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Palabras
El burro en el pozo

Una popular historia cuenta de un burro que accidentalmente cayó al fondo de un pozo.

Publicada 11 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Pedro Roque*
El Diario de Hoy

pintorbalaguer@hotmail.com

Los vecinos no tenían cómo sacarlo de allí y al final decidieron dejarlo a su suerte. En fin, el burro estaba viejo, y el pozo, seco y profundo. No había ninguna atractiva razón ni recompensa para realizar tremenda hazaña. Entonces —para hacer menos dolorosa la muerte del asno— decidieron tapar el hoyo con tierra y sepultar al desdichado animal. La desgracia era inminente para el borrico.

Sin embargo —continúa la historia— cuando cada palada de tierra caía sobre el asno, éste se sacudía y subía un poco más de altura. A punto que cada poco de tierra lo iba sacando —paradójicamente— del agujero. Los aldeanos quedaron atónitos ante la astucia del jumento, cuando lo vieron salir airoso del agujero.

Lo que nos enseña el cuento es que cada adversidad de la vida nos sirve para subir un peldaño más para encontrar la salida.

Por tanto, como el pollino en el pozo, cada palada de tierra que te arroje la vida, que te sirva para subir un poco más a la meta, sacudiéndote del infortunio. Pues en algún momento de la vida puedes llegar a estar como el burro, dentro del pozo seco de la adversidad.
Cuando el mundo indiferente no tenga intenciones de sacarte del apremio y —por el contrario— en vez de ayudarte, sepulte más tu esperanza. Entonces debes de recurrir a la astucia del pollino, que vive dentro de cada uno de nosotros... El rucio que pudo, no sólo vencer, sino sacar provecho de la adversidad.


Día a Día
Política derrotista

En algún momento —se está llegando con rapidez a tal estado de cosas—, Occidente tendrá que negarse a cumplir con las demandas de terroristas partiendo de un hecho irrefutable: mientras más se les concede, más van a exigir. Ese fue el caso de Hitler en los albores de la Segunda Guerra Mundial. La política de contención y apaciguamiento del Primer Ministro inglés Chamberlain, condujo a lo vaticinado por Churchill: la deshonra de ese gobierno y la guerra con su secuela de horrores.

El presidente del Gobierno español José Luis Zapatero actúa como Chamberlain y sigue pidiendo que los aliados de Estados Unidos se rindan sacando sus tropas de Iraq. En lugar de la pacificación, lo que se va a producir es el agravamiento, pues los terroristas van a interpretar las posturas de Zapatero como una derrota de Occidente.

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