Evangelina
del Pilar de Sol*
El Diario de Hoy
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Quien
ha llevado una vida recta, granjeándose una buena reputación,
gozará siempre de total credibilidad ante la opinión pública.
El reverso es aquel que equivocó la ruta. Aquel que es conocido
por su funesto pasado. Tendría mucho camino que recorrer si deseara
reivindicarse para lograr la ansiada credibilidad que disfruta todo ser
honesto.
A mi regreso de un reciente viaje, tuve conocimiento del lacerante artículo
contra la Iglesia Católica artículo plagado de falsedades
y absurdos fundamentado en la palabra de columnista poseedor de
reconocida aviesa trayectoria, cuya credibilidad se derrumba con estrépito
por su propio peso. Posteriormente, ante las múltiples respuestas
a su desafortunada temeridad, que le dejaran plasmado como un perfecto
iletrado en asuntos de religión, volvió al ataque contra
la Iglesia mencionando como fuentes de información a escritores
de artículos y libros que incluyen sacerdotes.
Jesucristo mandó a los cristianos ser luz que ilumine y fermento
que transforme la masa informe en personas excelentes, y entre sus obras
de misericordia está el enseñar al que no sabe,
por tanto, hay que ejercer misericordia con periodistas que demuestran
profunda ignorancia.
No son de extrañar los traidores insertados en la Iglesia Católica,
pues aún desde que Jesucristo mismo la fundó surgió
el primer traidor: Judas Iscariote.
Es propio del oscurantismo del Siglo XVIII, en el que siguen anclados
muchos, pretender que la Iglesia traicione a Jesucristo reduciéndose
al interior de los templos y las conciencias y que ésta no tenga
nada que opinar para mejorar la sociedad. Ciertamente, Judas Iscariote
ha tenido una larga descendencia. Es absurdo juzgar a cualquier institución
basados en quienes la traicionan de palabra y de obra.
También es absurdo que alguien marcado por delitos que justifica
con la más absoluta y fría carencia de conciencia como errores
de juventud, pretenda tener la estatura moral y la credibilidad
para poner en duda la respetabilidad de personas, en especial de sacerdotes
quienes en su mayoría, despojándose de todo egoísmo,
se abandonan en el Señor entregándole su vida para ayudar
a su prójimo, que por supuesto incluye al susodicho escritor como
hijo de Dios que es le guste o no, a quien ojalá pudiera
alguno transformarle de masa informe en la persona excelente
que podría llegar a ser, dada la inteligencia privilegiada que
posee para algunas cosas y que el mismo Dios le obsequió le
guste o no aceptarlo también.
Las violaciones de niños son un horrible delito, pero sólo
una mente obtusa puede generalizar acusando a una Iglesia entera de corrupción
sexual por delitos cometidos por una minoría. Considero esto un
ultraje y total insensatez, pues equivaldría a acusar de violadores
de hijos e hijas a todos los padres de familia del mundo, por causa de
degenerados progenitores que a diario son denunciados en los medios, por
abusar sexualmente de sus retoños, espantosa realidad que no comenta
el escritor, porque le desbarataría su teoría
de que los sacerdotes violadores lo son por no tener vida sexual
normal y que la castidad, la abstinencia y el autocontrol ante cualquier
aberración sexual, están contra natura, como pregona.
El uso del sexo es un derecho matrimonial. Pobre cónyuge cuya pareja
defiende lo animal ante lo racional y la fornicación y adulterio
como normales.
Los disque sentimientos humanitarios del periodista hacia
las violaciones de niños pueden perfectamente catalogarse de hipócritas,
porque contrastan grandemente con su aprobación al aborto, asesinato
tan execrable como las violaciones que condena.
En este crimen de lesa humanidad, niños tan indefensos como los
violados sufren la más despiadada muerte que puede tener el ser
humano, ser descuartizado vivo. El terror sufrido por estas pequeñas
víctimas de entre once y doce semanas de gestación, se puede
apreciar en vídeos de ultrasonografías cuando el pequeño,
abriendo su boca desmesuradamente, en un impresionante grito silencioso,
empujándose, trata infructuosamente de escapar de los instrumentos
abortistas que le descuartizarán.
Repartir condones a diestro y siniestro es promover la fornicación,
y nuestra Iglesia debe condenarlo porque Jesús así lo enseña:
1-Cor 6, 18. Más Dios nos da libre albedrío para pertenecer
o abandonar su Iglesia, o acoger o no sus enseñanzas, pero como
Padre advirtiéndonos sobre las consecuencias si torcemos el camino.
En Romanos 1- 26 y 27, posiblemente se profetiza el Sida, cuyo inicio
fuera propagado por homosexuales y bisexuales.
Un artículo editorial del 25 de septiembre publicado en este periódico
cita informe de la revista Science, 30ª edición, evidenciando que
el único lugar en África que ha detenido la expansión
del Sida es Uganda, cuyo gobierno puso en práctica la estrategia
de abstinencia antes del matrimonio y fidelidad después, por lo
que la cifra de infectados, que en los 80 alcanzaba el 30%, bajó
a sólo un 6%. ¿A qué viene entonces tanta terquedad
con los condones y aversión a lo único que ha dado resultado?
Lo que les molesta a estos defensores de la cultura de la muerte y de
la descomposición moral es que la realidad actual demuestra que
están equivocados, pues su libertinaje sexual, por mucha píldora
y condones que repartan, ha tenido un resultado contraproducente, aumentando
la propagación del Sida, suicidios, violencia, destrucción
familiar, tal como sucede en Inglaterra, con las cifras más elevadas
de embarazos y abortos de adolescentes y difusión de ETS.
*Columnista de El Diario de Hoy.