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De mi amigo Don libertario
Éxito de la nueva educación sexual

Este don Libertario hace honor a su nombre y siempre está en la cresta de la ola del momento y no pierde las esperanzas de llegar a ser presidente de este pobre Pulgarcito.

Publicada 11 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy

lmfcuervo@navegante.com.

Paseaba tranquilamente por uno de nuestros parques con menor cantidad de basura y mayor cantidad de niños, cuando de lejos vi a mi colega, y dudoso amigo, el eximio doctor don Libertario Voltaire Muchoslobos y Mier, de rancia estirpe salvadoreña, por parte de padre y de no menos altísima cuna cantábrica por parte de madre. Traté de evitarle, pero él me vio y corrió hacia mí, eufórico y arrogante, como siempre, y me leyó, quieras que no, unos papeles que traía en sus manos. Debo avisar que este don Libertario es mucho más peligroso que aquel otro amigo, don Cuasimodo, del que ya tuvieron conocimiento, tiempo atrás. Este don Libertario hace honor a su nombre y siempre está en la cresta de la ola del momento y no pierde las esperanzas de llegar a ser presidente de este pobre Pulgarcito.

He aquí sus triunfalistas palabras:
No entiendo cómo todavía hay muchas madres, y algunos “padres” —esa especie en vías de extinción— que se preocupan por la educación sexual de sus hijos y se plantean dudas sobre lo que deben decir y lo que deben hacer cuando sus tiernos cachorros les preguntan de dónde vienen los niños —cosa que ya sólo preguntan los muy pequeñines; los mayorcitos ya se las saben todas—. Sepan que no deben oponerse si les exigen sus derechos a botar todos los tabúes sobre el tema. ¡Pero qué progenitores más anticuados y desinformados! ¿Que no saben que de eso ahora ya se encarga la ONU, la Demográfica, los instructores de salud o algunos otros funcionarios de gobierno?

Vamos, entiéndanlo, ustedes, los padres, están ya descartados. Los mejores de los “papás”, porque no pagan las cuotas debidas a sus varias compañeras de vida que tuvieron la irresponsabilidad de ser fecundas; los peores de ellos, porque “educaron” sexualmente a sus hijas por la vía directa de hacerlas madres. Así que dejaron de ser idóneos y competentes.

En cuanto a las mamás, hay que reeducarlas, porque todavía muchas de ellas están anticuadas. Es decir, creen en Dios y rezan por sus hijos, los han tenido con agradecimiento y gozo, les han criado con un montón de sacrificios lo mejor que han sabido y encima tratan de inculcarles virtudes y valores tradicionales. Menos mal que gracias a los desvelos de las feministas, de la ONU y de otros muchos expertos que no cito, se va afirmando la modernidad. La pildorería de todo tipo, el aborto más o menos disfrazado de anticonceptivos, la esterilización y el lesbianismo, si nos esforzamos un poco, se irán imponiendo y saldremos del subdesarrollo de la sexualidad represiva.

Mamás y papás: dejen de estorbar. Ustedes no saben nada del sexo. Dejen de ejercer violencia moral y/o religiosa sobre sus tiernos cachorros. Denles la libertad de los otros cachorros, los de los chuchos. ¿Van a tener sus hijos menos libertades sexuales que los otros animales? ¿Todavía siguen creyendo lo que manda la Biblia o el Papa Juan Pablo II? ¿Para qué creen ustedes que existimos nosotros, la vanguardia de la liberación sexual? ¿Acaso no saben que nos ha costado mucho dinero y mucho esfuerzo mental fabricar las consignas de “maternidad saludable”, “sexo seguro”, “derechos sexuales” “con equidad de género” y otras creaciones poéticas equivalentes?

Esa resistencia a mantener una educación moral represiva, amparada tras elucubraciones mentales sobre presuntas virtudes de castidad, continencia y fidelidad, es cosa obsoleta y periclitada. El Salvador debe ponerse al día, alinearse con el Fondo de Población, la Unicef, la OMS, la IPPF, y otros expertos mundiales —entre los que me cuento— y entrar con paso decidido por la nueva educación sexual globalizante. Sí es necesario se debe estudiar —y yo, desde luego, lo propongo—, que se cambie ese nombre tan “confesional” de “El Salvador” por otro más al día, por ejemplo el de “El condón” y la capital, consecuentemente, y para no repetir demasiado, que se cambie a “San preservativo”. Seguro que ganamos un premio de las Naciones Unidas y que el Comité del Protocolo para el CEDAW nos nombra país ejemplo de la humanidad.

No hagan caso a los que insisten en que con la nueva educación globalizada aumenta el Sida, otras enfermedades de transmisión sexual y otras lindezas. Es posible que sea cierto pero, por lo demás, ¿qué importa? Ya dice el refrán que “sarna con gusto no pica”. Porque —y es lo importante— ¿y lo mucho que disfrutaron antes de quedar contagiados? El que quiere orgasmo libertario, es justo que algo le cueste. Pues de eso se trataba: esa es la felicidad que se perseguía, la de animalitos libres y retozones ¿o es que lo quieren todo?
Porque –escuchen- la finalidad esencial se va consiguiendo: cada vez hay menos niños, que son gritones, se hacen pipí y pupú y quitan mucho tiempo para cosas de veras importantes.

La población se encoge según le damos al gusto, como en “La piel de zapa”, del bueno de don Honoré de Balzac. Cierto que cada vez hay más viejos y cada vez son más sinvergüenzas. Pero eso se solucionará en una segunda etapa, cuando se adopten mundialmente las leyes sobre eutanasia.

Es posible que con unos pocos años más de este estupendo desmadre mundial, la población de algunos países desaparezca por completo. Mejor que mejor. Ya todo está previsto. Primero desaparecerán los países más tontos, los subdesarrollados que creyeron en todas nuestras consignas, los que entraron en el juego con mayor credulidad. Pero sus recursos naturales, sus magníficas playas y sus estupendas reservas forestales, quedarán. Y entonces ¡las disfrutaremos nosotros, los vencedores, los grandes funcionarios de la internacional antinatalista!
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.

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