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Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
La frase completa es: Para que las cosas marchen mal, basta conque
los buenos no hagan nada. Y me ha venido a la memoria, porque creo
que posee gran actualidad. ¿Quiénes son esos buenos?
Son toda esa gente decente que no comete delitos, pero que
tampoco mueve un dedo para que las cosas mejoren o al menos no empeoren.
Tienen cierta vocación de moluscos y cuando huelen, aunque sea
desde lejos, que habría que esforzarse, hablar, dar la cara, para
el bien de la sociedad, incluso para el bien directo de su familia y de
sus hijos, prefieren encerrarse en su concha, como los caracoles, abstenerse,
no meterse en líos, no enterarse, o si se enteran, se encogen de
hombros con un ¡y yo qué puedo hacer! y después
se quedan a esperar que alguien les saque las castañas del fuego.
Lo refiero muy en especial a los padres de familia, pues si hay algo que
se esté atacando hoy con mayor saña y mayores medios publicitarios
y económicos, es la familia. Se ataca el matrimonio. Se atacan
los derechos de los padres. Se ataca la salud mental y moral de los niños
y adolescentes. Y muchos padres de familia hacen muy poco o nada por hacer
valer sus derechos y deberes.
Cuando pienso en ellos, me viene a la memoria esa frase del evangelio
que en boca de Jesucristo dice: Los hijos de las tinieblas son más
avisados que los hijos de la luz. Porque efectivamente, las fuerzas
corruptoras de la sociedad, de las familias y de la juventud no descansan.
Me permito avisar a las madres y padres de familia de El Salvador, a todos
ellos (moros y cristianos y cualesquiera que sea su posición
social y política), que nadie puede sustituirles, sin su permiso,
en la formación humana y moral esencial de sus hijos menores de
edad. Ese es un derecho natural que además está garantizado
por la Declaración Universal de los Derecho Humanos, suscrita por
El Salvador. Que usen su influencia para que el gobierno no firme el Cedaw,
porque el Cedaw es una trampa que atenta contra la soberanía de
la nación y que entrega al país, atado de pies y manos,
a un comité de gente inmoral y tiránica, que entre otras
barbaridades promueve el aborto.
Que por todos los medios democráticos a su alcance hagan valer
sus voces e impidan que el Código de la Niñez se manipule
en contra de los derechos prioritarios de los padres de familia sobre
sus hijos. También les aviso que tienen la grave obligación
moral de enterarse de lo que les enseñan a sus hijos en la escuela
pública o particular. Y muy especialmente, si se refiere a la educación
sexual, pues es en este campo donde mayor mal se está haciendo
en todos los países donde se difunde una falsa educación
sexual que pretende, con otras palabras más bonitas, decir que
el adolescente tiene derecho a la fornicación con quien sea, de
su mismo sexo o del otro sexo, por su cauce natural o contra natura. Ese
derecho no existe, porque va contra el derecho natural, contra el sentido
común y contra la experiencia histórica de siglos. De ahí
no surgen, sino infelicidad personal y conflictividad social.
Que sepan que hay gente en el gobierno, en los medios, en el profesorado,
que trabajan para los que buscan como primer objetivo que los países
subdesarrollados disminuyan su natalidad con fines de imperialismo político,
económico y racial, y que ya desde comienzos del Siglo XX se propusieron
que, para lograr eso, había que cambiar la moral familiar, instruyendo
a los menores de edad en el falso derecho a la fornicación, la
homosexualidad y las aberraciones sexuales.
Esa política ha sido exitosa en frenar la natalidad mundial, pero
ello se ha hecho sembrando el crimen horrible del aborto legal, cuando
fallan los anticonceptivos, difundiendo el uso de abortivos etiquetados
como anticonceptivos, incrementando los embarazos no queridos entre
adolescentes y las enfermedades de transmisión sexual, incluido
el Sida, hasta cifras nunca vistas, verdadera pandemia de nuestra civilización.
Estas cosas están fuera de opinión, porque son hechos contundentes,
verificados con estadísticas. Y así, en todos los países
donde aumenta el libertinaje sexual, además de lo ya señalado,
aumentan los divorcios, la violencia intra familiar, la delincuencia juvenil,
las drogas, las enfermedades psiquiátricas y, por último,
el suicidio, muestra clara de infelicidad, que además alcanza cada
vez a gente más joven. ¿Esa es la educación que ustedes
quieren para sus hijos?
Si ustedes quieren tener hijos de los que enorgullecerse el día
de mañana, edúquenles entre otras virtudes en
la castidad continente antes del matrimonio. La experiencia de siglos
es que ese sí es camino para la felicidad. Muéstreles que,
además, es la única educación sexual que ha tenido
éxito para disminuir las enfermedades venéreas y los embarazos
no queridos. Así ocurre en determinados grupos de EE.UU. y la única
que ha bajado la cifra de contagiados por el Sida en un país: Uganda
(África).
Enséñeles que el verdadero amor sabe esperar, no necesita
condones. Que el libertinaje sexual puede producir placer, pero aleja
del verdadero amor que es algo muy diferente de la lujuria. En todo esto
no esperen que otros les sustituyan. No esperen que sea el pastor, el
cura o el obispo, quienes les liberen de sus derechos y deberes. Sólo
si no saben dar una verdadera educación sexual, limpia, gozosa,
continente, sin tabúes ni errores, busquen con prudencia quienes
lo sepan hacer, conforme con lo que ustedes quieren. Pero que no cedan
su obligación, por timidez o pereza mental.
En una democracia, los derechos y deberes de los padres, los primeros
que tienen que conseguirlos, desarrollarlos y, si es del caso, defenderlos,
son ustedes mismos.
*Dr.en Medicina y columnista de El Diario de
Hoy. lfcuervo@telemovil.net

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