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La nota del día
Rechazan gente que es un tesoro

A un ecuatoriano o salvadoreño sólo se le tiene que dar algo de educación para que se integre a la vida de los países desarrollados

Publicada 10 de octubre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Pese a las apocalípticas visiones de los natalistas, los herodes de nuestra época, en grandes regiones del mundo la población está decreciendo, sobre todo en los países desarrollados. Italia, Francia, España, Alemania, Suecia, son naciones con índices negativos de crecimiento poblacional, al punto que, en Italia, son más las personas mayores de setenta años, que los menores de quince.

De mantenerse la tendencia, en cien años, a menos que se consiga extender el promedio de vida a ciento veinte o ciento cincuenta años, la población en Europa será menos del cinco por ciento de la actual. En tal escenario el continente será invadido por chinos, hindúes y paquistaníes, que presumiblemente van a destruir mucho de lo que encuentren.

Tómese el caso de África. A causa del Sida, de desastres naturales, de la incapacidad de sus sociedades para modernizarse, el continente va en retroceso, al punto de que vastas zonas están quedando despobladas. Hay países literalmente diezmados por el Sida, que enfrentan el grave problema de contar con millones o centenares de miles de huérfanos (los huérfanos del Sida) que a duras penas se cuidan y que no hay forma de educar, debido a que también los maestros se están muriendo. Y la enfermedad es incontrolable, pues la población cree que la cura del Sida es a través de la superchería, no con medicamentos. En el África del Sur, los negros creen que el Sida se cura teniendo relaciones con una virgen, lo que provocan un espantoso número de violaciones.

¿Quién va a llenar esos vacíos que están presentándose en el Primer Mundo? Gente con alguna capacidad, sin fanatismos religiosos o tradiciones culturales aniquilantes, no la hay en abundancia. Europa no puede recurrir a las poblaciones del Este, por el medular rechazo a lo occidental que padecen (los musulmanes), y su cultura tan opuesta. Y África, como decimos, es ahora un continente moribundo, tan moribundo que los estadounidenses, los grandes patrocinadores del control natal, han abandonado esos programas allá.

Déjenles ganar sus propios espacios

Lo que queda es Hispanoamérica, donde la tradición cultural, los idiomas, la religión y las nociones morales y éticas son parte de la herencia cristiano-occidental. A un marroquí o un sirio hay que rehacerle mentalmente, antes de que pueda encajar con lo que es norma y alma en Francia o Suecia. Pero a un ecuatoriano o salvadoreño sólo se le tiene que dar algo de educación para que se integre en la vida de los países desarrollados.

El problema que por lo general surge es debido a los programas benefactoristas, que tiene un gran costo y por lógica no se pueden poner a disposición del que llega sin haber contribuido a ello. Se dice que los salvadoreños que emigran a Estados Unidos (los mojados) son extraordinariamente productivos y diligentes mientras no se legalizan, pero una vez que lo hacen, quieren depender de la Seguridad Social y los colchones a la holganza. La forma de arreglarlo es excluir al inmigrante de toda forma de benefactorismo durante diez o quince años. Y eso deberían hacer los suecos, que están quedándose sin gente pero que rechazan la que les llega y que son un pequeño tesoro.

Son un tesoro porque mal que bien aquí se han educado y disciplinado, sin que estadounidenses o suecos paguen la factura. Australia tiene muy buena experiencia con la inmigración salvadoreña.

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