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| Chapuzón. El artiodáctilo examinó
sus nuevas piletas. Cuando sintió confianza, se sumergió
por largo rato y se refrescó tras un viaje cansado y muy caluroso.
Foto EDH |
Lorena Baires
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
El traslado del hipopótamo desde el Auto Safari Chapín hasta
el Parque Zoológico Nacional puso a prueba la capacidad de logística
de todos los empleados, técnicos y biólogos salvadoreños.
Desde el momento en que salieron del país hasta el regreso con
el animal, nada podía fallar, un error y sería fatal
para el pequeño mamífero, sentenciaba Mario Guevara,
director del parque, en el momento en que salieron de una gasolinera de
El Paraisal, en Sonsonate, el jueves.
Tres horas después, la caravana de especialistas y medios de comunicación
arribó a la reserva ecológica guatemalteca.
La sorpresa de muchos fue ver la caja verde en la entrada de las oficinas
administrativas. Por momentos, se balanceaba y se escuchaban ruidos en
su interior. El hipopótamo ya estaba capturado.
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| En el país. Cuando salió de la
jaula, todos hicieron silencio. Foto EDH |
No sé qué
pasó dijo Guevara yo esperaba que eso sucediera en
nuestra presencia. Pero debo suponer que lo hicieron así para agilizar
todos los procesos.
Esto lo confirmó Juan José Pérez, administrador del
Safari, quien manifestó que eso disminuiría el tiempo de
llegada a El Salvador.
Molestias
Según contó uno de los empleados que participó en
la captura del artiodáctilo (mamíferos de pezuñas
pares), los padres de éste se mostraron muy agresivos cuando vieron
a su pequeño hijo dentro de una jaula.
Antes del encierro, colocamos 80 libras de harina de maíz
dentro de la jaula, para que ingresara a comer, recuerda Pérez.
El problema fue que el primero en comer no fue el pequeño hipopótamo,
sino su padre. Los captores tuvieron que esperar unos minutos a que se
alimentara y dejara entrar al hijo.
Minutos después así
sucedió. La puerta de la jaula se cerró y los rugidos de
los padres se hicieron sentir en el recinto.
Incluso, cuando los periodistas quisieron hacer tomas de la familia, cuatro
de los animales intentaron embestir los pick ups en que viajaban los comunicadores.
De inmediato, los empleados del Safari pidieron desalojar el lugar, para
que los animales se tranquilizaran.
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| Encuentro. El hipo se acercó
a los periodistas y empleados. Foto EDH |
El viaje hacia El Salvador
se inició el mismo día, a eso de las 10:30 de la noche,
para evitar que los rayos del sol calentaran la caja y sofocaran al animal.
A pesar de la hora, el calor lo abatió por largos momentos.
Creo que hemos realizado
una buena compra si tomamos en cuenta el precio y lo cerca que está
del Zoológico. Esperamos que los niños se encariñen
con él y lo quieran tanto o más como quisieron a Alfredito,
dijo Guevara a los presentes.
Las estaciones
La caravana hizo la primera parada en una gasolinera cercana al puente
de Chiquimulilla, para revisar el estado en que viajaba el hipopótamo.
Todo está bien, él se encuentra en una buena posición.
Se nota muy tranquilo, pero tenemos que viajar muy despacio para evitar
que, cuando frenemos, se lastime su hocico, explicó el veterinario
Edgar Sánchez.
De
ese modo, el viaje continuó lento, a 40 kilómetros por hora.
Todos encendieron las luces de cortesía, en señal de precaución.
Sin embargo, muchos conductores se molestaron con los vehículos
salvadoreños.
A la medianoche, la caravana con el animal arribó a la frontera.
Pronto, un grupo de policías revisó al pequeño mamífero
y los biólogos lo rociaron con suficiente agua fresca. A estas
alturas del viaje, del cuerpo regordete emanaban vapores.
Lo que pasa es una reacción natural ante el calor que siente,
es algo parecido al sudor, aclaró Sánchez.
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| Frontera. Niños curiosos subieron a la
jaula para ver al animal. Foto EDH |
Los agentes de la Policía
Nacional Civil estaban advertidos de que los trámites debían
ser rápidos, para evitar más estrés en el artiodáctilo.
Sin embargo, una agente detuvo el vehículo que transportaba a los
especialistas y les exigían un sello que nunca especificaron.
Incluso amenazaban con regresar al hipopótamo si no lo conseguían.
En tono molesto, los profesionales reaccionaron. No se trata de
pulgas o gallinas las que llevamos, sino de un mamífero acuático
enorme, replicaban.
Después de una hora de discusiones, el viaje continuó sin
mayores contratiempos.
Esa tardanza mantuvo al hipo un poco nervioso, y las emanaciones
de vapor aumentaron un poco.
Pero cuando llegaron a una gasolinera, el temor y calor fueron aliviados
con chorros de agua tibia. Para ese momento, el pequeño ya se quejaba,
pues la posición era incómoda y necesitaba relajarse.
Faltaban pocas horas y dos baños más de agua para que el
animalito llegara a su destino final: el Parque Zoológico Nacional.
Advierten a niños
de escuela Brasil
Las autoridades del Parque
Zoológico Nacional enviaron una carta al director de la escuela
de Brasil, para que controle más a los alumnos que ingresan
al ex recinto de Alfredito a retirar las pelotas plásticas que
lanzan desde sus canchas.
El problema, según Mario Guevara, director del parque, es que los
alumnos estaban acostumbrados a la pasividad de Alfredito. Éste
les veía entrar a levantar las pelotas y no les hacía daño.
En el caso del nuevo hipopótamo, Guevara es enfático y advierte
que es muy agresivo y cualquier niño que entre puede ser
lastimado seriamente.
En esto coincidió Jorge Porras, coordinador de Áreas de
esa dependencia educativa. Queremos evitar una desgracia. Por eso
hemos advertido al director de la situación.
Si ellos no toman medidas,
no tendremos responsabilidad en cualquier accidente, adelantó.
Por el momento, el animal se muestra pasivo, pero cuando su ánimo
está alterado, suele correr rápido y embestir a los que
considere enemigos.
A pesar de que los hipopótamos tienen un gran tamaño, poseen
grandes habilidades para correr, incluso dentro del agua.
Entre las medidas que ya tomó el Zoológico está la
reparación de toda la malla ciclón que divide al parque
de la escuela. Pero los alumnos siempre se las ingenian para entrar.
Ayer se observaron varios alumnos intentando ver, desde un árbol,
al nuevo inquilino que descansaba en el agua.

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