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| Otra vez. Víctor Merino Dubón,
volante de El Salvador, dispara ante la marca de Zaidie (8) y Withmore,de
Jamaica. El Pega volvió a lucirse, pero no alcanzó
para sacar la victoria. Foto EDH |
Redacción deportes
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Si va a
morir, que en términos futbolísticos significa la eliminación
del Mundial de fútbol de Alemania 2006, será recién
dentro de un mes, cuando el 17 de noviembre enfrente a Panamá en
su último juego en esta fase.
No hay que engañarse, El Salvador no llegó a Jamaica a buscar
la victoria que lo pusiera segundo en el Grupo A.
No, vino por su redención. Quería respeto, llevarse algo
de donde últimamente sólo había recibido disgustos
y humillaciones. Y lo consiguió.
Por eso cuando el tico Walter Quesada pitó el final, Contreras
Palma, quien siguió los últimos minutos al borde de la línea
de cal, explotó de alegría.
Cerró fuerte sus puños, dio un salto y dejó escapar
un Vamos
. A su lado, El Zarco Rodríguez y Ronald
Cerritos, quienes ya se habían quedado sin uñas para morder
y celebraban cada rechazo defensivo de Prado o Velásquez como si
fuera un gol, salieron detrás del técnico a abrazar a sus
compañeros.
El Salvador salió claramente a buscar el empate, a jugar con la
desesperación de Jamaica. Y el esquema cauteloso le funcionó
la mayor parte del tiempo. Tuvo que sufrir, como todo equipo que decide
entregarle el campo y el balón al adversario.
La primera en serio fue un remate de Ricardo Fuller al 45 que se
estrelló en el palo cuando ya había superado la estirada
de Misael. La última, al 92, cuando Santos Rivera que
ingresó en el arranque de la segunda etapa por Alfaro, quien se
quebró la clavícula y tuvo que salir tapó un
tiro de Johnson que luego desvió el vertical.
Con pundonor
Otra prueba de que la prioridad era salvar el honor y salir a ganar fue
el planteamiento táctico.
Una defensa con tres, pero que por momentos era de cinco, como cuando
retrocedían los carrileros Marvin Benítez y Deris Umanzor.
Y un mediocampo más poblado que la Ciudad de México, porque
además de Alas, Rodríguez y Merino Dubón, se atrasaba
Cerritos para poder tener contacto con el balón.
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| Sin miedo. El lateral salvadoreño Deris
Umanzor intenta superar al jamaiquino Damani Ralph.
Foto EDH |
El único que le dio algo de claridad fue el volante
de Luis Ángel Firpo, quien volvió a hacer gala de recursos
que casi ya no se ven: regates, amagues y pausa. Sin embargo, al igual
que en el partido contra Estados Unidos, le faltó profundidad.
A medida que corrían los minutos y Jamaica se consumía en
su impotencia, la línea de fondo fue encontrando la solvencia que
necesitaba.
El primero en ese rubro fue Santos Noel Rivera, que tapó no menos
de cuatro situaciones claras de gol. Dos a Damon King, una Williams y
otra a Jhonson. Entonces apareció la cabeza de Velásquez,
siempre estuvo mejor colocada que la de los caribeños, el temple
de Tobar y el coraje de Prado.
Arriba había poco que hacer. Fredy González Víchez
estuvo más solo que Tom Hanks en la película Náufrago.
El equipo estaba demasiado ocupado en tapar espacios y
cerrarle el camino a su rival, que cuando recuperaba la pelota lanzaba
pelotazos hacia el delantero del Águila.
Pero éste siempre recibía de espaldas, y con dos o tres
defensores que siempre le ganaron. Así era imposible ganar, salvo
que alguna jugada de pelota parada cambiara el destino.
No se ganó. Pero tampoco se perdió, lo cual mantiene viva
las esperanzas. Por eso la celebración de todos en el camerín
tras el empate. Ahora sí no hay alternativas. Se necesita ganar
en Panamá y rezar para que Jamaica no sume ante Estados Unidos
en Ohio. Hay que ir por la hazaña en el Rommel Fernández.
Ahora, con un equipo salvadoreño fortalecido anímicamente
y con los panameños destrozados por la goleada en Washington, la
misión ya no parece tan imposible. Sólo es cuestión
de ser optimistas.