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| Satisfecho. El mandatario norteamericano y su
esposa Laura participan en un mitin, un día después
del reñido debate. Foto AP |
DPA
El Diario de Hoy
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El
alivio estaba pintado en su cara: relajado y lleno de ánimos, George
W. Bush estrechó las manos de numerosos asistentes a su segundo
duelo televisivo con su rival ante las elecciones presidenciales estadounidenses,
el demócrata John Kerry.
El candidato republicano tenía motivos suficientes para estar satisfecho.
Tras su actuación en el primer debate televisivo de los candidatos
la semana pasada, en la que según la opinión generalizada
tuvo una actuación floja, en la Universidad Washington de San Luis
(Misuri) logró su comeback, su regreso al ruedo.
Con pasión y una sensible mayor seguridad que en la primera ocasión,
el Presidente encaró a las preguntas del público, frente
al tranquilo y seguro de sí mismo John Kerry.
De este modo no hubo prácticamente ningún perdedor en un
debate plagado de fuertes contrastes de contenido, sino más bien
dos ganadores, algo que se reflejó en las primeras encuestas dadas
a conocer ayer.
Así, aunque una mayoría declaró ganador al senador
demócrata por Massachusetts, ésta ventaja fue muy estrecha.
Lo que quiere decir que todo sigue abierto ante el tercer y último
enfrentamiento verbal ante las cámaras, el 13 de octubre en Arizona.
Si en el primer encuentro de los dos contrincantes en Florida la atención
se centró en Kerry, a quien las encuestas situaban por detrás
de Bush, en esta ocasión las miradas estaban fijas en el mandatario,
a quien su debilidad en materia de debates le había costado la
ventaja de la que hasta entonces disfrutaba. Bush estaba sometido a una
gran presión para detener la tendencia favorable hacia su rival
antes de que ésta se convirtiera en un auténtico problema.
Las cámaras no sorprendieron al Presidente con la irritada expresión,
las muecas de enfado que tantos puntos le costaron en Florida.
El mandatario dio la impresión de sentirse muy agusto con el contacto
directo con el público. Incluso en una ocasión bromeó
sobre sus errores en el primer debate.
También Kerry se sintió cómodo con el relajado formato
de este debate en el que los candidatos tenían que responder a
las preguntas elegidas por un moderador, pero realizadas por electores
indecisos. Estas fueron desde la cuestión de Iraq hasta política
doméstica y social.