 |
| Ante todos. Las autoridades costarricenses permitieron
que las televisoras transmitieran, en directo, la captura del famoso
político de su país.Fotos EDH
/ AP |
San José /Ap Redacción
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El ex secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA)
y ex presidente costarricense Miguel Ángel Rodríguez llegó
ayer a su país, donde fue esposado y trasladado en un vehículo
policial sin ventanas hasta la sede de la Fiscalía para prestar
declaración sobre presuntos actos de corrupción durante
su gobierno.
Rodríguez dejó su asiento en la primera clase vestido con
un traje entero y bajó del avión acompañado de varios
agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), que subieron
a la aeronave para recibirlo y colocarle las esposas.
Varios de los pasajeros que lo acompañaban dijeron que estuvo callado
durante todo el viaje, leyendo de cuando en cuando un libro. Algunos pudieron
observar cuando era esposado.
El fotoperiodista de EL DIARIO DE HOY, Gustavo Marín, viajó
ayer desde El Salvador hasta Costa Rica, en el mismo avión en que
lo hizo Rodríguez.
Aquí hizo una escala de algunos minutos después de llegar
de Washington en un aeronave de TACA y dijo a periodistas salvadoreños
que estaba en paz con Dios (Ver nota aparte).
El ex mandatario (1998-2002) deberá responder ante los fiscales
por enriquecimiento ilícito, cohecho (recibo de dádivas
por parte de un funcionario público) y corrupción agravada.
A sus 64 años, Rodríguez es el primer ex gobernante costarricense
que sufre un proceso de detención por actos de corrupción,
los mismos que provocaron su renuncia a la secretaría de la OEA.
Salió de Washington en un vuelo comercial y en la terminal aérea
costarricense lo esperaban gran cantidad de medios de comunicación
y curiosos, así como numerosos policías. Algunas personas
portaban pancartas que decían no a la corrupción
o enséñeme a robar.
Antes de introducirlo en un carro tipo perrera, al ex presidente
le quitaron las esposas. Lucía calmado, serio y no dirigió
su mirada hacia las cámaras.
A su ingreso al llamado Circuito Judicial, la gente llenó
las calles, lo abucheó y le gritó improperios.
A la cárcel los ladrones vociferaban en las afueras
algunos de los hombres, mujeres e incluso niños que llegaron al
lugar, ubicado en el centro de la capital.
No se permitió el acceso de la prensa a las celdas donde pasó
la noche.

|