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Rocola, la caja que sigue sonando

Música viejita y muy moderna se obtiene al echar una moneda

Publicada 13 de octubre 2004, El Diario de Hoy



Carolina Trujillo
El Diario de Hoy
ctrujillo@elsalvador.com


Tres minutos por $0.25 cuesta escuchar, en lugares muy populares del centro de San Salvador, una ranchera interpretada por Vicente Fernández o una balada de Luis Miguel.

No crea que se trata de una venta de CD o vídeos musicales pirata, sino de una caja de metal que hace tiempo vino desde Europa.

Las rocolas o cinqueras son –a falta de grupos en vivo– la alternativa de diversión para quienes frecuentan los bares y restaurantes que están alrededor del edificio de la Lotería Nacional.

Las primeras máquinas utilizaban discos de acetato. Eran cajas grandes de madera forradas de plástico en tonos fuertes.

Fue a través de éstas que algunos artistas se dieron a conocer en el país.
Para 1965 se comenzó a escuchar a los europeos Muddy Waters, Bo Diddley, Chuck Berry y Ray Charles.

Al principio sólo traían música en inglés, debido a que las cinqueras se fabricaban únicamente en Europa, por lo que los discos que introducían eran los hechos en esa región.

Más modernas

Las máquinas se fueron expandiendo. Su uso se volvió cotidiano. Hasta hace algunos años tenían capacidad para albergar a 45 discos.

La tecnología permite que los clientes ya puedan escoger entre una variedad de compactos de artistas tan veteranos como el desaparecido Pedro Infante hasta el novato David Bisbal.
Lo anterior ha significado un incremento en el precio de una rocola de más de mil dólares. Así, las de acetato valen $4,000 y las de disco láser $6,000.

En el país existen dos empresas que se encargan de distribuir esos aparatos. Sus dueños no quisieron que se revelara el nombre de éstas.

Su aceptación


No a todos los que residen en San Salvador les agrada las “cajas de música”. Quienes viven cerca de los negocios de bebidas y comidas las tildan como un objeto “muy desagradable”, debido al ruido que generan.

La capital. Por $0.25 escucha a su cantante favorito. Foto EDH

Y es que se hayan en las cercanías del Centro de Gobierno, en los negocios ubicados en la Alameda Juan Pablo II y en los alrededores del Parque Libertad. También hay en algunos locales a la orilla de la playa de Apulo, Ilopango y Joya Grande, Santiago Texacuangos.

En un restaurante de comida rápida en el Bulevar Los Próceres se encuentra una, pero es de adorno, ya que tiene varios años sin funcionar. ¡Suerte para los vecinos!

La alcaldía capitalina no quiso proporcionar el número exacto de rocolas que tiene registrado. Se calcula que son como 90.

Sólo en el distrito 2 se han autorizado 12 que están esparcidas por los locales de la Colonia Miramonte. En le resto de distritos se maneja similar cifra de licencias concedidas.

Cinqueras con vídeos

Las rocolas más actuales que existen tienen incorporadas pantallas en las que se puede visualizar el vídeo de la canción que está sonando.
Aunque estos formatos aún no han llegado al país, en Europa y Estados Unidos ya los utilizan.

El sistema de uso es mucho más práctico y sencillo a las antiguas. Basta con apretar un botón y seguir los pasos que a través de la pantalla se van indicando.

El sonido es estéreo. La selección puede hacerse por el nombre de la canción o del autor.
Algunos de los nuevos aparatos incluyen videojuegos, enlaces de compras de los discos y hasta un quemador de CD para tener una copia en el momento.

La capacidad de almacenamiento de las cinqueras modernas es de 300 discos, incluyendo su vídeo. Éstas poseen la cualidad de adaptarse al televisor. La calidad del sonido y la imagen se mantiene.

El costo de una rocola digital va desde $35,000 a $70,000, de acuerdo al tamaño y la marca.
La compra se puede realizar a través de la Internet, puede hacerlo con la ayuda del buscador Google y digitando la palabra rocola.


La regulación
El reglamento para su uso especifica que el volumen es de 50 a 60 decibeles.
Según miembros del CAM –que no quisieron identificarse–, la mayoría de dueños de negocios excede el nivel aprobado y es cuando los vecinos comienzan a quejarse.
Extendido el permiso, no se puede revocar, a no ser que los afectados envíen una carta a la alcaldía solicitándolo, la cual debe poseer un mínimo de 300 firmas.
El CAM debe estar pendiente de que no incumplan la normativa, pues eso amerita el decomiso de los aparatos y una multa de $60 a $110.
“El que incumpla las regulaciones establecidas al control de ruidos sonoros, será sancionado”, establece el Art. 18 de la ordenanza de contravenciones del municipio de San Salvador.




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