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Analizando
Óptica de nuestro subdesarrollo

Nuevos renglones productivos generadores de divisas y empleo se perciben para subsistir en el corto plazo, pero nada se hace para fortalecer el mercado interno, clave en la función producción en el mediano plazo

Publicada 6 de octubre 2004, El Diario de Hoy


Rafael Rodríguez Loucel*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Los diagnósticos sobre la realidad nacional en este país, a mi juicio, son abundantes. Sin embargo, hay colegas que afirman que se requiere de un refinamiento y actualización de los mismos. Una manifestación de nuestro estancamiento es el campo deportivo, sólo para ejemplificar el tema, algo que la mayoría de la población comprenderá es la crisis de nuestro balompié, perdiendo frente a países a los que antes se les ganaba con holgura, y que hoy en día resultan superiores.

Otro ejemplo más, como “botón de muestra”, aun con el riesgo de que me llamen la atención por comentar sobre aspectos que supuestamente desconozco, es que El Salvador y el resto de la región no obtuvieron medallas en las pasadas Olimpíadas, lo cual refleja, además de nuestro escaso desarrollo, la falta de visión y planificación en todas las cosas que hacemos.

La gente, que es la principal riqueza de este país, ha venido perdiendo eficacia, productividad en la calidad de su mano de obra a diferencia del pasado, en el cual tuve la oportunidad de realizar una investigación sobre el tema de la movilidad de factores productivos en la región, y constatar que, el producto generado atribuible a la mano de obra salvadoreña era de los más altos en la región centroamericana.

También el empresario promedio pareciera que pierde competitividad en algunas ramas de la producción.

En efecto, otra circunstancia adversa que alimenta “mi pesimismo” es la caída de las exportaciones y cierre de puestos de trabajo de la maquila, que implora financiamiento (El Diario de Hoy- 20/ 09/ 2004) en circunstancias en que el nuevo Presidente ha ofrecido reducir la pobreza y generar empleo.

Esos hechos podrían parecer aislados o coyunturales, pero son también el reflejo de una sociedad que padece de inercia, poca capacitación, irresponsabilidad y otras razones de orden cultural, que se visualizan en todo su desenvolvimiento interno en el contexto de una globalización, ya sea por su poca técnica o reducido grado de competitividad y de respuesta productiva.

Al respecto, no hay país que tenga éxito en cualquier competencia internacional sin preparación previa. Tampoco hay país en el mundo, desarrollado o no, que pueda competir con un mínimo de posibilidades sin cultura de planificación: proactivo en pocas palabras.

La mayoría de la población requiere superar sus niveles de pobreza absoluta y relativa (un poco más del 50% de la población total) en todas sus formas: humana, de ingreso y por necesidades básicas insatisfechas, proveyéndola de los bienes y servicios básicos que le permitan longevidad, conocimiento y un nivel de vida decente.

Las necesidades básicas insatisfechas requieren de un crecimiento con equidad (desarrollo), que responda a una definición decidida del objetivo de reducción de la pobreza, a través de la oferta de oportunidades concretas de empleo y de un involucramiento estratégico e indispensable en la innovación, inversión y participación social por parte de las empresas de este país, que en el pasado también produjeron añil, algodón, café y maquila en forma sucesiva y cronológica.

Nuevos renglones productivos generadores de divisas y empleo se perciben para subsistir en el corto plazo, pero nada se hace para fortalecer el mercado interno, clave en la función producción en el mediano plazo. El compromiso del señor Presidente de generar más empleo es una promesa que sólo podrá cumplir con una mayor productividad y con una más alta tasa de crecimiento, metas que tendrán que ser cumplidas básicamente por un sector que contribuyó en forma significativa en su elección: la clase empresarial, cuyo entusiasmo por los resultados electorales no debe ser efímero, sino perdurable, pero, sobre todo, tangible a través de su aporte sustancial y de calidad en la función producción.

A la empresa de este país hoy en día se le percibe en forma apreciable como intermediaria de servicios, en los cuales ya exporta los de índole financiera. Su papel en la producción primaria (agrícola) y secundaria (manufacturera) es agónica, débil y vulnerable; las perspectivas de generación de empleo no son por tanto muy esperanzadoras, en caso se continúe con poco protagonismo de la empresa.

El gobierno cuenta con una estrategia de comunicación general, pero requiere de una capacidad política de persuasión hacia el empresario con capacidad mayor de inversión y de tributación para reactivar la economía y no depender en el futuro, como en el pasado reciente, de una manera quizás perniciosa de las remesas familiares.

*Lic. en Economía. rloucel@utec.edu.sv

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