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| En Cacaopera Se presentaron ante el pueblo, en
la plaza principal. Fotos EDH/ Herbert Saravia |
Morena Azucena/ Rosemarié Mixco
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
La mañana del 7 de octubre, María Esparza corrió
desde un tramo de la Ruta Militar, que inicia en San Miguel, hasta San
Francisco Gotera, Morazán. Ella, que es de origen chicano, se expuso
al tráfico y al calor inclemente del oriente de El Salvador.
Mientras avanzaba, tuvo dos pensamientos recurrentes: los ojos de los
niños indígenas y la madre tierra. Cuando corro, trato
de no pensar en mi vida. Pienso en la tierra que voy pisando con amor
y respeto. Y cuando me canso pienso en los ojos de los niños y
allí voy, con fuerzas, dijo luego de haber llegado hasta
Cacaopera, su destino temporal.
María no es la única que corrió hasta el oriente
del país. Junto a ella iba una delegación de al menos 20
indígenas que participan en la Jornada de Paz y Dignidad 2004.
La carrera, que empezó en mayo en Alaska, Estados Unidos
y en la Tierra del Fuego, en Argentina y terminará el 27
de octubre en Panamá, tiene un carácter espiritual que cumple
con la profecía dejada por los tatas (ancestros): el encuentro
de las etnias del norte y el sur, la unión del águila y
el cóndor.
Esta es una misión dejada a estas generaciones para seguir
el camino que los abuelos habían empezado, explicó
Felipe Martínez, de Jalisco, México, y residente en Canadá.
La maratón multicultural está integrada por corredores de
varias edades, etnias y lugares del continente. Así, Sara James,
de 60 años, es una indígena originaria de Alaska.
Al igual que María, ella tiene una razón poderosa para correr:
defender su tierra de la explotación del petróleo.
Le doy gracias al creador por permitir la unión entre las
naciones indígenas, exclamó la mujer de rasgos esquimales.
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| Fuego sagrado En el ritual pidieron por la unificación
de los pueblos. Fotos EDH/ Herbert Saravia |
Bastón multicultural
En su recorrido por el norte y Centroamérica, Sara y sus compañeros
han materializado un mensaje de paz y amor, en trozos de madera verticales
que llaman bastones sagrados de diferentes formas y colores.
¿Su significado? Simbolizan las oraciones de las comunidades
indígenas y representan los espíritus de nuestros ancestros.
Ellos nos dan fuerza para seguir corriendo y poder decir estamos aquí
después de 500 años, reflexiona Felipe.
Los indígenas oran para reunir la energía suficiente que
permita revertir los daños contra la madre tierra, a quien le han
provocado un desequilibrio. Persiguen la estabilidad de las fuerzas energéticas,
que permiten la convivencia armoniosa entre el hombre y la Naturaleza.
Los mensajeros cuidan con devoción y respeto cada uno de los casi
100 bastones que portan, que representan las oraciones de todas las etnias.
Los que ellos portan los van a unir con los que vienen del Sur, en Panamá.
Panamá será escenario de la unión de las etnias americanas,
porque es allí donde el Canal cortó a la madre tierra.
Bienvenida nahua
Los nahuas en Izalco, Sonsonate, se molestaron. El grupo responsable
de dar la bienvenida a los mensajeros del norte quedaron plantados. El
arribo de los corredores programado para las 6:00 de la tarde se extendió
hasta la medianoche.
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| Ceremonia. En San Andrés invocaron a los
abuelos. Fotos EDH/ Herbert Saravia |
Una serie de imprevistos complicó la salida de los indígenas
del territorio guatemalteco y les atrasó el ingreso a El Salvador.
Tras horas de espera, la Alcaldía del Común recibió
a los mensajeros espirituales a las 12:00 de la noche del 3 de octubre.
Después de 5 horas de descanso, los indígenas regresaron
al punto fronterizo Las Chinamas, Ahuachapán, para continuar la
carrera.
Uno a uno, los 13 trotantes recorrieron 55 kilómetros hasta Izalco.
Llegaron al mediodía y los izalqueños les dieron la bienvenida
nahua.
Tras una solemne oración, los mensajeros continuaron el camino
hasta el parque arqueológico San Andrés. Allí realizaron
la ceremonia de los bastones e intercambiaron tradiciones con sus hermanos
salvadoreños.
Al concluir, tomaron los alimentos y retomaron la carrera a San Salvador.
Con los cacaoperas
Luego de su paso por el país, los corredores partieron a Honduras
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| San Miguel. Los indígenas al pie del Chaparrastique.
Fotos EDH/ Herbert Saravia |
San Miguel, 50 mil kilómetros recorridos. Ese era el dato en la
bitácora mental de Felipe Martínez, de la Jornada de Paz
y Dignidad.
Antes del banderillazo de salida, reflexiona sobre la necesidad de hacer
más plegarias. Falta poco para llegar a Panamá, pero
es cuando más tenemos que rezar. La juventud debe seguir los pasos
de los ancestros, dijo.
Luego de haber dirigido la ceremonia de los bastones, él y sus
compañeros corrieron sin parar hasta Cacaopera, Morazán.
El líder indígena kakawira Miguel Amaya les dio la bienvenida.
Allí ofrecieron un mensaje a los pobladores y se escuchó
al chicano Fred González: corremos para conocer el creador
que está adentro de nuestros corazones , explicó.
La tarde terminó con una ceremonia en el cantón La Presa,
a 10 kilómetros del centro del municipio.
Los bastones
- En la época prehispánica, existían corredores que
se dedicaban a llevar mensajes de un pueblo a otro.
- Los herederos también trotan. Esta actividad ha tomado un espíritu
unionista entre las etnias del continente.
- Antes de partir, efectúan la ceremonia de los bastones, un rito
en donde bendicen los implementos.
- Cada bastón representa una etnia y pueblo de América, que
fueron encomendados a los corredores.
- Por ser sagrados, los bastones no pueden ser colocados en el suelo, sólo
en altares y en la mano.

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