Ricardo Rivas*
El
Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Seis
y media de la tarde. No llueve ni es fin de mes. Cientos de automovilistas
intentamos cruzar los límites ponientes de San Salvador. La anaconda
de luces se mueve lenta y fatigosamente. Vamos a paso de entierro. Unos,
rumbo a Santa Elena; la mayoría regresa a las colonias circunvecinas
de Santa Tecla y Antiguo Cuscatlán. Yo, que aspiro recoger a un
hijo en Merliot, pienso que me hubiera salido lo mismo recogerle en Santa
Ana.
Siete y cinco de la mañana. El caos es a la inversa. Si antes el
culebrón era yendo hacia Santa Tecla y carretera al Puerto, hoy
ocurre al revés. Entrar a San Salvador es más complicado
que encontrar a Bin Laden.
San Salvador se alarga hacia el zona poniente de la ciudad. Merliot y
su folclórica Chiltiupán, la carretera al Puerto, Santa
Elena, Santa Tecla y áreas circunvecinas, atraen la construcción
de cualquier cantidad de colonias, centros comerciales, colegios, universidades,
restaurantes y negocios de todo calado y tamaño. La planificación
de la zona hace posible que en muchas manzanas vayan pared de por medio
casas de habitación, un car wash, dos pupuserías, un colegio
y dos iglesias. La falta de ordenamiento urbano y un crecimiento dispar
entre lo que se construye y sus respectivas vías de acceso explican
parte de esta novela que, poco a poco, comienza a complicar la vida a
más y más capitalinos.
Dos imponentes centros comerciales están a punto de abrir puertas
en la zona del Redondel de Naciones Unidas y la Calle Chiltiupán.
El complejo comercial luce espectacular y es, sin duda, el más
grande y moderno de Centro América. Las implicaciones positivas
que estas inversiones tienen en el país son suficiente motivo para
celebrar su próxima apertura. Lo que sí no podemos celebrar
son los atragantones de tráfico que ya se dan y que amenazan con
empeorar.
El tráfico del área no es un tráfico amateur. Las
cifras no mienten. He oído decir que diariamente convergen en el
Redondel Naciones Unidas (frente a Hipermall Las Cascadas) 110,000 vehículos.
Frente a la zona comercial, en la Carretera Panamericana: 43,000. En la
otra vía de acceso, la Calle Chiltiupán: 36,000. En horas
pico, todos los accesos a la zona han llegado ya a niveles de servicio
bajísimos.
La pregunta es de cajón ¿y qué pasará cuando
todo el desarrollo que no se limita a tres centros comerciales
esté operando? Ciertamente, el gobierno y las empresas inversionistas
han hecho importantes obras de infraestructura física en la zona,
lo que ocurre es que éstas ya se han vuelto insuficientes. Nuevas
ampliaciones, by passes, coordinación con las autoridades de tránsito,
presencia permanente y eficiente de la PNC en la zona más
que para dar vía, para disuadir y prevenir desmanes vehiculares
...etc., no pueden esperar.
Además de lo anterior, cuatro asuntos complican el megatapón.
El primero se da frente a la Basílica de Guadalupe, y tiene mucho
que ver con la anarquía del transporte público en las paradas
de buses ubicadas en ambos sentidos de la vía. El segundo se genera
con el tráfico que viene de la Avenida Jerusalén y busca
incorporarse a Santa Elena cruzar la anaconda de carros y buses
para virar hacia el bypass de Santa Elena es una proeza. El tercero
lo causa el mini puente del trébol que conecta la Panamericana
con la carretera del Puerto. Y por último, abona al zipizape el
tráfico que confluye del Bulevar Sur al redondel de la carretera
al Puerto.
Así las cosas, no queremos ni imaginar lo que ocurrirá en
la época navideña, cuando miles de salvadoreños se
aboquen a lo que indudablemente será la novedad en la ciudad: el
Multiplaza Panamericana y La Gran Vía. Si ahora los embotellamientos
en horas pico arrancan desde la Feria Internacional, Avenida Jerusalén
y Bulevar Los Próceres, ¿qué ocurrirá cuando
se sume el tráfico de los nuevos centros comerciales, universidades
y empresas de la zona?
La seriedad y responsabilidad de las empresas involucradas en estos proyectos
son intachables.
También la capacidad demostrada por el MOP; es más, estamos
conscientes de sus limitaciones presupuestarias y de los vaivenes que
entorpecen el desempeño de su labor como el retraso en la
aprobación del Presupuesto General de la Nación.
Si preocupa que el timing que debería aparejar la apertura de este
complejo con las necesidades de tráfico de la zona luce desfasado.
Nuestro llamado es a que sea ajustado de la mejor manera posible. Por
el bien de todos y por la buena marcha de los negocios.
*Columnista de El Diario de Hoy.