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Don Lito
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Recuerdo a mi abuelita doña Catalina viuda de Montalvo cuando repetía
la frase del poeta Jorge Manrique, que todo tiempo pasado fue mejor.
Nada más cierto que el contenido de ese postulado, tanto así
que se ha venido repitiendo de generación en generación.
Siempre añoramos aquellos tiempos más calmados y posiblemente
así lo dirán nuestros nietos.
Yo todavía vi en San Salvador gente cabalgando en burros y boyeros
conduciendo carretas cargadas de leña, pregonando su mercancía
por los barrios capitalinos.
En algunos pueblos aún se ven jinetes montados en sus machos, sin
que les preocupe el aumento de los precios de la gasolina.
Pero éstas ya son raras excepciones. La tracción animal
pasó a la historia y lo que queda de ella es sólo para el
recuerdo.
Ya no hay herrerías donde se fabricaban ruedas de carreta con cinchas
de hierro, herraduras y espuelas. Ahora han sido sustituidas por ventas
de baterías y llantas.
El pick up desplazó a la carreta. Yo me pregunto que pasaría
si de repente la gasolina subiera a cuatro dólares el galón
y que no hubiera repuestos para los vehículos. Quizá volveríamos
a la época del burro y la carreta.
Este es un país medio raro.
Según las encuestas, el cincuenta por ciento de los salvadoreños
quiere emigrar, a los Estados Unidos por supuesto, para mantener al otro
cincuenta por ciento que se queda en El Salvador.
Ésto podría significar que de pronto nadie querrá
trabajar y, como ya está sucediendo en Oriente, habrá que
emplear mano de obra hondureña o nicaragüense para levantar
cosechas.
Mucha gente se está volviendo remesera, adicta a las
remesas y la verdad: para qué trabajar si otros lo hacen por uno
allá en el frío Nueva York o en el cálido Mayami.
Nos hicieron dependientes del petróleo y ahora sencillamente nos
suben los precios, y tenemos que pagar.
¡Ojalá hubiera sucedido algo diferente! Hacer por ejemplo
a todos los habitantes de la tierra adictos y dependientes del café.
Seríamos multimillonarios. Con tres que cuatro palitos del aromático,
tendríamos para vivir cómo jeques árabes.
Tenemos un lindo país, pero no producimos nada espectacular, no
tenemos grandes cataratas, ni un hombre de dos cabezas, ni grandes figuras
del fútbol. Casi todo lo importamos, estamos llenos de vehículos
que gastan mucho combustible.
Yo se los dije desde hace mucho tiempo: démosle motos y bicicletas
al pueblo, no cobremos matrícula para las motos, ni las licencias.
Tomemos modelo de Taiwán, un país rico, donde la mayoría
de su población se transporta en motocicletas, y les viene del
norte que los productores de petróleo le suban precio al crudo.
Una moto gasta un galón a la semana. Pero no, aquí todos
queremos andar encasquetados en un carro y las motos valen un chinguilín
de pisto por los impuestos, tanto de importación como de trámites.
Todavía es tiempo de cambiar señores del gobierno.
Con el dinero que recupere de Anda, subvencionen las motos y las bicicletas.
Así aliviarán la economía de los salvadoreños
y los harán más productivos, pues sin movilidad no hay empleos.
No está lejano el día que veamos las bellas y modernas autopistas
y calles vacías porque nadie tendrá pista para pagar la
gasolina.
No sigamos sumidos en la esperanza de que los precios del petróleo
van a bajar y que los del café van a subir, eso es como vivir en
la luna, como creer en pajaritas preñadas.
El país debe de tomar otro rumbo, señores del gobierno,
oigan a los locos, pues de allí les saldrán ideas brillantes,
ya que los cuerdos que ustedes tienen como asesores no han hecho nada.
De seguir así la situación y si se cumplen las profecías
de Nostralitos, el cincuenta por ciento de los habitantes
emigrará, y el restante tendrá que andar en burros...si
los encuentran.

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