Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com
Bueno, recordemos que adentro del manicomio no están todos los
que debieran estar y afuera tampoco están los que debieran estar.
No sería de extrañar además que un ameno e inteligente
enajenado leyera estas líneas.
Cuentan que un doctor en Economía quedó varado rumbo a su
trabajo cuando una llanta de su auto se ponchó. Mientras cambiaba
el neumático las tuercas de ajuste rodaron accidentalmente a una
cloaca. El erudito corrió hasta el pestilente tragante, a fin de
alcanzarlas, pero sus intentos fueron vanos. Éstas cayeron al fondo,
hundiéndose en el nauseabundo lodo del profundo desagüe. El
economista quedó abrumado. Era un lugar alejado y solitario y no
había quién le ayudara a llegar a tiempo a la urgente reunión
de junta. Miró su reloj con gesto de derrota y optó por
sentarse en la cuneta a esperar un milagro o un inesperado salvador.
Desde el muro de un manicomio que estaba frente a él, un loco lo
observaba. Señor dijo el loco, que atisbando desde
el tapial había presenciado la escena yo puedo ayudarle.
Quite una tuerca de las tres llantas restantes y cambie el neumático
que podrá continuar con tres. Ante tal asombrosa prueba de
lógica, el erudito economista preguntó al orate, cómo
es que estaba en un lugar así, teniendo tal capacidad de lógica.
El demente respondió (con perdón del lector): Un momento.
Yo estoy aquí por loco, no por pendejo.
Día a Día
Derechos sociales
Pregonar los derechos sociales despierta peligrosas
expectativas en los pueblos del Tercer Mundo. Si perfeccionar la democracia
va por el camino de desarrollar y cumplir con los derechos sociales,
la conclusión de los sencillos de la cabeza es que hay penurias,
falta de educación, carencia de viviendas, etc., porque los gobiernos
no cumplen con lo que les corresponde. Ergo, hay que buscar y llevar al
poder a quienes ofrezcan cumplir con esos deberes insatisfechos. Los comunistas
en este país y en muchos otros del mundo han arrasado con sus pueblos
levantando esas banderas. Cualquiera que haya visitado Cuba, Nicaragua
o Alemania oriental podrá darse cuenta de los extremos a los que
conducen tal clase de seudo verdades.