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| Las reformas agraria y de comercio exterior le
pusieron la cruz de la muerte a la agricultura de El Salvador. Si
no hubiera sido por esta reforma, el sector cafetalero habría
estado más fuerte para resistir los ciclos de bajos precios
por los que actualmente pasamos. Foto EDH |
Marvin Galeas
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Después de aquellos años
en los que la lucha armada parecía ser la solución a los
problemas del país, hubo un hombre que prefirió combatir
con ideales los momentos de caos que se desencadenaron posteriormente
al Golpe de Estado.
Estuvo ahí observando y en el momento justo, participó en
la reconstrucción de El Salvador, contribución que aún
continúa. Hoy, Miguel Ángel Salaverría enriquece
con sus recuerdos la historia nacional.
El actual presidente de la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma
(CEPA), Miguel Ángel Salaverría pertenece a una generación
de empresarios salvadoreños que, por su visión, a mediados
del siglo pasado fueron llamados los japoneses de Centroamérica.
¿Dónde estaba usted el 15 de octubre de 1979?
En San Salvador. Ese golpe fue una vía cantada. Hasta el mismo
general Carlos Humberto Romero sabía que iba a haber un golpe.
Lo sabía por comentarios del embajador de los Estados Unidos. Era
una confabulación internacional que pretendía golpear tanto
a la Fuerza Armada como a la gran empresa privada, para supuestamente
abrir camino a la democracia. Pero la verdad es que abrieron un camino
a la izquierda violenta, la demagogia y la intranquilidad.
También la situación se le había complicado al general
Romero
Sí. Creo que él pensaba que tratar de quedarse habría
significado mucho derramamiento de sangre. Entonces él optó
por salirse voluntariamente porque no tenía el apoyo de los Estados
Unidos. Eran los tiempos de Jimmy Carter quien había entregado
a Nicaragua, Irán y Etiopía, a nuevas dictaduras.
| Perfil |
De
empleado de la empresa TACA, pasó a convertirse en gerente
general de Prieto S.A., la comercializadora de café más
importante del país hasta antes de 1980.
Sus intereses en la venta del café y en el sector bancario,
hicieron que las llamadas reformas estructurales de la
junta golpista, los afectaran de triple manera.
Producto de esas reformas, Miguel Ángel Salaverría perdió
de un solo plumazo, el 82% de su patrimonio familiar.
A 25 años de aquellos sucesos que sumergieron al país
en la peor crisis de la historia, Miguel Ángel Salaverría
recuerda y analiza los hechos |
¿En esa época usted desempeñaba
algún cargo en el gobierno o estaba solamente en el sector privado?
Totalmente en el sector privado. Además era vicepresidente
de la Asociación de Beneficiadores y Exportadores de Café.
Mi principal actividad empresarial era la exportación de café.
Yo desempeñaba el cargo de gerente general de Prieto S.A. En ese
momento era la principal compañía exportadora de café.
Movíamos medio millón de quintales al año.
¿Eran buenos los precios del café en el mercado internacional?
Relativamente buenos: arriba de 100 dólares el saco. Habíamos
visto en ese período, precios que llegaron cerca de los 500 dólares
por saco. Los exportadores de El Salvador se habían posicionado
en el mercado internacional, como los mejores de todos los países.
Teníamos una credibilidad extraordinaria. Las marcas cafeteras
de El Salvador eran vendibles y apetecibles en todos los mercados del
mundo.
Entiendo que por esa época, usted también tenía intereses
en la Banca
Sí. En los años sesenta, con algunos amigos, Roberto Hill,
Julio Salaverría y Ramón Ávila fundamos la Financiera
de la Pequeña Empresa. Posteriormente con un crédito de
la AID, fundamos la Financiera de Desarrollo. Esta última constituyó
un verdadero éxito. Fue la primera banca de desarrollo. Tuvo mucho
mérito Roberto Hill, quien fue mi socio durante 38 años.
En los setenta, con el mismo grupo, fundamos el Banco Cuscatlán.
¿En el momento del golpe, usted estaba vinculado al Banco Cuscatlán?
Estaba vinculado con la Financiera de Desarrollo y era presidente de CRECE,
una Asociación de Ahorro y Préstamo. La familia de mi esposa
estaba en la producción y exportación de café. Cuando
yo comencé a trabajar con mi suegro, el negocio de beneficiado
era muy pequeño: hacíamos tres mil 500 sacos. En 20 años
llegamos a 350 mil sacos.
De manera que las reformas de los golpistas, estatización de la
banca, el comercio exterior y la reforma agraria, le afectaron a usted
de diversas maneras.
Yo estaba en el negocio de exportación de café y nuestra
empresa había llegado a ser sumamente exitosa. Cubríamos
toda la República, y en el exterior teníamos una reputación
número uno. Don Federico García Prieto, mi suegro, instituyó
por primera vez la repartición del 35% de las utilidades de la
empresa entre los trabajadores. Recuerdo que hubo un año que les
tocó a los trabajadores, alrededor de ocho sueldos en diciembre.
