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Aún hay vida

La selecta ya no necesita el respirador artificial, pero aún no deja la sala de cuidados intensivos. Tras el tratamiento del Dr. Contreras Palma, mostró que sus signos vitales aún responden


Publicada 14 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Otra vez. Víctor Merino Dubón, volante de El Salvador, dispara ante la marca de Zaidie (8) y Withmore,de Jamaica. “El Pega” volvió a lucirse, pero no alcanzó para sacar la victoria. Foto EDH


Redacción deportes
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Si va a morir, que en términos futbolísticos significa la eliminación del Mundial de fútbol de Alemania 2006, será recién dentro de un mes, cuando el 17 de noviembre enfrente a Panamá en su último juego en esta fase.

No hay que engañarse, El Salvador no llegó a Jamaica a buscar la victoria que lo pusiera segundo en el Grupo A.

No, vino por su redención. Quería respeto, llevarse algo de donde últimamente sólo había recibido disgustos y humillaciones. Y lo consiguió.

Por eso cuando el tico Walter Quesada pitó el final, Contreras Palma, quien siguió los últimos minutos al borde de la línea de cal, explotó de alegría.

Cerró fuerte sus puños, dio un salto y dejó escapar un “Vamos…”. A su lado, El Zarco Rodríguez y Ronald Cerritos, quienes ya se habían quedado sin uñas para morder y celebraban cada rechazo defensivo de Prado o Velásquez como si fuera un gol, salieron detrás del técnico a abrazar a sus compañeros.

El Salvador salió claramente a buscar el empate, a jugar con la desesperación de Jamaica. Y el esquema cauteloso le funcionó la mayor parte del tiempo. Tuvo que sufrir, como todo equipo que decide entregarle el campo y el balón al adversario.

La primera en serio fue un remate de Ricardo Fuller al 45’ que se estrelló en el palo cuando ya había superado la estirada de Misael. La última, al 92’, cuando Santos Rivera —que ingresó en el arranque de la segunda etapa por Alfaro, quien se quebró la clavícula y tuvo que salir— tapó un tiro de Johnson que luego desvió el vertical.

Con pundonor

Otra prueba de que la prioridad era salvar el honor y salir a ganar fue el planteamiento táctico.

Una defensa con tres, pero que por momentos era de cinco, como cuando retrocedían los carrileros Marvin Benítez y Deris Umanzor. Y un mediocampo más poblado que la Ciudad de México, porque además de Alas, Rodríguez y Merino Dubón, se atrasaba Cerritos para poder tener contacto con el balón.

Sin miedo. El lateral salvadoreño Deris Umanzor intenta superar al jamaiquino Damani Ralph. Foto EDH

El único que le dio algo de claridad fue el volante de Luis Ángel Firpo, quien volvió a hacer gala de recursos que casi ya no se ven: regates, amagues y pausa. Sin embargo, al igual que en el partido contra Estados Unidos, le faltó profundidad.

A medida que corrían los minutos y Jamaica se consumía en su impotencia, la línea de fondo fue encontrando la solvencia que necesitaba.

El primero en ese rubro fue Santos Noel Rivera, que tapó no menos de cuatro situaciones claras de gol. Dos a Damon King, una Williams y otra a Jhonson. Entonces apareció la cabeza de Velásquez, siempre estuvo mejor colocada que la de los caribeños, el temple de Tobar y el coraje de Prado.

Arriba había poco que hacer. Fredy González Víchez estuvo más solo que Tom Hanks en la película Náufrago.

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El equipo estaba demasiado ocupado en tapar espacios y cerrarle el camino a su rival, que cuando recuperaba la pelota lanzaba pelotazos hacia el delantero del Águila.

Pero éste siempre recibía de espaldas, y con dos o tres defensores que siempre le ganaron. Así era imposible ganar, salvo que alguna jugada de pelota parada cambiara el destino.

No se ganó. Pero tampoco se perdió, lo cual mantiene viva las esperanzas. Por eso la celebración de todos en el camerín tras el empate. Ahora sí no hay alternativas. Se necesita ganar en Panamá y rezar para que Jamaica no sume ante Estados Unidos en Ohio. Hay que ir por la hazaña en el Rommel Fernández.

Ahora, con un equipo salvadoreño fortalecido anímicamente y con los panameños destrozados por la goleada en Washington, la misión ya no parece tan imposible. Sólo es cuestión de ser optimistas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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