|

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Un periódico publicó una entrevista con cinco adolescentes,
rondando los 16 años, alumnos de un colegio católico, para
hablar sobre sexo, sexualidad y educación sexual en las aulas.
Variedad de respuestas que llevan a reflexionar para dejar claros los
criterios sobre cómo debe ser una verdadera educación sexual
y hasta dónde la responsabilidad de impartirla debe ser compartida
por los padres y el colegio.
El entrevistador inicia con rodeos y luego ataca frontalmente para lograr
respuestas que expresan precocidad, audacia e ignorancia: Sexualidad
es cuando la persona ya puede practicar una vida sexual sana, independientemente
si tiene una pareja estable o no.
No hay ningún impedimento en tener relaciones sexuales, siempre
que se crean maduros y sean conscientes de la responsabilidad de asumir
las consecuencias. Hemos recibido en el colegio, desde séptimo
grado una educación sexual centrada en el uso de anticonceptivos
para evitar embarazos. Conocen casi todos los métodos, pues
en clases prácticas, una doctora les enseñó a poner
condones sobre penes de madera para poder hacerlo correctamente.
Al hablar de su relación con sus padres y si habían recibido
de ellos una adecuada orientación sexual, la más audaz confesó
tener novio y ser sexualmente activa, aunque no se considera ni una zorra
ni una cualquiera; viene de un hogar donde hablar sobre sexualidad es
de lo más común, porque la primera en recomendarle anticonceptivos
fue su mamá, para que pudiera protegerse.
Otra se quejó de que la única vez que su madre tocó
el tema, fue con su primera menstruación, porque en su casa es
tabú, y todo lo ha aprendido en el colegio. Una tercera dijo que
en su casa advirtieron que se cuide y se proteja de los hombres, porque
son malos y sólo el mal quieren hacer; que las mujeres son como
un vaso con agua, que desperdician su dignidad si la derraman. Sólo
una expresó aprecio por la virginidad y respeto por los valores
en los que cree.
Los comentarios reflejan la indiferencia de los padres para asumir su
responsabilidad como primeros e insustituibles educadores de sus hijos,
de tomar un papel protagónico para hablarles sobre el misterio
y el milagro del origen la vida, de la sexualidad como un don de Dios,
del amor entre un hombre y una mujer que culmina con la entrega física.
De la importancia de alcanzar el dominio de sí mismos, que les
permite autoposeerse para poder entregarse. Del valor infinito del cuerpo,
que no es una mercancía que puede darse a unos y a otros, y del
daño irreparable, tanto físico como moral, que causa la
promiscuidad.
Aun viviendo en un mundo saturado de sexo, los padres y madres en su mayoría
temen hablar con sus hijos. De su madurez sexual y de su relación
como pareja, dependerá la correcta educación de sus hijos.
Manifiestan una actitud crítica hacia la posición de la
Iglesia Católica sobre el uso de anticonceptivos, que evidencia
poco conocimiento doctrinal al comentar irónicamente que llevar
una Biblia bajo el brazo no evitará que una niña quede embarazada.
Es obvio que la educación sexual impartida en ese colegio es una
mera información genital sin dimensión moral, social y afectiva;
sin fortalecimiento de la voluntad para hacer hombres y mujeres recios,
con carácter para saber decir que no al placer, si éste
se opone al deber.
No parecen apreciar la virtud, ni valorizar el matrimonio ni la familia,
ni hay conocimientos sólidos de la doctrina de la Iglesia en aspectos
de moral. Se nota gran confusión en sus juicio y en sus criterios,
al no saber si vale la pena esperarse o no para iniciar sus actividades
sexuales, con miras a un futuro mejor.
¿Qué les deparará la vida a estos jóvenes?
¿Lograrán convertirse en profesionales y constituir hogares
estables y felices? ¿O la precocidad en su actividad sexual les
hará descuidarse y se verán con un hijo entre los brazos
antes de lo planeado? ¿Serán capaces de dar a sus hijos
la adecuada educación sexual que ellos lamentan no haber recibido
de sus padres?
La lectura de esta entrevista deja un sabor amargo ante el enfoque equivocado
que se da a la sexualidad en los colegios, y ante la actitud de ciertos
padres que no dan importancia a la formación de sus hijos, para
que alcancen esa madurez que es la base de la felicidad.
*Columnista de El Diario de Hoy.

|