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Palabras
Una genial prueba de lógica

¿Podría, el amable lector, medir su lógica binaria con la de un demente?

Publicada 13 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

pintorbalaguer@hotmail.com

Bueno, recordemos que adentro del manicomio no están todos los que debieran estar y afuera tampoco están los que debieran estar. No sería de extrañar además que un ameno e inteligente enajenado leyera estas líneas.

Cuentan que un doctor en Economía quedó varado rumbo a su trabajo cuando una llanta de su auto se ponchó. Mientras cambiaba el neumático las tuercas de ajuste rodaron accidentalmente a una cloaca. El erudito corrió hasta el pestilente tragante, a fin de alcanzarlas, pero sus intentos fueron vanos. Éstas cayeron al fondo, hundiéndose en el nauseabundo lodo del profundo desagüe. El economista quedó abrumado. Era un lugar alejado y solitario y no había quién le ayudara a llegar a tiempo a la urgente reunión de junta. Miró su reloj con gesto de derrota y optó por sentarse en la cuneta a esperar un milagro o un inesperado salvador.

Desde el muro de un manicomio que estaba frente a él, un loco lo observaba. “Señor —dijo el loco, que atisbando desde el tapial había presenciado la escena— yo puedo ayudarle. Quite una tuerca de las tres llantas restantes y cambie el neumático que podrá continuar con tres”. Ante tal asombrosa prueba de lógica, el erudito economista preguntó al orate, cómo es que estaba en un lugar así, teniendo tal capacidad de lógica. El demente respondió (con perdón del lector): “Un momento. Yo estoy aquí por loco, no por pendejo”.


Día a Día

Derechos sociales

Pregonar los “derechos sociales” despierta peligrosas expectativas en los pueblos del Tercer Mundo. Si perfeccionar la democracia va por el camino de desarrollar y cumplir con los “derechos sociales”, la conclusión de los sencillos de la cabeza es que hay penurias, falta de educación, carencia de viviendas, etc., porque los gobiernos no cumplen con lo que les corresponde. Ergo, hay que buscar y llevar al poder a quienes ofrezcan cumplir con esos deberes insatisfechos. Los comunistas en este país y en muchos otros del mundo han arrasado con sus pueblos levantando esas banderas. Cualquiera que haya visitado Cuba, Nicaragua o Alemania oriental podrá darse cuenta de los extremos a los que conducen tal clase de seudo verdades.



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