Rafael Rodríguez Loucel*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Los
diagnósticos sobre la realidad nacional en este país, a
mi juicio, son abundantes. Sin embargo, hay colegas que afirman que se
requiere de un refinamiento y actualización de los mismos. Una
manifestación de nuestro estancamiento es el campo deportivo, sólo
para ejemplificar el tema, algo que la mayoría de la población
comprenderá es la crisis de nuestro balompié, perdiendo
frente a países a los que antes se les ganaba con holgura, y que
hoy en día resultan superiores.
Otro ejemplo más, como botón de muestra, aun
con el riesgo de que me llamen la atención por comentar sobre aspectos
que supuestamente desconozco, es que El Salvador y el resto de la región
no obtuvieron medallas en las pasadas Olimpíadas, lo cual refleja,
además de nuestro escaso desarrollo, la falta de visión
y planificación en todas las cosas que hacemos.
La gente, que es la principal riqueza de este país, ha venido perdiendo
eficacia, productividad en la calidad de su mano de obra a diferencia
del pasado, en el cual tuve la oportunidad de realizar una investigación
sobre el tema de la movilidad de factores productivos en la región,
y constatar que, el producto generado atribuible a la mano de obra salvadoreña
era de los más altos en la región centroamericana.
También el empresario promedio pareciera que pierde competitividad
en algunas ramas de la producción.
En efecto, otra circunstancia adversa que alimenta mi pesimismo
es la caída de las exportaciones y cierre de puestos de trabajo
de la maquila, que implora financiamiento (El Diario de Hoy- 20/ 09/ 2004)
en circunstancias en que el nuevo Presidente ha ofrecido reducir la pobreza
y generar empleo.
Esos hechos podrían parecer aislados o coyunturales, pero son también
el reflejo de una sociedad que padece de inercia, poca capacitación,
irresponsabilidad y otras razones de orden cultural, que se visualizan
en todo su desenvolvimiento interno en el contexto de una globalización,
ya sea por su poca técnica o reducido grado de competitividad y
de respuesta productiva.
Al respecto, no hay país que tenga éxito en cualquier competencia
internacional sin preparación previa. Tampoco hay país en
el mundo, desarrollado o no, que pueda competir con un mínimo de
posibilidades sin cultura de planificación: proactivo en pocas
palabras.
La mayoría de la población requiere superar sus niveles
de pobreza absoluta y relativa (un poco más del 50% de la población
total) en todas sus formas: humana, de ingreso y por necesidades básicas
insatisfechas, proveyéndola de los bienes y servicios básicos
que le permitan longevidad, conocimiento y un nivel de vida decente.
Las necesidades básicas insatisfechas requieren de un crecimiento
con equidad (desarrollo), que responda a una definición decidida
del objetivo de reducción de la pobreza, a través de la
oferta de oportunidades concretas de empleo y de un involucramiento estratégico
e indispensable en la innovación, inversión y participación
social por parte de las empresas de este país, que en el pasado
también produjeron añil, algodón, café y maquila
en forma sucesiva y cronológica.
Nuevos renglones productivos generadores de divisas y empleo se perciben
para subsistir en el corto plazo, pero nada se hace para fortalecer el
mercado interno, clave en la función producción en el mediano
plazo. El compromiso del señor Presidente de generar más
empleo es una promesa que sólo podrá cumplir con una mayor
productividad y con una más alta tasa de crecimiento, metas que
tendrán que ser cumplidas básicamente por un sector que
contribuyó en forma significativa en su elección: la clase
empresarial, cuyo entusiasmo por los resultados electorales no debe ser
efímero, sino perdurable, pero, sobre todo, tangible a través
de su aporte sustancial y de calidad en la función producción.
A la empresa de este país hoy en día se le percibe en forma
apreciable como intermediaria de servicios, en los cuales ya exporta los
de índole financiera. Su papel en la producción primaria
(agrícola) y secundaria (manufacturera) es agónica, débil
y vulnerable; las perspectivas de generación de empleo no son por
tanto muy esperanzadoras, en caso se continúe con poco protagonismo
de la empresa.
El gobierno cuenta con una estrategia de comunicación general,
pero requiere de una capacidad política de persuasión hacia
el empresario con capacidad mayor de inversión y de tributación
para reactivar la economía y no depender en el futuro, como en
el pasado reciente, de una manera quizás perniciosa de las remesas
familiares.
*Lic. en Economía. rloucel@utec.edu.sv