Luis
Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy
lmfcuervo@navegante.com.
Paseaba
tranquilamente por uno de nuestros parques con menor cantidad de basura
y mayor cantidad de niños, cuando de lejos vi a mi colega, y dudoso
amigo, el eximio doctor don Libertario Voltaire Muchoslobos y Mier, de
rancia estirpe salvadoreña, por parte de padre y de no menos altísima
cuna cantábrica por parte de madre. Traté de evitarle, pero
él me vio y corrió hacia mí, eufórico y arrogante,
como siempre, y me leyó, quieras que no, unos papeles que traía
en sus manos. Debo avisar que este don Libertario es mucho más
peligroso que aquel otro amigo, don Cuasimodo, del que ya tuvieron conocimiento,
tiempo atrás. Este don Libertario hace honor a su nombre y siempre
está en la cresta de la ola del momento y no pierde las esperanzas
de llegar a ser presidente de este pobre Pulgarcito.
He aquí sus triunfalistas palabras:
No entiendo cómo todavía hay muchas madres, y algunos padres
esa especie en vías de extinción que se preocupan
por la educación sexual de sus hijos y se plantean dudas sobre
lo que deben decir y lo que deben hacer cuando sus tiernos cachorros les
preguntan de dónde vienen los niños cosa que ya sólo
preguntan los muy pequeñines; los mayorcitos ya se las saben todas.
Sepan que no deben oponerse si les exigen sus derechos a botar todos los
tabúes sobre el tema. ¡Pero qué progenitores más
anticuados y desinformados! ¿Que no saben que de eso ahora ya se
encarga la ONU, la Demográfica, los instructores de salud o algunos
otros funcionarios de gobierno?
Vamos, entiéndanlo, ustedes, los padres, están ya descartados.
Los mejores de los papás, porque no pagan las cuotas
debidas a sus varias compañeras de vida que tuvieron la irresponsabilidad
de ser fecundas; los peores de ellos, porque educaron sexualmente
a sus hijas por la vía directa de hacerlas madres. Así que
dejaron de ser idóneos y competentes.
En cuanto a las mamás, hay que reeducarlas, porque todavía
muchas de ellas están anticuadas. Es decir, creen en Dios y rezan
por sus hijos, los han tenido con agradecimiento y gozo, les han criado
con un montón de sacrificios lo mejor que han sabido y encima tratan
de inculcarles virtudes y valores tradicionales. Menos mal que gracias
a los desvelos de las feministas, de la ONU y de otros muchos expertos
que no cito, se va afirmando la modernidad. La pildorería de todo
tipo, el aborto más o menos disfrazado de anticonceptivos, la esterilización
y el lesbianismo, si nos esforzamos un poco, se irán imponiendo
y saldremos del subdesarrollo de la sexualidad represiva.
Mamás y papás: dejen de estorbar. Ustedes no saben nada
del sexo. Dejen de ejercer violencia moral y/o religiosa sobre sus tiernos
cachorros. Denles la libertad de los otros cachorros, los de los chuchos.
¿Van a tener sus hijos menos libertades sexuales que los otros
animales? ¿Todavía siguen creyendo lo que manda la Biblia
o el Papa Juan Pablo II? ¿Para qué creen ustedes que existimos
nosotros, la vanguardia de la liberación sexual? ¿Acaso
no saben que nos ha costado mucho dinero y mucho esfuerzo mental fabricar
las consignas de maternidad saludable, sexo seguro,
derechos sexuales con equidad de género
y otras creaciones poéticas equivalentes?
Esa resistencia a mantener una educación moral represiva, amparada
tras elucubraciones mentales sobre presuntas virtudes de castidad, continencia
y fidelidad, es cosa obsoleta y periclitada. El Salvador debe ponerse
al día, alinearse con el Fondo de Población, la Unicef,
la OMS, la IPPF, y otros expertos mundiales entre los que me cuento
y entrar con paso decidido por la nueva educación sexual globalizante.
Sí es necesario se debe estudiar y yo, desde luego, lo propongo,
que se cambie ese nombre tan confesional de El Salvador
por otro más al día, por ejemplo el de El condón
y la capital, consecuentemente, y para no repetir demasiado, que se cambie
a San preservativo. Seguro que ganamos un premio de las Naciones
Unidas y que el Comité del Protocolo para el CEDAW nos nombra país
ejemplo de la humanidad.
No hagan caso a los que insisten en que con la nueva educación
globalizada aumenta el Sida, otras enfermedades de transmisión
sexual y otras lindezas. Es posible que sea cierto pero, por lo demás,
¿qué importa? Ya dice el refrán que sarna con
gusto no pica. Porque y es lo importante ¿y lo
mucho que disfrutaron antes de quedar contagiados? El que quiere orgasmo
libertario, es justo que algo le cueste. Pues de eso se trataba: esa es
la felicidad que se perseguía, la de animalitos libres y retozones
¿o es que lo quieren todo?
Porque escuchen- la finalidad esencial se va consiguiendo: cada
vez hay menos niños, que son gritones, se hacen pipí y pupú
y quitan mucho tiempo para cosas de veras importantes.
La población se encoge según le damos al gusto, como en
La piel de zapa, del bueno de don Honoré de Balzac.
Cierto que cada vez hay más viejos y cada vez son más sinvergüenzas.
Pero eso se solucionará en una segunda etapa, cuando se adopten
mundialmente las leyes sobre eutanasia.
Es posible que con unos pocos años más de este estupendo
desmadre mundial, la población de algunos países desaparezca
por completo. Mejor que mejor. Ya todo está previsto. Primero desaparecerán
los países más tontos, los subdesarrollados que creyeron
en todas nuestras consignas, los que entraron en el juego con mayor credulidad.
Pero sus recursos naturales, sus magníficas playas y sus estupendas
reservas forestales, quedarán. Y entonces ¡las disfrutaremos
nosotros, los vencedores, los grandes funcionarios de la internacional
antinatalista!
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.