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Rolando por ahí
Dostoievsky, jugadores y corridos
Un célebre autor
ruso y un conjunto musical mejicano, cada uno desde su propia dimensión
cultural y temporal, abordan el tema del jugador compulsivo.
Publicada 13 de octubre 2004, El Diario de Hoy
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Rolando Monterrosa
rolando@elsalvador.com
El Diario de Hoy
rolando@elsalvador.com
Este último es un tipo de persona que, por desgracia para muchas
familias, crece en número en el país debido a la perversidad
de políticos y funcionarios que se niegan a cerrar de una vez por
todas los casinos.
En 1866, Fedor Dostoievsky publicó una novela, prácticamente
autobiográfica, en la que describe con precisión vivencial
la bancarrota moral y económica en que se hunde Alexei Ivánovitch,
por su adicción al juego.
Los Tigres del Norte rapsodas modernos de mojados, tahúres
y narcos cantan un tragicómico corrido que dedican a Martín
Estrada Contreras, un tahúr profesional. Al perder éste
en la mesa de póquer todo lo que tiene, apuesta a su mujer y también
la pierde.
El popular minidrama resume la incapacidad del jugador de reconocer límites
éticos o morales en su búsqueda de una buena mano de cartas.
Destaca asimismo la tendencia autodestructiva del jugador: Cuando Martín
entrega a su esposa, el corrido termina así: ¡Se oyeron
los estallidos/ de dos balas expansivas/primero mató a su amada/
luego él se quitó la vida...!
Debido a sus pérdidas, la mayoría de jugadores incurre en
deudas y a menudo se ve empujada a cometer hurtos, desfalcos, estafas
y otros delitos para mantener su vicio.
Muchos se vuelven proclives al suicidio cuando el agobio de los conflictos
que generan las deudas terminan por aplastar su voluntad de vivir.
El fatalismo que mueve al jugador es comparable al de aquellos bolitos
que, en plena mortandad causada por el metanol, siguieron bebiendo del
mismo licor sospechoso de estar envenenado.
Es una forma de apostarlo todo a nada.

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