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El Diario de Hoy
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Desde el instante en que el jonrón de Aaron Boone rebasó
el muro del jardín izquierdo en octubre pasado, los Yanquis y los
Medias Rojas se han estado preparando para esto.
Los forcejeos por la contratación de Alex Rodríguez, los
duelos verbales entre los dueños, las trifulcas en el terreno,
hicieron que esta revancha fuese, si no inevitable, al menos predestinada.
A partir de mañana, los jugadores, los fanáticos
y la televisión van a tener lo que querían: Nueva
York y Boston, luchando por el pase a la Serie Mundial.
Un choque de titanes por el banderín, dijo Boone ayer.
No me lo voy a perder.
La histórica rivalidad saca a flote lo mejor y lo peor de ambos
equipos, y deja a estos enconados rivales, con las nóminas más
abultadas en las Grandes Ligas, concentrados el uno en el otro por encima
de todo.
A menos que ambos equipos estuviesen en el mismo estadio, los partidos
de las series de primera ronda de los playoffs parecieron más un
preludio o un epílogo. El triunfo de 3-1 de Nueva York sobre Minnesota
fue meramente un aperitivo, la barrida de Boston en tres juegos sobre
Anaheim, lo mismo.
La serie que vio disputarse los siete partidos en octubre pasado y coronada
por el cuadrangular de Boone en el undécimo episodio ante Tim Wakefield,
ha sido mostrada una y otra vez en Nueva York.
Los fanáticos de los Medias Rojas solamente encontraron consuelo
en el hecho de que los Yanquis estaban tan agotados que cayeron 4-2 ante
Florida en la Serie Mundial.
Boone, cuya lesión tras la temporada pasada hizo que los Yanquis
adquiriesen a Rodríguez, mirará la serie como espectador.
Y no hay duda de quiénes son sus favoritos. Tengo que decir
los Yanquis, dijo.

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