El Diario de Hoy
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Llueve
copiosamente sobre Barcelona. Son las diez de la mañana, pero a
juzgar por el encapotado cielo parecen las diez de la noche. No es el
diluvio universal pero bien podría ser el diluvio catalán.
La intensidad de las precipitaciones ha obligado a Frank Rijkaard, entrenador
del equipo líder de la liga española, a cambiar su rutina
de entrenamiento en dos ocasiones.
El holandés, que adhiere a ese refrán de al mal tiempo
buena cara, tuvo que dejar la comodidad de La Mancía, un
bonito campo exclusivo para las prácticas ubicado a un lado del
Nou Camp, por El Picadero, una cancha techada de fútbol rápido
que los mantiene secos y resguardados del temporal.
Con la barba que denota más de un día sin afeitarse, el
pelo recogido con una cinta y una camisa azul oscuro invadida por el sudor,
hay un habilidoso delantero que promete mucho: Rafa Márquez. Es
cierto que el mexicano es defensor, pero en el partido informal integra
una temible dupla con Víctor Valdés, quien además
de ser portero también tiene condiciones más que aceptables
para ser atacante.
Cuando Márquez anota un gol, lo grita como si fuera frente al Madrid,
en el último minuto, y en la final de la Champions. Valdés
se acerca a saludarlo mientras Silvinho, Xavi y Gerard, del equipo rival,
los miran resignados. Rijkaard, que durante un rato fue el árbitro
del partido, se dedica a jugar con una pelota en un extremo de la cancha.
Luego el míster cambia su entretenimiento. Toma una botella de
agua natural y la eleva por sobre su cabeza: desde allí deja caer
chorros de líquido y que su boca atrapa con la sincronización
de un malabarista.
A pesar de que apenas es su segunda temporada como azulgrana, Márquez
da la sensación de haber estado en ese club desde siempre. Por
cómo se mueve por el Nou Camp y cómo lo tratan sus compañeros.
Incluso cuando habla no se anda con rodeos, lo cual ya le costó
algún regaño del entrenador, a quien una vez le cuestionó
públicamente un planteo táctico tras una derrota.
Al finalizar la práctica que no contó con algunas
figuras que partieron para jugar con sus seleccionados como Ronaldinho,
Etoo, Puyol, Deco y Larsson-, El Diario de Hoy platicó con
el zaguero mexicano. ¿De El Salvador? ¿Qué
hacen por aquí?, preguntó asombrado.
¿Será este el año de tu consagración en el
Barcelona?
Yo digo que sí. Espero que así sea, pero para eso necesito
jugar, tener continuidad.
¿Y de qué depende eso?
Depende de mí, de poder mantener el nivel que tengo ahora.
¿Por qué hasta el momento te ha costado afirmarte como titular?
Por culpa de las lesiones, porque cuando me dieron la oportunidad
la aproveché, pero luego tuve que estar afuera por lesión.
Yo sé que si estoy físicamente bien voy a rendir y nadie
me va a quitar mi lugar. Sólo le tengo miedo a las lesiones.
¿Estás contento con lo que transmite este Barca?
Sí, por supuesto. Creo que todos están ilusionados con la
manera en que estamos jugando, pero el campeonato recién está
comenzando...
¿Te dolió no haber sido convocado para los Juegos Olímpicos?
La verdad es que tenía expectativas de ir a Atenas, pero no me
llamaron. El técnico pensó que iba a ser más útil
para la Selección Mayor.
A México le tocó un grupo fácil en las eliminatorias,
¿sos consciente?
Sí, pero el verdadero desafío para nosotros será
el hexagonal final. Ahí llegan los mejores y siempre ha sido difícil.
No sólo es Estados Unidos, hay rivales muy complicados en Centroamérica.
¿Cómo quiénes?
Los de siempre: Costa Rica y Honduras, aunque también está
Guatemala.
¿Y qué opinas de la selección de El Salvador?
Eh, no sé. La verdad es que no la he visto, pero creo que están
un escalón por debajo de los que mencioné antes.

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