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Carrera espiritual

Mensajeros de la Jornada de Paz y Dignidad de los pueblos indígenas atravesaron corriendo el país rumbo a Panamá. Su objetivo: unificar a la América indígena

Publicada 13 de octubre 2004, El Diario de Hoy

En Cacaopera Se presentaron ante el pueblo, en la plaza principal. Fotos EDH/ Herbert Saravia



Morena Azucena/ Rosemarié Mixco
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com


La mañana del 7 de octubre, María Esparza corrió desde un tramo de la Ruta Militar, que inicia en San Miguel, hasta San Francisco Gotera, Morazán. Ella, que es de origen chicano, se expuso al tráfico y al calor inclemente del oriente de El Salvador.

Mientras avanzaba, tuvo dos pensamientos recurrentes: los ojos de los niños indígenas y la madre tierra. “Cuando corro, trato de no pensar en mi vida. Pienso en la tierra que voy pisando con amor y respeto. Y cuando me canso pienso en los ojos de los niños y allí voy, con fuerzas”, dijo luego de haber llegado hasta Cacaopera, su destino temporal.

María no es la única que corrió hasta el oriente del país. Junto a ella iba una delegación de al menos 20 indígenas que participan en la Jornada de Paz y Dignidad 2004.

La carrera, que empezó en mayo –en Alaska, Estados Unidos y en la Tierra del Fuego, en Argentina– y terminará el 27 de octubre en Panamá, tiene un carácter espiritual que cumple con la profecía dejada por los tatas (ancestros): el encuentro de las etnias del norte y el sur, la unión del águila y el cóndor.

“Esta es una misión dejada a estas generaciones para seguir el camino que los abuelos habían empezado”, explicó Felipe Martínez, de Jalisco, México, y residente en Canadá.
La maratón multicultural está integrada por corredores de varias edades, etnias y lugares del continente. Así, Sara James, de 60 años, es una indígena originaria de Alaska.

Al igual que María, ella tiene una razón poderosa para correr: defender su tierra de la explotación del petróleo.

“Le doy gracias al creador por permitir la unión entre las naciones indígenas”, exclamó la mujer de rasgos esquimales.

Fuego sagrado En el ritual pidieron por la unificación de los pueblos. Fotos EDH/ Herbert Saravia

Bastón multicultural

En su recorrido por el norte y Centroamérica, Sara y sus compañeros han materializado un mensaje de paz y amor, en trozos de madera verticales que llaman bastones sagrados de diferentes formas y colores.

¿Su significado? “Simbolizan las oraciones de las comunidades indígenas y representan los espíritus de nuestros ancestros. Ellos nos dan fuerza para seguir corriendo y poder decir estamos aquí después de 500 años“, reflexiona Felipe.

Los indígenas oran para reunir la energía suficiente que permita revertir los daños contra la madre tierra, a quien le han provocado un desequilibrio. Persiguen la estabilidad de las fuerzas energéticas, que permiten la convivencia armoniosa entre el hombre y la Naturaleza.
Los mensajeros cuidan con devoción y respeto cada uno de los casi 100 bastones que portan, que representan las oraciones de todas las etnias. Los que ellos portan los van a unir con los que vienen del Sur, en Panamá.

Panamá será escenario de la unión de las etnias americanas, porque es allí donde el Canal cortó a la madre tierra.

Bienvenida nahua

Los nahuas en Izalco, Sonsonate, se molestaron. El grupo responsable de dar la bienvenida a los mensajeros del norte quedaron plantados. El arribo de los corredores programado para las 6:00 de la tarde se extendió hasta la medianoche.

Ceremonia. En San Andrés invocaron a los abuelos. Fotos EDH/ Herbert Saravia

Una serie de imprevistos complicó la salida de los indígenas del territorio guatemalteco y les atrasó el ingreso a El Salvador.

Tras horas de espera, la Alcaldía del Común recibió a los mensajeros espirituales a las 12:00 de la noche del 3 de octubre. Después de 5 horas de descanso, los indígenas regresaron al punto fronterizo Las Chinamas, Ahuachapán, para continuar la carrera.
Uno a uno, los 13 trotantes recorrieron 55 kilómetros hasta Izalco. Llegaron al mediodía y los izalqueños les dieron la bienvenida nahua.

Tras una solemne oración, los mensajeros continuaron el camino hasta el parque arqueológico San Andrés. Allí realizaron la ceremonia de los bastones e intercambiaron tradiciones con sus hermanos salvadoreños.
Al concluir, tomaron los alimentos y retomaron la carrera a San Salvador.

Con los cacaoperas

Luego de su paso por el país, los corredores partieron a Honduras

San Miguel. Los indígenas al pie del Chaparrastique. Fotos EDH/ Herbert Saravia

San Miguel, 50 mil kilómetros recorridos. Ese era el dato en la bitácora mental de Felipe Martínez, de la Jornada de Paz y Dignidad.

Antes del banderillazo de salida, reflexiona sobre la necesidad de hacer más plegarias. “Falta poco para llegar a Panamá, pero es cuando más tenemos que rezar. La juventud debe seguir los pasos de los ancestros”, dijo.

Luego de haber dirigido la ceremonia de los bastones, él y sus compañeros corrieron sin parar hasta Cacaopera, Morazán. El líder indígena kakawira Miguel Amaya les dio la bienvenida.

Allí ofrecieron un mensaje a los pobladores y se escuchó al chicano Fred González: “corremos para conocer el creador que está adentro de nuestros corazones ”, explicó.
La tarde terminó con una ceremonia en el cantón La Presa, a 10 kilómetros del centro del municipio.


Los bastones
- En la época prehispánica, existían corredores que se dedicaban a llevar mensajes de un pueblo a otro.
- Los herederos también trotan. Esta actividad ha tomado un espíritu unionista entre las etnias del continente.
- Antes de partir, efectúan la ceremonia de los bastones, un rito en donde bendicen los implementos.
- Cada bastón representa una etnia y pueblo de América, que fueron encomendados a los corredores.
- Por ser sagrados, los bastones no pueden ser colocados en el suelo, sólo en altares y en la mano.





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