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La nota del día
La nueva pataleta de los comunistas

El desplante efemelenista no sólo violenta el espíritu de discusión constructiva que hay en las mesas, sino que quiere obligar a la adopción de un especie de gobierno sustituto del actual esquema

Publicada 13 de octubre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Nadie con su cabeza en orden se extraña de la retirada de los comunistas de la mesa de concertación; estaban allí perentoriamente, pretendiendo que “el diálogo” y la búsqueda de consensos es su afán de vida. El desplante se hace para acusar al gobierno de negarse a dialogar.

Lo primero que deben analizar los salvadoreños son los alcances válidos que las mesas de concertación pueden tener dentro del marco general de la vida en democracia. Pero comencemos con la pataleta del FMLN.

¿Es que alguna vez los comunistas, aquí o en cualquier parte, han creído en parlamentar, discutir, llegar a arreglos permanentes? Hacerlo, ceder posiciones, va contra lo medular de su doctrina y contra su inalterable objetivo, que en suma es “la revolución mundial”. No renuncian a la estatización de “los medios de producción”, al control de las conciencias, a crear “al nuevo hombre socialista”, a manipular la información, a la dictadura del proletariado, etc. Ni ahora ni mañana van a abjurar del marxismo; cuando ceden posiciones es para ganar tiempo y preparar la movida siguiente.

Recuérdese al respecto lo que hacían los comunistas durante las negociaciones “por la paz” o siguen haciendo con los sindicatos, digamos en el caso del Seguro Social. Estaban en medio de las negociaciones cuando lanzaron el ataque sorpresivo del 11 de noviembre de 1989; antes y después, a lo largo del proceso de “diálogo”, cuando tropezaban con alguna postura fuerte de parte de los negociadores del gobierno (como lo recordó el doctor Julio Gamero en televisión), perpetraban una atrocidad, como el asesinato de la hija de quince años de un coronel del Ejército. Es significativo que ahora que se levantan de las mesas comienza la agitación callejera.

Pretenden gobernar en “petit comité”

Pero aun cuando los comunistas siguieran sentados en las mesas, los acuerdos que se tomen no son vinculantes para nadie, pues convertirlos en una especie de ley vendría a derrumbar la institucionalidad del Estado y el papel mismo de la Asamblea Legislativa. Está bien que en las mesas se logren consensos o se encuentren fórmulas para resolver tales o cuales problemas, pero eso no anula el derecho ciudadano a cuestionar, a debatir y a proponer otras soluciones y alternativas. Hay que dejar hablar a los gremios, a las asociaciones cívicas, a los medios de difusión, a todo aquel que conozca de tales temas o sea afectado por las propuestas que se hagan. Y será entonces que las instancias superiores del Estado, en particular el Ejecutivo y el Legislativo, podrán legislar y además plantear si tales leyes son constitucionales.

El desplante efemelenista no sólo violenta el espíritu de discusión constructiva que hay en las mesas, sino que quiere obligar a la adopción de un especie de gobierno sustituto del actual esquema. Pretenden colocarse por encima y eventualmente anular al resto de fuerzas cívicas y productivas, para que las grandes decisiones del país se tomen en “petit comité” (barbarismo local), el que siempre estará a merced de sus presiones y chantajes, e inclusive que le entren a tiros al país como en los ochenta. En cuanto al resto de los ciudadanos, “muy bien, gracias, aceptaremos lo que vuestras excelencias decidan”.

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