Pedro
Roque*
El Diario de Hoy
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Para
proponer alternativas razonables al sector de transporte de pasajeros
sobre cómo mejorar la calidad y rentabilizar de las empresas, es
necesario entender cómo funciona en su realidad actual y, por otro
lado, conocer cómo piensan y cuáles son las creencias y
conductas básicas de las personas que forman parte del sistema.
En función de la crisis económica del sector, cualquier
propuesta de mejora, además de aplicable y razonable, debe ser
sobre todo rentable a corto plazo. Enfatizo rentables,
porque todas las empresas, para mantenerse y proporcionar a su gente una
mejor calidad de vida, deben esforzarse en incrementar la rentabilidad
Y la rentabilidad, al final, es el resultado económico positivo
de la resta entre los ingresos y los gastos, incluyendo también
las inversiones, las amortizaciones y los impuestos, además de
los gastos fijos y variables.
De nuevo, después de muchos años de no ser usuario del sistema
de transporte público, he iniciado una serie de actividades relacionadas
con ese rubro, para saber más sobre cómo funciona en la
actualidad este sistema y conocer un poco mejor cuáles son los
elementos que lo hacen funcionar bien, menos bien, mal o muy mal.
En la actualidad, además de los costos y desperdicios generados
por las conductas de los que intervienen diariamente en el sistema de
transporte, se suma el alza de los precios de los combustibles y los derivados
del petróleo, pues un bus no sólo consume diesel, sino también
aceites, grasas y otros productos provenientes del petróleo, que
si las tendencias no cambian, dentro de poco, también subirán
de precio.
Circulando en varios buses para entender mejor su funcionamiento y cómo
el motorista se desplaza entre el desorden del tráfico de la ciudad,
he observado una serie de conductas que son las que en principio hay que
cambiar, reorientando primero las creencias, para que, haciendo cada uno
la parte que le corresponde, el sistema comience poco a poco a cambiar
y a ser más rentable.
Pienso que para mejorar la rentabilidad de las empresas de transporte,
una de las cosas que tienen que hacer los empresarios es concentrarse
en cómo rentabilizar la empresa desde adentro. Estoy
convencido de que la focalización en una mejor organización
y en el reordenamiento conceptual interno será mucho más
efectiva en términos de la rentabilidad de los aspectos manejables
por la misma empresa, que las consecuencias de las políticas relacionadas
con el sistema de transporte.
Y no es que piense que las políticas del transporte entre los usuarios,
las empresas y las autoridades no sean importantes, claro que lo son,
pero su repercusión en cada empresa será más o menos
positiva, con relación a la organización y las disciplinas
internas de las personas que trabajan en cada empresa.
El alza de los precios del petróleo es una variable externa al
sistema de transporte que, bien manejada, representa una gran oportunidad
para el sector de transporte público
Imagínense que
toda la gente que va en carro a sus trabajos, de pronto decide retomar
el uso del transporte público. El crecimiento de los ingresos puede
ser muy significativo y conseguir que la empresa sea mucho más
rentable, a pesar del alza de los precios de los derivados del petróleo.
Pero para que este fenómeno se dé, la empresa de transporte
debe estar en condiciones de ofrecer una calidad consistente de servicio,
puntualidad y, sobre todo, seguridad durante el trayecto y amabilidad
en el trato a los viajeros.
Sentado de nuevo como usuarios en el asiento de adelante, observando y
entendiendo el entorno y el puesto de trabajo de un motorista que circula
dentro del caos del tránsito de las calles principales de la ciudad,
entiende uno mejor determinadas conductas, hábitos y creencias
sobre las que se sustenta y rueda nuestro sistema de transporte.
Se sube un predicador que durante diez minutos con voz fuerte y amenazante
e refiere a los culpables de lo que sucede en nuestra sociedad, critica
al gobierno y al mismo tiempo se refiere a la discriminación de
las iglesias. Al final no se concluye en representación de quién
expresa lo que dice ni a quién va dirigido. Pero si molesta a los
viajeros, quienes inclinan la cabeza para desentenderse del predicador,
el cual, al ver esta actitud, habla más fuerte y enfatiza sus palabras
condenatorias.
Pasada esta aventura y pensando que el trayecto hasta el final será
tranquilo, de pronto, por la puerta de atrás, se suben por lo menos
seis vendedores ofreciendo plátanos, agua, güisquiles, papel
higiénico, peines y otras cosas
Más adelante abordan
el bus dos personas con aspecto amenazante y sin decir nada una se sienta
y la otra se queda parada.
El motorista, que en sus largas jornadas asume estas situaciones como
parte de su entorno, tiene que hacer entre ochenta y cien paradas en su
ruta hasta que vuelve a su punto de partida. Entre parada y parada, cambiar
de velocidad entre cuatro y cinco veces y parar, además, en por
lo menos 25 semáforos. Cada vez que arranca tiene que aguantar
el ruido ensordecedor y las vibraciones del motor que sobrepasa cien decibelios
y, al mismo tiempo que cobra, debe vigilar para evitar que los listos
se cuelen por la puerta trasera. Así es la cosa.
La cultura y los hábitos de los usuarios del transporte también
se deben modificar y no creo que sea muy difícil, si desde adentro
de las empresas se cambian determinadas condiciones.
¿Es posible mejorar el sistema de transporte de viajeros? Contundentemente
SÍ. Y además se puede y debe hacer, consiguiendo que las
empresas sean más rentables. El reto aquí es empezar.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.