Carlos Adalberto Fonseca*
El Diario de Hoy
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El
Estado es un ente sujeto a derechos por excelencia. Y todos sus habitantes,
nacionales o no, están obligados vinculados por una
serie de derechos y deberes recíprocos, determinados por el poder
supremo del Estado, que está revestido de soberanía (suprema
potestad). O sea que no es tal si le falta SOBERANÍA.
Viene al caso la anterior referencia, pues en nuestro país estamos
viviendo un período en el que duele decirlo parece
que el principio de autoridad se está perdiendo, y si no actúa
en forma pronta y enérgica el Gobierno, vendrán el caos
y el desorden total.
Falta una acción decidida que imponga el cumplimiento de nuestras
leyes, porque el abuso, el desorden, la vulgaridad, la insolencia se han
enseñoreado por doquier. Y para muestra bastan algunos botones:
1º) Los buseros, camioneros, taxistas y demás son árbitros
indiscutibles y dueños de las vías públicas; corren
desaforadamente, a sabiendas de que nada arriesgan, pues el vehículo
que conducen no es de su propiedad, y además andan seguros de que
nada les pasará por el tamaño; esparciendo también
humo sin ningún miramiento. Por otra parte, piden les perdonen
las multas por infracciones.
Asimismo, los empresarios, dueños de las unidades, ponen las tarifas
que quieren, argumentando el alza de los precios de los repuestos y combustibles,
haciendo creer que no obtienen ganancias. Lo cual no es del todo cierto,
pues imaginan que el pueblo ha olvidado que uno de los grandes negocios
de este país ha sido y sigue siendo el del transporte colectivo,
en cuyo comercio todo es al riguroso contado, lo que les ha convertido
en adinerados y políticamente poderosos. Sólo que los pobres
trabajadores y empleados sujetos a un salario fijo sufran el aumento.
2º) Las turbas desenfrenadas que por cualquier sinrazón obstaculizan
el paso de vehículos y peatones, que nada tienen que ver con el
artificial problema que dicen los motiva; manchan, ensucian y destruyen
la propiedad privada. Tenemos la impresión de que las otras personas,
según parece, en esta tierra no tienen ningún derecho.
3º) Pululan por doquier vendedores de artículos de dudosa procedencia,
haciendo sus negocios sin que nadie se los impida.
4º) San Salvador, en particular, y todas las ciudades del país
en general, son mercados al aire libre: las vendedoras con sus canastos,
matatas y cajones, impiden la circulación a personas y vehículos.
Y al lado de las ventas, comen, duermen, hacen sus necesidades fisiológicas...
En otras palabras allí viven, creando focos de suciedad, enfermedades
y desórdenes de toda naturaleza; argumentando a favor de su mal
proceder, con desprecio a la ley y ordenanzas municipales, que así
se ganan la vida y sostienen económicamente sus hogares.
Argumento que también podrían aducir otros que están
fuera y violan la ley; observando que aquí, en particular en nuestra
ciudad capital, los últimamente referidos problemas se agigantan.
Pues el Concejo los elude, y con artificios leguleyescos se lavan las
manos, por supuesto apoyados en la razón de no perder votos en
las elecciones.
Siendo por otra parte, una de las causas del desorden imperante en nuestra
ciudad, el que el jefe del concejo de San Salvador, cuando allá
en lontananza vislumbra la venida de un problema, se dedica a viajar y
así deja que los otros ediles lo afronten.
Creemos que ya es hora de poner fin a todos los anteriores citados abusos.
Democracia no es permitir tales desmanes. Y libertad no es sinónimo
de libertinaje. De tal manera que debe el Gobierno ser fiel con el juramento
que protestaron los funcionarios y empleados al tomar posesión
de sus cargos, de cumplir y hacer cumplir la Constitución y demás
leyes secundarias.
*Lic. en Filosofía y Dr. en Derecho.