El Diario de Hoy
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Nadie
con su cabeza en orden se extraña de la retirada de los comunistas
de la mesa de concertación; estaban allí perentoriamente,
pretendiendo que el diálogo y la búsqueda de
consensos es su afán de vida. El desplante se hace para acusar
al gobierno de negarse a dialogar.
Lo primero que deben analizar los salvadoreños son los alcances
válidos que las mesas de concertación pueden tener dentro
del marco general de la vida en democracia. Pero comencemos con la pataleta
del FMLN.
¿Es que alguna vez los comunistas, aquí o en cualquier parte,
han creído en parlamentar, discutir, llegar a arreglos permanentes?
Hacerlo, ceder posiciones, va contra lo medular de su doctrina y contra
su inalterable objetivo, que en suma es la revolución mundial.
No renuncian a la estatización de los medios de producción,
al control de las conciencias, a crear al nuevo hombre socialista,
a manipular la información, a la dictadura del proletariado, etc.
Ni ahora ni mañana van a abjurar del marxismo; cuando ceden posiciones
es para ganar tiempo y preparar la movida siguiente.
Recuérdese al respecto lo que hacían los comunistas durante
las negociaciones por la paz o siguen haciendo con los sindicatos,
digamos en el caso del Seguro Social. Estaban en medio de las negociaciones
cuando lanzaron el ataque sorpresivo del 11 de noviembre de 1989; antes
y después, a lo largo del proceso de diálogo,
cuando tropezaban con alguna postura fuerte de parte de los negociadores
del gobierno (como lo recordó el doctor Julio Gamero en televisión),
perpetraban una atrocidad, como el asesinato de la hija de quince años
de un coronel del Ejército. Es significativo que ahora que se levantan
de las mesas comienza la agitación callejera.
Pretenden gobernar en petit comité
Pero aun cuando los comunistas siguieran sentados en las mesas, los acuerdos
que se tomen no son vinculantes para nadie, pues convertirlos en una especie
de ley vendría a derrumbar la institucionalidad del Estado y el
papel mismo de la Asamblea Legislativa. Está bien que en las mesas
se logren consensos o se encuentren fórmulas para resolver tales
o cuales problemas, pero eso no anula el derecho ciudadano a cuestionar,
a debatir y a proponer otras soluciones y alternativas. Hay que dejar
hablar a los gremios, a las asociaciones cívicas, a los medios
de difusión, a todo aquel que conozca de tales temas o sea afectado
por las propuestas que se hagan. Y será entonces que las instancias
superiores del Estado, en particular el Ejecutivo y el Legislativo, podrán
legislar y además plantear si tales leyes son constitucionales.
El desplante efemelenista no sólo violenta el espíritu de
discusión constructiva que hay en las mesas, sino que quiere obligar
a la adopción de un especie de gobierno sustituto del actual esquema.
Pretenden colocarse por encima y eventualmente anular al resto de fuerzas
cívicas y productivas, para que las grandes decisiones del país
se tomen en petit comité (barbarismo local), el que
siempre estará a merced de sus presiones y chantajes, e inclusive
que le entren a tiros al país como en los ochenta. En cuanto al
resto de los ciudadanos, muy bien, gracias, aceptaremos lo que vuestras
excelencias decidan.