María A. de López
Andreu*
El Diario de Hoy
scastellanos@elsalvador.com
El
tema del liderazgo tiene, cada vez, mayor relevancia. Abundan seminarios,
libros y vídeos sobre este asunto, diciéndonos cómo
convertirnos en líderes, qué actitudes adoptar y cuáles
reglas mágicas seguir para lograrlo.
Generalmente, identificamos la palabra liderazgo como sinónimo
de éxito. Y, desde mi óptica muy personal, no necesariamente
es así; son temas diferentes.
Porque el liderazgo va mucho más allá. No es una pose,
no se trata de llenar un perfil ni de encumbrarse: es un asunto de responsabilidad,
sacrificio, mística y superación. Un líder obtiene
el éxito, porque alcanza sus metas y objetivos. Haciendo triunfar
a otros, triunfa para sí
aunque no siempre triunfe ante los
ojos del mundo. Si no ¡recordemos a Jesús!
Líder un anglicismo se deriva del verbo
to lead, guiar. Liderazgo es saber guiar, y no de cualquier
modo, sino correctamente; es inspirar a los demás la determinación
y confianza en sí mismos, necesarias para fijar y alcanzar sus
propias metas, dando lo mejor de sí. Diría que liderazgo
es la suma de todos los valores (éticos, morales, espirituales,
cívicos, culturales), reunidos en el ser y hacer de una misma persona.
Algunos consideran que líder es quien manda,
y se dedican entonces a dar órdenes con actitudes equivocadas:
autoritarismo, prepotencia, incluso violencia verbal o psicológica.
Debemos comprender que líder es quien puede convencer a otros para
apoyarle, formar equipo y alcanzar sus metas y objetivos comunes. David
Gergen dice que la función de un líder es elevar las
aspiraciones de las personas y liberar sus energías para que traten
de realizarlas.
De eso, exactamente, se trata, de elevar las aspiraciones,
propias y ajenas, alejándonos de la mediocridad.
El líder ¿nace o se hace? Quienes tienen liderazgo son personas
que, en su diario vivir, son congruentes en sus sentimientos, pensamientos,
palabras y acciones. Y eso se percibe. Quienes les rodean saben que es
alguien en quien pueden confiar, e instintivamente se inclinan a seguirle.
El verdadero líder centra su vida en valores: no en personas, no
en posesiones, sino en principios inalterables y trascendentes.
Sabe trazar su rumbo y lo sigue; sabe quién es y hacia dónde
va. No se trata, pues, de condiciones con las cuales nacemos, como tener
ojos azules o piel morena; tener madera de líder requiere
de virtudes que perfectamente podemos ir adquiriendo a través de
la vida.
Para desarrollar esas condiciones, debemos trabajar desde otras cualidades,
aún más básicas. Por ejemplo: el orden. Éste
nos disciplina para fijar las prioridades y desarrolla en nosotros cierta
mentalidad matemática, indispensable para calcular
el riesgo/beneficio de nuestras acciones. Y lo más importante:
el orden nos ayuda a construir una adecuada escala de valores.
Un líder también tiene amor al aprendizaje constante, con
lo que desarrolla aún más su iniciativa y amplitud de visión.
Y, definitivamente, la capacidad de comunicación es la parte crucial
del liderazgo, porque las palabras son la materia prima de
las ideas; una persona que no sabe exponer sus pensamientos, difícilmente
podrá guiar a otros, ¿cómo va a elevar las
aspiraciones de las personas y liberar sus energías sin facilidad
de expresión?
Por otra parte, un líder debe ser humilde, sincero, honrado consigo
mismo y con los demás y pronunciar frecuentemente las palabras
por favor, gracias, te felicito, lo hiciste
muy bien y lo siento, me equivoqué. Porque el
líder reconoce y asume inmediatamente sus errores.
Hay una responsabilidad ineludible para ejercer el liderazgo, y es la
de asumir el compromiso y la obligación de velar por la superación
personal, profesional y espiritual de uno mismo y de quienes le rodean.
Esta es una tarea que no acaba jamás. En el hogar, en el trabajo,
en la vida social, en todas partes, podemos ser una influencia positiva
o negativa. El verdadero líder es siempre una influencia positiva.
No quiere decir que no se equivoca, o que todo lo hace perfecto. Quiere
decir que es capaz de reconocer sus errores, corregirlos y obtener de
ellos lecciones provechosas para sí y para los demás.
En pocas palabras: el líder llega a la cumbre
pero no llega
solo: llega en compañía de quienes le rodean. ¡Y triunfan
todos!
Convirtamos a El Salvador en un país de líderes.
*Columnista de El Diario de Hoy.