
Luis Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy
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Estimo
conveniente, para enmarcar este tema, hacer un breve análisis teórico,
para lo cual me auxiliaré de Giovanni Sartori.
Este autor nos abre una gama enorme de posibilidades para interpretar
cuál sistema conviene a un Estado. Lo hace, iniciando con una exposición
sobre el concepto de mercado. Al referirse al mismo, nos introduce un
concepto con bastante claridad: el mercado realmente es un sistema, denominado
sistema de mercado, pero con relación al sistema económico,
el sistema de mercado se convierte en un subsistema de aquél.
Al margen de esta afirmación conceptual, lo realmente interesante
del análisis del mercado por parte de Sartori es el elemento de
la planificación con relación al mercado. Es
en este punto donde se inicia la discusión de cuál sistema
nos conviene.
El término planificación, afirma Sartori, se acuñó
para definir el sistema económico que se había desarrollado
en la Unión Soviética a partir de 1928. Para citar textualmente:
Preguntémonos: ¿de qué modo los planificadores
soviéticos, o aquellos que se inspiran en ellos, deciden lo que
se debe hacer? Ciertamente no lo hacen sobre la base de informaciones
proporcionadas por mercados libres secundarios... La planificación
total es la planificación de un Estado propietario de todo y vendedor
de todo, que es el único que decide la ubicación de los
recursos, del nivel de los salarios y de los consumos permitidos (o negados).
La planificación total es, en suma, una planificación en
nombre de la soberanía de los objetivos. Aunada a esta cita,
el autor también nos recuerda la crítica de Mises y Hayek
respecto de las dictaduras totalitarias a las que estaba ligada la planificación
colectivista.
Sartori no se equivoca al citar estos antecedentes históricos respecto
del fracaso de los estados planificadores. Concluye esta cita señalando
que queda únicamente, entonces, la tesis según la
cual la única solución para el socialismo, y también
para el comunismo, es recrear en cierto modo, y en un grado suficiente
un mercado real.
Finalmente la reflexión sobre la libertad individual, o el denominado
individualismo dentro del sistema de mercado es otro referente
teórico importante, pues precisamente la noción central
de las teorías de Hayek se refieren a los órdenes existentes
en las sociedades, los cuales requieren de una organización, pero
la libertad de las personas permite que esa organización se transforme
en autoorganización.
Pero Sartori no sólo critica los errores de los estados planificadores.
También se refiere con dureza a los estados que tienen como eje
central al mercado mismo: Admitámoslo sin tapujos, el mercado
es una entidad cruel. Su ley es la del éxito del mejor. Se dedica
a encontrar un puesto adaptado a cada uno y se dedica a motivar en los
individuos el máximo esfuerzo. Pero los irremediablemente inadaptados
son expulsados de la sociedad de mercado y dejados perecer o sobrevivir
de otros recursos.
Para finalizar la discusión teórica, me referiré
a una posición ecléctica. C. Lindblom, citado por Sartori,
argumenta que puede existir una planificación del mercado.
Este autor propone un market planning, es decir, la soberanía
del planificador sobre el mercado. Lindblom afirma que toda la producción,
bienes de consumo incluidos, estaría guiada por las adquisiciones
de un gobierno, que ha reemplazado al consumidor como su soberano.
Sartori rechaza esta teoría claramente cuando menciona que la
idea de planificar el mercado no es una buena idea. Hay que añadir
que el sistema propuesto por Lindblom se adscribe a los intentos de mejorar
la vieja planificación colectivista, mientras que el socialismo
de mercado merece atención en cuanto que propone algo efectivamente
nuevo. Al planificar el mercado, seguimos con un control centralizado
total, y por ello, con un gigantesco y omnipotente Estado burocrático
(o algo peor). Por el contrario el nuevo socialismo de mercado mantiene
que el mercado hace mejor lo que la burocracia hace peor.
Hasta aquí nuestra explicación teórica. Sin lugar
a dudas nos enfrentamos a un problema que ni autores como Sartori han
podido resolver. La elección entre el capitalismo, el socialismo
o el comunismo, no es una decisión basada en sus elementos y características
internas. Ésta debe ser una elección que pase por los problemas
que el respectivo Estado debe resolver.
La mala distribución de la riqueza, la pobreza y la desigualdad
social son problemas que necesitan como contraposición de la generación
de riqueza y empleo, de una actividad económica que nos permita
crear los suficientes recursos para que el Estado mismo pueda cumplir
con áreas tan vitales como la educación, la salud, la vivienda
de interés social.
El debate sobre el sistema que necesitamos se prolongará por varios
años más. La combinación del pragmatismo del capital
con la sensibilidad social de los otros sistemas, con el ingrediente de
la libertad individual, es una fórmula que se empieza a vislumbrar
como una posible solución similar al liberalsocialismo
que citó Norberto Bobbio. Lo realmente cierto en todo caso es que
mientras nos ponemos de acuerdo en el sistema que queremos, muchos siguen
padeciendo de hambre y miseria. Debemos, por tanto, lograr un punto de
equilibrio entre las visiones distintas de país y resolver de forma
prioritaria los problemas más agudos en nuestra sociedad. Ese es
el mejor sistema.
*Secretario para Asuntos Legislativos y Jurídicos
de la Presidencia de la República.