El Diario de Hoy
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El
secretario general de la OEA, Miguel Ángel Rodríguez, se
resiste a renunciar a su cargo, pese a que el Presidente de su país,
Abel Pacheco, le pidió ayer, públicamente, la dimisión.
Pacheco le envió ayer una carta a Rodríguez en la que le
conmina a dejar el cargo que asumió hace 21 días, para que
vuelva a Costa Rica a encarar los cargos de corrupción por los
que le investiga la Fiscalía General de ese país.
El mandatario costarricense, quien propuso a Rodríguez para que
llegara a la Organización de Estados Americanos (OEA), le dio un
plazo hasta el mediodía de ayer para que renunciara.
Como Rodríguez no lo hizo, le despachó una
carta urgente a Washington, donde permanece Rodríguez, en la que
le dice que en aras del buen nombre de Costa Rica y de la propia
OEA, le solicito que se separe, enseguida, de la secretaría general
y regrese al país a enfrentar las responsabilidades que correspondan.
Maniobra
A Rodríguez se le acusa de recibir un soborno de
$1.2 millones de la empresa francesa Alcatel después de que su
gobierno (1998-2002), le entregara contratos por más de $200 millones
a esa compañía de telefonía.
A pesar de eso, el secretario general de la OEA sostuvo ayer reuniones,
por separado, con grupos de embajadores ante ese organismo y no usó
nunca la palabra renuncia.
Por el contrario, los embajadores centroamericanos le dieron el apoyo
al ex presidente costarricense después de que éste les explicó
que no tiene ningún proceso penal abierto en su país, según
trascendió ayer.
Incluso, el embajador de Guatemala ante la OEA, Francisco Villagrán,
dijo que éste no es un foro donde se vaya a dar un juicio
político.
Los restantes países latinoamericanos también le habrían
dado su apoyo a Rodríguez, de acuerdo con los informes de las agencias
internacionales de noticias.
Sin embargo, Pacheco, presionado al máximo por la opinión
pública de su país, le declaró otra guerra al secretario
general de la OEA.
El gobernante dijo a los periodistas que usaría los mismos recursos
que empleó para que Rodríguez ganara la elección,
con el propósito de destituirle de su cargo.
Eso significará que la cancillería y él se encargarán
de convencer a los gobiernos del continente de que reúnan, al menos,
dos tercios de los 34 países miembros de la OEA para quitarle de
su puesto.
Otra de las acciones que se puede esperar en Costa Rica es que el Fiscal
General, Francisco Dellanesse, abra una causa penal contra Rodríguez
y le ponga en más aprietos en la OEA.
Duro con él
La decisión de Pacheco de pedirle la renuncia a Rodríguez
se produce en un momento en que no tenía otro camino: la opinión
pública costarricense se la ha pedido desde que se conocieron los
cargos de corrupción.
Pacheco le dio otro plazo a Rodríguez para que renuncie: si hoy
al mediodía no lo hace, tratará de activar los procedimientos
ante la OEA para buscar su destitución.
Con sólo pedirlo, Costa Rica puede lograr la convocatoria de una
reunión de consulta de los cancilleres americanos.
En ese encuentro se podría destituir a Rodríguez si hay
un mínimo de 23 votos o dos tercios de los 34 miembros.
Es probable que el Presidente Pacheco inicie hoy conversaciones telefónicas
con los gobernantes centroamericanos para pedirles apoyo en su afán
de sacar a Rodríguez su cargo.
Esto sería su primera tarea, sobre todo si se toma en cuenta que
la candidatura de Rodríguez obedece a un acuerdo no firmado en
el sentido de que el secretario general representaría a Centroamérica.
En Costa Rica se sabe que hasta algunos de los mejores amigos del ex mandatario
costarricense le han aconsejado que dimita.
A ellos se suman representantes de todos los sectores sociales, incluidos
los partidos políticos y los sindicatos de empleados públicos.
El gobernante de Costa Rica, quien pertenece al mismo partido político
que Rodríguez (democracia cristiana), estaba dentro del grupo de
los mejores amigos del secretario general.
Maduro
A pesar del apoyo que los embajadores centroamericanos le dieron ayer
a Rodríguez, después de escucharle, el Presidente de Honduras,
Ricardo Maduro, expresó que él debe explicar las acusaciones
de corrupción que se le plantean.
El secretario general de la OEA se atrincheró ayer en ese organismo
y logró que países influyentes no le restaran su apoyo,
al menos por ahora.
Entre esas naciones se incluyó a Estados Unidos, México,
Canadá y Brasil.
Nos limitamos a escuchar y le dijimos que esperábamos que
saliera bien, declaró un diplomático latinoamericano.
Otro aseguró: ante una humillación tan grande, debe
renunciar.