El Diario de Hoy
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No
fue de la noche a la mañana que los países industriales
de hoy, el primer mundo, alcanzaron sus actuales niveles de
prosperidad; hasta hace menos de ochenta años muchos niños
en Estados Unidos iban descalzos, como no era raro que alguien muriera
de hambre en Francia y Escandinavia. El bienestar para todos es una de
las etapas finales del capitalismo, la realización de su innato
esplendor; por otra parte no existen pueblos ricos bajo el socialismo
o el comunismo.
La buena noticia es que gracias a lo que ahora se sabe sobre economía,
a los adelantos científicos y tecnológicos y al imparable
intercambio mundial, los pueblos pobres están en condiciones de
ahorrar buen tiempo y esfuerzo para superar sus tristes condiciones de
vida. Los jóvenes pueden complementar su educación siguiendo
atajos (uno de ellos es la Internet) y millones de millones se capacitan
trabajando en maquilas y fábricas cuyos productos se distribuyen
internacionalmente. La empleada de la maquila de hoy, puede ser la administradora
y técnica del mañana: dependerá de su inteligencia,
de su responsabilidad y de su empeño, lograr sus aspiraciones.
La velocidad con que progresemos como personas y como país tiene
que ver de manera crítica con lo que hagamos y la clase de gente
que esté en el poder. El creciente caos de Venezuela es una consecuencia
directa del régimen chavista imperante; los pobres venezolanos
pasaron de Guatemala a Guatepeor. Cuando caiga Chávez
tomará un número de años reconstruir institucional,
moral y económicamente ese país, como ocurre con los países
que pertenecieron al antiguo bloque comunista. El Salvador no se ha podido
sobreponer a los graves daños causados por la guerra comunista
y el desgobierno duartista. Al día de hoy seguimos pagando las
deudas contraídas para poner en pie lo destruido por el FMLN durante
la década perdida.
La dura lección es que ser prósperos, gozar de un alto nivel
de vida, es el resultado de las buenas decisiones que tomemos y del trabajo
responsable que efectuemos. De los parranderos de una época sólo
por excepción quedan rastros más tarde como ocurre con los
pueblos que han caído en manos de populistas y revolucionarios.
Los ruinosos controles estatales
La experiencia acumulada sobre el manejo exitoso de la economía
nos permite acortar el camino y salvarnos de cometer grandes errores.
Se ha demostrado que los controles económicos tienden a ser ruinosos,
en particular al fijar precios y salarios. Son altamente perjudiciales
las restricciones a la importación, los elevados aranceles, los
altos impuestos, las cacerías fiscales, el gasto público
que sobrepase al ingreso estatal, las elevadas tasas por servicios públicos,
el poco ahorro de la gente. Es en exceso nociva la inflación, causada
por expansiones del crédito y el gasto público (imprimir
billetes).
Los elefantes estatales de manera inexorable caen en la ruina, como sucede
con los sistemas de seguridad social, empresas del gobierno
y entidades manejadas por burocracias. Compárese lo que fue la
telefonía cuando era monopolio del gobierno (Antel), con lo que
es ahora. O el sistema de pensiones que además de ser un pesada
carga sobre todos los salvadoreños, también cayó
en la bancarrota de hecho. El más triste caso fue el de la banca,
que durante la década perdida se convirtió en la mamandurria
de los democristianos. Al final del período todos los bancos estaban
quebrados.