elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Tema del momento
Entendiendo el transporte de pasajeros

Pienso que para mejorar la rentabilidad de las empresas de transporte, una de las cosas que tienen que hacer los empresarios es concentrarse en cómo rentabilizar la empresa “desde adentro”.

Publicada 10 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Pedro Roque*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Para proponer alternativas razonables al sector de transporte de pasajeros sobre cómo mejorar la calidad y rentabilizar de las empresas, es necesario entender cómo funciona en su realidad actual y, por otro lado, conocer cómo piensan y cuáles son las creencias y conductas básicas de las personas que forman parte del sistema.

En función de la crisis económica del sector, cualquier propuesta de mejora, además de aplicable y razonable, debe ser sobre todo “rentable” a corto plazo. Enfatizo “rentables”, porque todas las empresas, para mantenerse y proporcionar a su gente una mejor calidad de vida, deben esforzarse en incrementar la rentabilidad… Y la rentabilidad, al final, es el resultado económico positivo de la resta entre los ingresos y los gastos, incluyendo también las inversiones, las amortizaciones y los impuestos, además de los gastos fijos y variables.

De nuevo, después de muchos años de no ser usuario del sistema de transporte público, he iniciado una serie de actividades relacionadas con ese rubro, para saber más sobre cómo funciona en la actualidad este sistema y conocer un poco mejor cuáles son los elementos que lo hacen funcionar bien, menos bien, mal o muy mal.

En la actualidad, además de los costos y desperdicios generados por las conductas de los que intervienen diariamente en el sistema de transporte, se suma el alza de los precios de los combustibles y los derivados del petróleo, pues un bus no sólo consume diesel, sino también aceites, grasas y otros productos provenientes del petróleo, que si las tendencias no cambian, dentro de poco, también subirán de precio.

Circulando en varios buses para entender mejor su funcionamiento y cómo el motorista se desplaza entre el desorden del tráfico de la ciudad, he observado una serie de conductas que son las que en principio hay que cambiar, reorientando primero las creencias, para que, haciendo cada uno la parte que le corresponde, el sistema comience poco a poco a cambiar y a ser más rentable.

Pienso que para mejorar la rentabilidad de las empresas de transporte, una de las cosas que tienen que hacer los empresarios es concentrarse en cómo rentabilizar la empresa “desde adentro”. Estoy convencido de que la focalización en una mejor organización y en el reordenamiento conceptual interno será mucho más efectiva en términos de la rentabilidad de los aspectos manejables por la misma empresa, que las consecuencias de las políticas relacionadas con el sistema de transporte.

Y no es que piense que las políticas del transporte entre los usuarios, las empresas y las autoridades no sean importantes, claro que lo son, pero su repercusión en cada empresa será más o menos positiva, con relación a la organización y las disciplinas internas de las personas que trabajan en cada empresa.

El alza de los precios del petróleo es una variable externa al sistema de transporte que, bien manejada, representa una gran oportunidad para el sector de transporte público… Imagínense que toda la gente que va en carro a sus trabajos, de pronto decide retomar el uso del transporte público. El crecimiento de los ingresos puede ser muy significativo y conseguir que la empresa sea mucho más rentable, a pesar del alza de los precios de los derivados del petróleo.

Pero para que este fenómeno se dé, la empresa de transporte debe estar en condiciones de ofrecer una calidad consistente de servicio, puntualidad y, sobre todo, seguridad durante el trayecto y amabilidad en el trato a los viajeros.

Sentado de nuevo como usuarios en el asiento de adelante, observando y entendiendo el entorno y el puesto de trabajo de un motorista que circula dentro del caos del tránsito de las calles principales de la ciudad, entiende uno mejor determinadas conductas, hábitos y creencias sobre las que se sustenta y rueda nuestro sistema de transporte.

Se sube un predicador que durante diez minutos con voz fuerte y amenazante e refiere a los culpables de lo que sucede en nuestra sociedad, critica al gobierno y al mismo tiempo se refiere a la discriminación de las iglesias. Al final no se concluye en representación de quién expresa lo que dice ni a quién va dirigido. Pero si molesta a los viajeros, quienes inclinan la cabeza para desentenderse del predicador, el cual, al ver esta actitud, habla más fuerte y enfatiza sus palabras condenatorias.

Pasada esta aventura y pensando que el trayecto hasta el final será tranquilo, de pronto, por la puerta de atrás, se suben por lo menos seis vendedores ofreciendo plátanos, agua, güisquiles, papel higiénico, peines y otras cosas… Más adelante abordan el bus dos personas con aspecto amenazante y sin decir nada una se sienta y la otra se queda parada.

El motorista, que en sus largas jornadas asume estas situaciones como parte de su entorno, tiene que hacer entre ochenta y cien paradas en su ruta hasta que vuelve a su punto de partida. Entre parada y parada, cambiar de velocidad entre cuatro y cinco veces y parar, además, en por lo menos 25 semáforos. Cada vez que arranca tiene que aguantar el ruido ensordecedor y las vibraciones del motor que sobrepasa cien decibelios y, al mismo tiempo que cobra, debe vigilar para evitar que los listos se cuelen por la puerta trasera. Así es la cosa.

La cultura y los hábitos de los usuarios del transporte también se deben modificar y no creo que sea muy difícil, si desde adentro de las empresas se cambian determinadas condiciones.

¿Es posible mejorar el sistema de transporte de viajeros? Contundentemente SÍ. Y además se puede y debe hacer, consiguiendo que las empresas sean más rentables. El reto aquí es empezar.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

elsalvador.com WWW