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Opinando
Reformas, pensiones y perversiones

Hace unas semanas se escuchó la noticia de que se estaba estudiando en la Asamblea Legislativa la posibilidad de reformar lo correspondiente al Salario Básico Regulador para volver al mecanismo antiguo de cálculo.

Publicada 5 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Víctor A. Ramírez*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Con la reforma al sistema de pensiones aprobada en 1996, se realizaron cambios estructurales y paramétricos en la organización del antiguo sistema de pensiones. Uno de estos cambios fue la forma de calcular el Salario Básico Regulador, que no es más que el promedio mensual de los ingresos cotizados en un período de tiempo. La importancia de este promedio estriba en que sirve de base para calcular la pensión de tal forma que entre mayor es el promedio, mejor es la prestación a recibir.

Previo a la reforma, el Salario Básico Regulador se estimaba como el resultado de obtener el promedio de los ingresos cotizados en los últimos treinta y seis meses anteriores a que la persona se pensionara, dicho mecanismo, con la reforma, se transformó en el promedio de los últimos ciento veinte meses de ingresos cotizados, es decir, los últimos diez años, con la diferencia de que éstos se actualizarían con la variación del Índice de Precios al Consumidor, con lo que los ingresos cotizados mantendrían su valor en el tiempo.

La razón de este cambio, técnicamente, estribaba en que se quería evitar que las personas hicieran uso del incentivo perverso implícito en las leyes del antiguo sistema, de sobrevalorarse los ingresos de los últimos tres años, puesto que su pensión dependía de ese promedio. Además, con el cambio de cálculo se introduce un elemento que relaciona más el beneficio obtenido con el sacrificio que las personas realizan durante su vida productiva.

Esa razón ha llevado a diversos países a definir un mecanismo de cálculo, de ese promedio, que da mayor equidad al sistema. Estados Unidos utiliza un promedio de todos los salarios cotizados durante la vida productiva; Colombia lo hace sobre la base de los últimos veinte años; Cuba, sobre los últimos veinticinco años; Austria y España, sobre el promedio de los últimos quince años cotizados.

Hace unas semanas se escuchó la noticia de que se estaba estudiando en la Asamblea Legislativa la posibilidad de reformar lo correspondiente al Salario Básico Regulador para volver al mecanismo antiguo de cálculo. Nada sería más dañino para los trabajadores de ingresos medios y bajos que efectuar esa reforma, porque para estas personas, que son la mayoría de trabajadores, el mecanismo de los 120 últimos meses cotizados es más favorable, por cuanto el valor en el tiempo se les mantiene con la actualización de los ingresos por la variación del Índice de Precios al Consumidor.

La discusión sobre la conveniencia de volver a reformar este aspecto se ha situado más en cuál mecanismo favorece más a las personas, lo cual, personalmente, creo que es un mal enfoque de partida, puesto que la discusión debería situarse respecto a qué mecanismo contiene menos incentivo perverso para autoaumentarse los ingresos y hacerle trampa al sistema de pensiones.

Un retroceso hacia la aplicación de la fórmula antigua de cálculo sólo favorecería a los afiliados que pueden hacer uso del incentivo perverso de subestimar los ingresos base de cotización durante toda la mayor parte de su vida productiva y sobrestimarlos en los últimos tres años, con el fin de obtener el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo.

Pero ¿quiénes son los que se beneficiarían de ese “privilegio”? En general todas las personas que devengan ingresos elevados y que tienen el poder de decidir cambiarse ese salario en un determinado momento y hacerle trampa al sistema. Por supuesto que todos aquellos que dependemos de un salario fijo, y en especial los que obtienen salarios mínimos, no podemos hacer uso de esa fórmula mágica, sin embargo, sí somos los que tenemos que cotizar por siempre, para poder pagar las pensiones elevadas de los otros, o contribuir con impuestos para que el Estado pague las mismas.

Pienso que hay espacio para que se discuta otro tipo de propuestas que tienen, en sí mismas, mayor equidad social. Por ejemplo, me agradaría que se discutiera una posible reforma para poner un tope a la pensión a obtener, eso le inyectaría mayor relación entre el beneficio previsional y el sacrificio hecho. En Brasil, una propuesta del Presidente Ignacio “Lula” da Silva permitió que se aprobara un tope de US $800 como máximo de pensión a recibir; de la misma forma, varios países tienen dentro de su sistema de pensiones topes máximos, incluyendo Estados Unidos y Cuba. ¿Por qué en El Salvador no?

*Lic. en Economía

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