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| Dolor. Olga Beltrán y Mario Hernández
se lamentan al ver el cuerpo de su pequeño hijo.
Foto EDH |
Óscar Iraheta
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Inmersa
en un estado de shock nervioso, Olga Beltrán, de 35 años,
lloraba incansablemente ayer sentada en una vieja cama en su humilde vivienda.
Y no era para menos, una fuerte corriente de agua arrastró, el
jueves pasado, a sus dos hijos, José Jhoalmo Beltrán Hernández,
de seis años, y Joselin Abigaíl, de cinco.
La tragedia sucedió por la tarde en la Colonia Villa España,
del municipio de San Agustín, departamento de Usulután.
La mujer recordaba con mucho dolor los últimos momentos que vivió
junto a sus pequeños, mientras veía las fotografías
de ellos, las cuales besaba una y otra vez.
De acuerdo con algunos vecinos, los pequeños salieron de su casa
a botar la basura a un lugar conocido como la Quebrada Seca, ubicada a
200 metros de su hogar.
Más tarde, ese día, José David Mejía, de 53
años, escuchó el ruido de la corriente y decidió
ir a ver cómo descendía. Al llegar al lugar, el hombre se
percató de la presencia de los hermanos Beltrán, quienes
se encontraban en la parte baja del lugar intentado agarrarse de unos
pequeños arbustos y gritaban pidiendo auxilio.
Cuando intentó bajar para rescatarles, una pequeña rama
golpeó los cuerpos de los menores sumergiéndolos en la correntada
que arrastraba árboles, piedras y todo lo que encontraba a su paso.
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Todo sucedió en menos de 15 segundos. Los
niños estaban en una parte muy difícil de llegar, lo que
más lamento es que vi cómo se los llevaba el agua y no pude
hacer nada, contó el hombre consternado.
Ese lugar siempre se mantiene seco, únicamente baja agua
cuando llueve en la parte de arriba. Fue por eso que los infantes se confiaron
en bajar.
Y agregó: Nunca había vivido algo similar, ayer en
la noche no pude conciliar el sueño.
El cuerpo de Joselin fue encontrado el mismo jueves, a más de 25
kilómetros de donde sucedió la tragedia, en el sitio llamado
Cuche Monte, cerca de la Bahía de Jiquilisco; mientras que el de
José, ayer por la mañana, a pocos metros del mismo lugar.
La vivienda de la familia Beltrán ayer no daba abasto para la gran
cantidad de parientes y amigos que llegaron a acompañar a los dolientes.
Despedida
A la una de la tarde todo estaba listo para darle el último
adiós a los pequeños. Decenas de personas salieron rumbo
a la Iglesia de San Agustín. Ahí otra gran cantidad de allegados
les esperaba.
Son ángeles que ya habitan en el reino de los cielos,
comentaba el párroco del pueblo. Después de una misa, emprendieron
el viaje rumbo al cementerio general del municipio.
Me duele mucho haber visto cómo se los
llevó la corriente y no poder hacer nada por su rescate
José Mejía
Habitante del lugar