The New York Times
El Diario de Hoy
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A
la mitad del debate efectuado el viernes, el Presidente Bush declaró:
La mejor forma de defender a Estados Unidos en este mundo consiste
en mantenerse a la ofensiva, pero él pasó buena parte
de la noche a la defensiva en contra de las acusaciones de Kerry en el
sentido de que había administrado mal la guerra en Iraq y la economía
estadounidense.
El mandatario fue adquiriendo comodidad a medida que el encuentro iba
avanzando y, para el final de la noche, sonaba considerablemente más
confiado y enfocado en comparación con su andar constante sobre
el escenario de la semana pasada, micrófono en mano, mientras caracterizaba
a Kerry como alguien que sencillamente no era creíble.
Ambos candidatos respondieron a preguntas incisivas y sucintas formuladas
por electores indecisos en una sesión al estilo de las efectuadas
en ayuntamientos, y de principio a fin dieron la impresión de ser
apenas capaces de ocultar un desagrado instintivo hacia cada cual y sus
opiniones claramente divergentes con respecto a temas extranjeros y de
interés nacional.
Bush se dirigió al público y las cámaras de televisión
directamente, dando su mejor esfuerzo por suprimir el ceño fruncido
y las miradas entrecerradas que fueron tan notados en su último
desempeño. El mandatario se negó a enumerar tres errores
que él hubiera cometido al frente del cargo, pero ofreció
una formulación fresca en defensa de su decisión para invadir
Iraq, insistiendo, a veces, en este mundo, se toman decisiones impopulares,
porque crees que son correctas.
Kerry se esmeró por demostrar que podría ser una presencia
aceptable por televisión en las salas de espectadores y de electores.
Él quiere que ustedes crean que yo no puedo ser el presidente,
dijo Kerry, y él está tratando de hacerles creer eso,
porque quiere que ustedes crean que yo cambié de opinión.
Bien, permítanme decirles claramente: Yo nunca he cambiado de opinión
con respecto a Iraq. Kerry prosiguió para decir que él,
de la misma forma, había creído que Sadam Hussein representaba
una amenaza, y estaba preparado para usar la fuerza de ser necesario,
pero agregó: Yo habría usado esa autoridad de manera
prudente, no me habría apresurado a ir a la guerra sin un plan
para ganar la paz.
El aborto y más de Iraq
Cuando a Kerry le preguntaron, ya avanzado el debate, si él podría
asegurarle a la gente que cree que el aborto equivale a un asesinato que
sus dólares pagados en impuestos no lo apoyarían, Kerry
habló en términos inusualmente directos y personales con
respecto a la forma en que le criaron y su fe de toda la vida como católico,
pero nunca dio una respuesta directa. Por contraste, Bush agregó:
Estoy tratando de descifrar eso, y declaró: Mi
respuesta es que nosotros no vamos a gastar recursos del contribuyente
en el aborto.
Una vez más, pese a reglas que se negociaron para limitar los cuestionamientos
mutuos y directos de los candidatos, la sesión logró generar
un número asombroso de intercambios reales. Después de que
Kerry le acusara de desviar la atención de la guerra en Afganistán
y la caza de Bin Laden para así atacar a Sadam, Bush tuvo una respuesta
vigorosa.
Es un malentendido fundamental afirmar que la guerra en contra del
terrorismo está dirigida solamente a Osama bin Laden, afirmó
el gobernante. El combate al terrorismo es para asegurarse de que
estas organizaciones terroristas no terminen con armas de destrucción
masiva. De eso se trata la guerra en contra del terrorismo. Por supuesto
que nosotros vamos a encontrar a Osama bin Laden.
Después de que Bush insistiera en que él había escuchado
a sus generales y suministrado todas las tropas que ellos pidieron en
Iraq, Kerry replicó: El trabajo de las fuerzas armadas consiste
en ganar la guerra; el trabajo del Presidente consiste en ganar la paz.
Los sondeos de opinión que han surgido desde el debate pasado han
mostrado una contienda sumamente cerrada entre ambos aspirantes a la Casa
Blanca.
En otra parte del debate, Kerry insistió en que Bush les
promete más de lo mismo a lo largo de los cuatro años siguientes.
En su propia forma, Bush reconoció lo mismo, diciendo que si bien
pudiera haber cometido algunos errores tácticos o malos nombramientos,
él no lamentaba ninguna de sus decisiones de mayor importancia.
La historia reflexionará, y yo estoy plenamente preparado
para aceptar cualquier error que la historia adjudique a mi gobierno,
ya que el Presidente toma las decisiones, el Presidente tiene que asumir
la responsabilidad.
El juicio de la historia está lejos. El de los electores se producirá
en 18 días.