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| Doble pena. En una iglesia, construida de láminas
y madera, fueron velados los cuerpos de los muchachos fallecidos.
Foto EDH |
Jaime García
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
¿Qué voy a hacer sin mis niños? Ellos ya estaban
bien grandes y bonitos, decía desconsolada doña María
Concepción Rodríguez al pensar en sus hijos, José,
de cinco años y Jesy Elizabeth, de 13.
Ambos murieron ahogados el miércoles al ser arrastrados por una
correntada del río San José, en el cantón Corinto,
en Zaragoza, La Libertad.
¡Ay, mamita! Déle gracias a Dios que me corrí
del río, le expresó su hijo Edwin, de ocho,
tratando de consolarla. El pequeño sobrevivió al percance.
Familiares dijeron que eran las 4:00 de la tarde cuando los menores estaban
bañándose en el pequeño caudal. Hacía sol
y no se anunciaban lluvias. Otros nueve infantes estaban con ellos.
Sin embargo, una fuerte tormenta que cayó en Santa Tecla hizo crecer
el río. El torrente bajó sorpresivamente a donde estaban
los chiquillos.
José y Jeny no pudieron salir del agua y fueron arrastrados. Su
hermano Edwin logró salir cuando casi desaparecía entre
la fuerte corriente.
Los otros niños corrieron a sus casas a avisar lo que ocurría.
De inmediato algunos lugareños emprendieron la búsqueda
de los dos infortunados.
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| Recuerdo. Jeny Elizabeth, José y Edwin
Foto EDH |
Otros vecinos fueron a la fábrica donde labora
doña María Concepción para avisarle de lo ocurrido.
A casi un kilómetro de donde desaparecieron los menores, fue encontrado
el cadáver de Jeny Elizabeth.
Una amiga de la víctima, Claudia Jiménez,
fue a su casa para buscar una manta y taparle su cuerpo.
Yo ví que a la niña se la llevó el río,
pero no pudimos hacer nada, se lamentó.
La búsqueda del otro muchacho continuó hasta entrada la
noche, pero se suspendió porque comenzó a llover y estaban
en una zona barrancosa, explicó Juan Rodríguez.
Al amanecer se reanudó la búsqueda. No fue hasta eso de
las 8:15 de la mañana que los rescatistas encontraron el cuerpo
del chico flotando en una pequeña poza. Había recorrido
unos seis kilómetros desde donde desapareció.
Los forenses determinaron que los niños murieron de asfixia
por inmersión (ahogados).
Donación
La noticia de la tragedia se difundió rápidamente en la
localidad. La Alcaldía de Zaragoza donó uno de los ataúdes.
Los féretros con los cuerpos de los pequeños fueron velados
ayer en una iglesia católica del Complejo Habitacional Zaragoza.
En el templo, construido de láminas y madera, se aglomeraron los
vecinos y menores que sobrevivieron a la correntada.
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| Consuelo. Doña María recibe muestras
de solidaridad. Foto EDH |
Doña María Concepción parecía
desmayar cuando conocidas se le acercaban para darle el pésame.
¿Qué voy a hacer ahora sin mis hijos, Señor?,
decía mientras un grupo de mujeres le intentaba dar cucharadas
de sopa. Tiene que comer algo. Debe ser fuerte para soportar los
entierros, le recomendaban.
Niños de la zona afirmaron que usualmente el río es manso.
Explicaron que se bañan en la poza conocida como El Perol
o en El Paso, pero que debido a que hay una enorme piedra
en la parte alta, nadie se puede percatar del crecimiento del caudal cuando
llueve en otros lugares.
María Cruz, una lugareña mayor, afirmó que el río
se ha llevado a unas tres gentes en los últimos dos
años y que nunca les encontraron.