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Pioneras. Doña María vende desde
hace más de 20 años.
Foto EDH |
Yesenia Acevedo
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Sus recuerdos
datan de la época de los años 60, cuando el centro de abasto
era sólo un predio donado por la familia Tinetti.
Su madre la crió en ese lugar y ella hizo lo mismo con sus ocho
hijos, merced a su puesto de comida en la segunda planta.
Recuerda que antes de los terremotos de 1986 y 2001, la afluencia de clientes
era mayor.
Esa abundancia estuvo ligada a la existencia de varios mesones del Barrio
San Esteban y otros lugares vecinos.
Había uno que tenía como 100 piezas. Toda esa gente
nos venía a comprar, ahora ya no hay nada de eso, recordó.
Los mesones desaparecieron, la gente emigró. La zona quedó
desierta.
La depresión económica que sufre el Tinetti, también
la sufre María del Carmen: adeuda más de 17 mil colones
($1,942.86) a la administración.
No ha pagado sus tasas desde hace seis años.
No es que no quiera pagar, lo que pasa es que hay días en
que no vendo. Ahora sólo vendí cuatro dólares,
justificó entre sollozos, luego de haber recibido la amenaza de
desalojo de parte de la administradora Ana Cleotilde López.
Las palabras de doña María son secundadas por varias de
sus compañeras.
Tenemos que echar berga aquí adentro y salir a vender allá
afuera, porque sino no ganamos, explicó Celia Umanzor, vendedora
de tortillas, que en ese momento empacaba su mercancía para salir
a vender a la zona del Zurita.
Celia se queja de los vendedores informales que se encuentran más
arriba de la Calle Delgado y en el predio ex biblioteca.
¡Qué no venden allí en la calle, lo único
que hace falta es que pongan puestos de carne!, criticó.
A unos pocos metros de Celia, se encuentra Victoria Benítez, de
60, vendedora de ropa usada.
El movimiento es hasta el mediodía, después esto queda
solo. Ya no viene la gente, comentó.

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