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La nota del día
Toma mucho tiempo lograr el desarrollo

La dura lección es que ser prósperos, gozar de un alto nivel de vida, es el resultado de las buenas decisiones que tomemos y del trabajo responsable que efectuemos

Publicada 11 de octubre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
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No fue de la noche a la mañana que los países industriales de hoy, “el primer mundo”, alcanzaron sus actuales niveles de prosperidad; hasta hace menos de ochenta años muchos niños en Estados Unidos iban descalzos, como no era raro que alguien muriera de hambre en Francia y Escandinavia. El bienestar para todos es una de las etapas finales del capitalismo, la realización de su innato esplendor; por otra parte no existen pueblos ricos bajo el socialismo o el comunismo.

La buena noticia es que gracias a lo que ahora se sabe sobre economía, a los adelantos científicos y tecnológicos y al imparable intercambio mundial, los pueblos pobres están en condiciones de ahorrar buen tiempo y esfuerzo para superar sus tristes condiciones de vida. Los jóvenes pueden complementar su educación siguiendo atajos (uno de ellos es la Internet) y millones de millones se capacitan trabajando en maquilas y fábricas cuyos productos se distribuyen internacionalmente. La empleada de la maquila de hoy, puede ser la administradora y técnica del mañana: dependerá de su inteligencia, de su responsabilidad y de su empeño, lograr sus aspiraciones.

La velocidad con que progresemos como personas y como país tiene que ver de manera crítica con lo que hagamos y la clase de gente que esté en el poder. El creciente caos de Venezuela es una consecuencia directa del régimen chavista imperante; los pobres venezolanos “pasaron de Guatemala a Guatepeor”. Cuando caiga Chávez tomará un número de años reconstruir institucional, moral y económicamente ese país, como ocurre con los países que pertenecieron al antiguo bloque comunista. El Salvador no se ha podido sobreponer a los graves daños causados por la guerra comunista y el desgobierno duartista. Al día de hoy seguimos pagando las deudas contraídas para poner en pie lo destruido por el FMLN durante la década perdida.

La dura lección es que ser prósperos, gozar de un alto nivel de vida, es el resultado de las buenas decisiones que tomemos y del trabajo responsable que efectuemos. De los parranderos de una época sólo por excepción quedan rastros más tarde como ocurre con los pueblos que han caído en manos de populistas y revolucionarios.

Los ruinosos controles estatales

La experiencia acumulada sobre el manejo exitoso de la economía nos permite acortar el camino y salvarnos de cometer grandes errores. Se ha demostrado que los controles económicos tienden a ser ruinosos, en particular al fijar precios y salarios. Son altamente perjudiciales las restricciones a la importación, los elevados aranceles, los altos impuestos, las cacerías fiscales, el gasto público que sobrepase al ingreso estatal, las elevadas tasas por servicios públicos, el poco ahorro de la gente. Es en exceso nociva la inflación, causada por expansiones del crédito y el gasto público (imprimir billetes).

Los elefantes estatales de manera inexorable caen en la ruina, como sucede con los sistemas de “seguridad social”, empresas del gobierno y entidades manejadas por burocracias. Compárese lo que fue la telefonía cuando era monopolio del gobierno (Antel), con lo que es ahora. O el sistema de pensiones que además de ser un pesada carga sobre todos los salvadoreños, también cayó en la bancarrota de hecho. El más triste caso fue el de la banca, que durante la década perdida se convirtió en la mamandurria de los democristianos. Al final del período todos los bancos estaban quebrados.

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