 |
| El Sol se acercó a su público,
mientras varios guardaespaldas le cuidaban.
Foto EDH / Herbert Saravia |
Claudia Núñez
El Diario de Hoy
claudiux@elsalvador.com
Era de noche. En el cielo sólo habían estrellas que rodeaban
la luna. Hacía frío. Miles comenzaron a buscar calor, pero
no del que proviene del fuego, sino del que surge del alma.
Al principio les fue difícil hayarlo. Sin embargo, a medida que
las agujas pasaban el límite de las 8:30, se comenzó a percibir
irradiaciones de luz intensas y muy agradables.
Los destellos fueron tomando fuerza al tiempo que un sujeto, con un porte
varonil y encantador, fue acercándose al centro del escenario,
tomó el micrófono y emitió un sonido Inolvidable.
A partir de ese momento, los escalofríos desaparecieron. La sola
presencia de Luis Miguel hizo que los corazones latieran a mil y la adrenalina
llegara al máximo.
Vestía traje oscuro. Su cabellera intacta, hacia atrás,
envaselinada. El apuntador en el oído derecho. Su color de piel
canela contrastaba con el blanco de los dientes que se apreciaba cada
vez que sonreía por cierto fueron muchísimas.
Amor, amor, amor, Ahora que te vas y Perfidia llenaron de romanticismo
el Estadio Mágico González.
 |
|
Luismi acapara toda la atención, en especial al cantar
Te necesito, al final del show.
Foto EDH /
Herbert Saravia
|
Es un placer estar con tanta gente bonita, dijo, en medio
de una pausa, dirigiéndose hacia todas las localidades habilitadas.
Ese placer lo transformó en un regalo para el público, al
ofrecer un repertorio con las canciones que ustedes han hecho famosas.
De inmediato, todos se pusieron de pie, eufóricos y al unísono,
siguieron cada letra que conformó el popurrí de viejitas.
Desapareció, de pronto, del escenario, y aunque lo hizo por segundos,
su ausencia pareció eterna. Regresó con más fuerza
y más sensual que al principio, mostrando una parte de su pecho.
 |
| Nadie se quedó sin corear los grandes
éxitos del divo mexicano. Foto EDH /
Herbert Saravia |
Se despojó del saco de gamuza negro, apretó el micrófono
y dijo Cómo es posible, para luego pedir: Ahora te puedes marchar
hasta Cuando calienta el sol. Las tres composiciones conformaron una mezcla
perfecta.
Luis Miguel volvió a fingir un adiós. Reapareció
vestido de blanco. Te necesito le expresó, con los brazos extendidos,
a sus fanáticos salvadoreños, que no dejaban de ovacionarlo.
Era de noche. La Luna y las estrellas ya no se veían. El Sol se
adueñó del ambiente.

|