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| En la faena. José Luis Carrillo se dedica
a hilar las hebras en una rueca. El artefacto es antiquísimo,
pero aún funciona. Foto EDH |
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
En Ciudad Delgado no es muy conocido que en el número 16 de la
Avenida Paleca, en pleno centro, se conserva el único telar artesanal
que queda en el municipio.
Al compás del traca traca traca de las piezas se van
tejiendo hilos, que ya finalizados son cobijas de buena calidad; tejen
historia, tradición y riqueza cultural conocida de primera mano
por quienes se dedican al oficio.
El taller pertenece a don José Luis Carrillo, quien aprendió
a manejar el telar desde que tenía 6 años y conoce cada
detalle de la máquina de madera que heredó de sus padres.
Al primer contacto visual con el imponente telar, lo primero que viene
a la mente es la bonanza de otras décadas cuando la producción
era mayor.
Nosotros llegamos a tener 20 telares, pero hoy como se acabó
la mano de obra, no hay trabajadores, no hay tejedores. Sólo hemos
quedado mi suegro y yo aquí en Ciudad Delgado, dice don José,
de 69 años, con una dosis de nostalgia.
Mientra habla de manera pausada enrolla hábilmente la madeja de
hilo que coloca en un carrizo de bambú conocido como canilla,
la cual posteriormente la pondrá en una pieza llamada lanzadera;
ésta tiene la función de una aguja en una máquina
de coser.
El artefacto tiene partes que los carpinteros ya no tallan. Cada vez que
alguna de ellas se arruina, es don José quien debe repararlas.
Ya ha compuesto decenas de veces una rueca o torno que debería
ser colección de un museo.
Con las ganancias que el telar dejó, los seis hijos de la familia
Carrillo alcanzaron la preparación profesional.
Uno es médico, otro está por titularse de abogado, el otro
es mecánico automotriz. Los otros tres residen fuera del país.
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| Tejido. El proceso no es sencillo y hay que seleccionar
las hebras. Foto EDH |
Para no perder la costumbre
don José Luis aún realiza el complicado proceso para confeccionar
las colchas.
La recompensa que reciben es la preferencia de clientes que encargan el
producto para llevarlo al extranjero, pero para destacar en el oficio
se necesita de experiencia, y ellos la tienen.
En una hora son capaces de terminar una frazada; en un día producen
siete; en una semana, tres docenas. Cuando tienen dicha cantidad, doña
Zoila de Carrillo, la esposa y mano derecha del artesano, se encarga de
distribuirlas en el Mercado Central.
El trabajo no produce muchas ganancias, pero la tradición continúa.
El ocaso de una valiosa
y antigua tradición
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| A coser GEl hilo se coloca en la lanzadera.
Foto EDH |
La fabricación de
colchas en telares artesanales decayó principalmente cuando aparecieron
los productos sintéticos ya que se vendían a menor precio
que los fabricados por los artesanos.
Un estudio realizado por alumnas de Administración de Empresas
de la Universidad de El Salvador reveló que la industria del telar
de palanca o pedal perdió fuerza debido al cambio que sufrió
el mercado local.
Los compradores desecharon lo rústico y tradicional para dar paso
a la innovación.
El documento en poder del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura)
demuestra que la falta de incentivos para los artesanos y de un proceso
de enseñanza-aprendizaje que incorpore a los jóvenes interesados
en continuar el arte ha influido en el ocaso de los telares.

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