elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Conversando sobre política
La eterna discusión sobre el sistema

Debemos, por tanto, lograr un punto de equilibrio entre las visiones distintas de país y resolver de forma prioritaria los problemas más agudos en nuestra sociedad. Ése es el mejor sistema

Publicada 13 de octubre 2004, El Diario de Hoy


Luis Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Estimo conveniente, para enmarcar este tema, hacer un breve análisis teórico, para lo cual me auxiliaré de Giovanni Sartori.

Este autor nos abre una gama enorme de posibilidades para interpretar cuál sistema conviene a un Estado. Lo hace, iniciando con una exposición sobre el concepto de mercado. Al referirse al mismo, nos introduce un concepto con bastante claridad: el mercado realmente es un sistema, denominado sistema de mercado, pero con relación al sistema económico, el sistema de mercado se convierte en un subsistema de aquél.

Al margen de esta afirmación conceptual, lo realmente interesante del análisis del mercado por parte de Sartori es el elemento de la “planificación” con relación al mercado. Es en este punto donde se inicia la discusión de cuál sistema nos conviene.

El término planificación, afirma Sartori, se acuñó para definir el sistema económico que se había desarrollado en la Unión Soviética a partir de 1928. Para citar textualmente: “Preguntémonos: ¿de qué modo los planificadores soviéticos, o aquellos que se inspiran en ellos, deciden lo que se debe hacer? Ciertamente no lo hacen sobre la base de informaciones proporcionadas por mercados libres secundarios... La planificación total es la planificación de un Estado propietario de todo y vendedor de todo, que es el único que decide la ubicación de los recursos, del nivel de los salarios y de los consumos permitidos (o negados). La planificación total es, en suma, una planificación en nombre de la soberanía de los objetivos”. Aunada a esta cita, el autor también nos recuerda la crítica de Mises y Hayek respecto de las dictaduras totalitarias a las que estaba ligada la planificación colectivista.

Sartori no se equivoca al citar estos antecedentes históricos respecto del fracaso de los estados planificadores. Concluye esta cita señalando que “queda únicamente, entonces, la tesis según la cual la única solución para el socialismo, y también para el comunismo, es recrear —en cierto modo, y en un grado suficiente— un mercado real”.

Finalmente la reflexión sobre la libertad individual, o el denominado “individualismo” dentro del sistema de mercado es otro referente teórico importante, pues precisamente la noción central de las teorías de Hayek se refieren a los órdenes existentes en las sociedades, los cuales requieren de una organización, pero la libertad de las personas permite que esa organización se transforme en autoorganización.

Pero Sartori no sólo critica los errores de los estados planificadores. También se refiere con dureza a los estados que tienen como eje central al mercado mismo: “Admitámoslo sin tapujos, el mercado es una entidad cruel. Su ley es la del éxito del mejor. Se dedica a encontrar un puesto adaptado a cada uno y se dedica a motivar en los individuos el máximo esfuerzo. Pero los irremediablemente inadaptados son expulsados de la sociedad de mercado y dejados perecer o sobrevivir de otros recursos”.

Para finalizar la discusión teórica, me referiré a una posición ecléctica. C. Lindblom, citado por Sartori, argumenta que puede existir una “planificación del mercado”. Este autor propone un “market planning”, es decir, la soberanía del planificador sobre el mercado. Lindblom afirma que “toda la producción, bienes de consumo incluidos, estaría guiada por las adquisiciones de un gobierno, que ha reemplazado al consumidor como su soberano”.

Sartori rechaza esta teoría claramente cuando menciona que “la idea de planificar el mercado no es una buena idea. Hay que añadir que el sistema propuesto por Lindblom se adscribe a los intentos de mejorar la vieja planificación colectivista, mientras que el socialismo de mercado merece atención en cuanto que propone algo efectivamente nuevo. Al planificar el mercado, seguimos con un control centralizado total, y por ello, con un gigantesco y omnipotente Estado burocrático (o algo peor). Por el contrario el nuevo socialismo de mercado mantiene que el mercado hace mejor lo que la burocracia hace peor”.

Hasta aquí nuestra explicación teórica. Sin lugar a dudas nos enfrentamos a un problema que ni autores como Sartori han podido resolver. La elección entre el capitalismo, el socialismo o el comunismo, no es una decisión basada en sus elementos y características internas. Ésta debe ser una elección que pase por los problemas que el respectivo Estado debe resolver.

La mala distribución de la riqueza, la pobreza y la desigualdad social son problemas que necesitan como contraposición de la generación de riqueza y empleo, de una actividad económica que nos permita crear los suficientes recursos para que el Estado mismo pueda cumplir con áreas tan vitales como la educación, la salud, la vivienda de interés social.

El debate sobre el sistema que necesitamos se prolongará por varios años más. La combinación del pragmatismo del capital con la sensibilidad social de los otros sistemas, con el ingrediente de la libertad individual, es una fórmula que se empieza a vislumbrar como una posible solución similar al “liberalsocialismo” que citó Norberto Bobbio. Lo realmente cierto en todo caso es que mientras nos ponemos de acuerdo en el sistema que queremos, muchos siguen padeciendo de hambre y miseria. Debemos, por tanto, lograr un punto de equilibrio entre las visiones distintas de país y resolver de forma prioritaria los problemas más agudos en nuestra sociedad. Ese es el mejor sistema.

*Secretario para Asuntos Legislativos y Jurídicos de la Presidencia de la República.

elsalvador.com WWW