros. En eso hemos sido muy
cuidadosos en este periódico: mantenernos en el marco de la cordura,
estar con los pies en la tierra. No repetimos dogmas vacíos y siempre
rectificamos cuando se nos demuestra estar en un error. No intentamos
tapar el sol con un dedo, ni nos dejamos seducir por lo irrealizable o
disparatado.
Los pueblos nunca están a salvo de los traficantes de ilusiones,
como tampoco de los que hacen del odio y la envidia su mercancía
de cambio. En cuanto al FMLN, que se retiró aparatosamente de las
mesas de concertación, se tiene que recordar la advertencia de
un concejal de ese partido, el señor Roberto Hernández:
...lo que queremos es que los militantes tengan criterio propio
y no se dejen llevar por la difamación, la mentira y los chambres
que en este partido (FMLN) existen...

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