El personal veía a la empresa como propia. Trabajaban duro. Las
reformas acabaron con eso. Nos despojaron del derecho de comerciar el
café en el exterior. Fundaron entonces el llamado Instituto Nacional
del Café, Incafé, que era la entidad oficial autorizada
para exportar el café. A nosotros nos convirtieron en simples maquiladores.
¿No había posibilidad de discutir precios?
No. Le aseguro que el Incafé le hizo más daño a la
caficultura de El Salvador que la misma guerra. La Reforma agraria también
hizo un gran daño porque alguna de las propiedades cafetaleras
se convirtieron en cooperativas que nunca fueron trabajadas con eficiencia.
La Reforma agraria y la reforma de Comercio Exterior le pusieron la cruz
de la muerte a la agricultura de El Salvador. Si no hubiera sido por esta
reforma, el sector cafetalero habría estado más fuerte para
resistir los ciclos de bajos precios por los que actualmente pasamos.
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¿Cómo le afectó la estatización
de la banca?
Nos quitaron las acciones. Nuestro grupo, que era visionario, estaba pensando
en turismo. Había comprado la isla de Coatepeque al crédito
y teníamos otro proyecto de desarrollo en Acajutla. Nos quitaron
los bonos que supuestamente dábamos como garantía. Esos
bonos ganaban el 6% y nosotros por el crédito estábamos
pagando el 22%, entonces al final de los cinco años, todo este
6% se había ido en pagar los intereses. Lo que hice fue vender
todo lo que pude vender, limpié la mesa y me quedé sin deber
nada.
¿El gobierno les pagó a ustedes, por las acciones bancarias,
el precio valuado?
Al grupo nuestro no, porque los bonos quedaron de garantía por
los créditos que teníamos con otros bancos.
¿Cómo vivió usted el 6 de marzo que nacionalizaron
la banca?
Yo estaba en Nueva York atendiendo cuestiones del negocio del café
y allá me avisaron. En ese entonces estaba de presidente de CRECE
y mi hijo era el gerente. Ese día citaron a todos los presidentes
de los bancos, de las Asociaciones de Ahorro y Préstamo y de las
Financieras, a Casa Presidencial, a las ocho de la mañana. Allí
concurrió mi hijo como gerente de CRECE y todos los presidentes.
Los sentaron en un salón. Simultáneamente a eso de las nueve
empezaron a llegar camiones con soldados y guardias, a tomarse las oficinas
de los bancos y de las Asociaciones de Préstamo, y no es que llegaran
dando muestras de cortesía, sino a ordenarles a los empleados que
se tiraran al suelo. En ese momento, en Casa Presidencial, avisaron y
les comunicaron a los presidentes y a los gerentes que habían sido
intervenidos. Les dijeron que la ley que estaba saliendo en vigencia,
eliminaba a todos los presidentes y a todas las juntas directivas bancarias.
Los sacaban a todos de los edificios, pero obligaban a los gerentes a
quedarse, para asegurarse de la continuidad del funcionamiento de las
empresas.
¿Cuánto perdió usted en su patrimonio familiar?
Perdí el 82 por ciento de mi patrimonio, producto de unos 40 años
de mucho trabajo.
¿Cómo reaccionó usted?
Estaba ese día, como le decía en Nueva York. Me puse a pensar
que aquello era demasiado grotesco para que pudiese durar mucho tiempo.
Yo pensaba que tenían que ocurrir medidas rectificadoras. Me quedé
una semana meditando y sin hablar con nadie.
Poco después, algunos de mis amigos dijeron: vamos a pelear
contra esto y se volvieron como dicen algunos, casi guerrilleros.
¿Y usted?
Decidí no pelear, sino estudiar la forma de hacer volver las cosas
a su correcto cauce. No iba a pelear contra un ejército o contra
el gobierno. Había perdido lo material, pero tenía la vida
que es lo más valioso. Yo nací sin nada. Todo lo había
hecho a fuerza de mi trabajo. Pensé que tenía que rehacer
mi vida.
¿De que forma realizó ese estudio?
La Agencia Interamericana para el Desarrollo me contrató. Yo
a la vez contraté al doctor Alfonso Rochac, y al doctor José
Leandro Echeverría para que me ayudaran a realizar este estudio.
Esos tres años que trabajé con ellos fueron como una universidad.
¿Cómo funcionaba la banca estatizada?
En primer lugar la banca se dedicó a dar créditos políticos
a los amigos y simpatizantes. Muchos de esos créditos nunca se
pagaron. Mucha gente cercana al poder sacaba créditos sabiendo
que nunca los iban a pagar. Eso era un robo. Y sin embargo, a la gente
que trabajábamos y a los sectores productivos no nos daban créditos.
Pareciera, a juzgar por los discursos de algunos, que hay fuerzas ansiosas
de repetir esas experiencias
Hay fuerzas que quisieran volver a esas andadas. Tenemos que defender
al país y al sistema democrático y de libre empresa y no
volver a caer en esa triste situación.