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Para reflexionar
Una entrevista con adolescentes

Aun viviendo en un mundo saturado de sexo, los padres y madres en su mayoría temen hablar con sus hijos. De su madurez sexual y de su relación como pareja, dependerá la correcta educación de sus hijos

Publicada 3 de octubre 2004, El Diario de Hoy



Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Un periódico publicó una entrevista con cinco adolescentes, rondando los 16 años, alumnos de un colegio católico, para hablar sobre sexo, sexualidad y educación sexual en las aulas. Variedad de respuestas que llevan a reflexionar para dejar claros los criterios sobre cómo debe ser una verdadera educación sexual y hasta dónde la responsabilidad de impartirla debe ser compartida por los padres y el colegio.

El entrevistador inicia con rodeos y luego ataca frontalmente para lograr respuestas que expresan precocidad, audacia e ignorancia: “Sexualidad es cuando la persona ya puede practicar una vida sexual sana, independientemente si tiene una pareja estable o no”.

“No hay ningún impedimento en tener relaciones sexuales, siempre que se crean maduros y sean conscientes de la responsabilidad de asumir las consecuencias”. “Hemos recibido en el colegio, desde séptimo grado una educación sexual centrada en el uso de anticonceptivos para evitar embarazos”. Conocen casi todos los métodos, pues en clases prácticas, una doctora les enseñó a poner condones sobre penes de madera para poder hacerlo correctamente”.

Al hablar de su relación con sus padres y si habían recibido de ellos una adecuada orientación sexual, la más audaz confesó tener novio y ser sexualmente activa, aunque no se considera ni una zorra ni una cualquiera; viene de un hogar donde hablar sobre sexualidad es de lo más común, porque la primera en recomendarle anticonceptivos fue su mamá, para que pudiera protegerse.

Otra se quejó de que la única vez que su madre tocó el tema, fue con su primera menstruación, porque en su casa es tabú, y todo lo ha aprendido en el colegio. Una tercera dijo que en su casa advirtieron que se cuide y se proteja de los hombres, porque son malos y sólo el mal quieren hacer; que las mujeres son como un vaso con agua, que desperdician su dignidad si la derraman. Sólo una expresó aprecio por la virginidad y respeto por los valores en los que cree.

Los comentarios reflejan la indiferencia de los padres para asumir su responsabilidad como primeros e insustituibles educadores de sus hijos, de tomar un papel protagónico para hablarles sobre el misterio y el milagro del origen la vida, de la sexualidad como un don de Dios, del amor entre un hombre y una mujer que culmina con la entrega física.

De la importancia de alcanzar el dominio de sí mismos, que les permite autoposeerse para poder entregarse. Del valor infinito del cuerpo, que no es una mercancía que puede darse a unos y a otros, y del daño irreparable, tanto físico como moral, que causa la promiscuidad.
Aun viviendo en un mundo saturado de sexo, los padres y madres en su mayoría temen hablar con sus hijos. De su madurez sexual y de su relación como pareja, dependerá la correcta educación de sus hijos.

Manifiestan una actitud crítica hacia la posición de la Iglesia Católica sobre el uso de anticonceptivos, que evidencia poco conocimiento doctrinal al comentar irónicamente que llevar una Biblia bajo el brazo no evitará que una niña quede embarazada. Es obvio que la educación sexual impartida en ese colegio es una mera información genital sin dimensión moral, social y afectiva; sin fortalecimiento de la voluntad para hacer hombres y mujeres recios, con carácter para saber decir que no al placer, si éste se opone al deber.

No parecen apreciar la virtud, ni valorizar el matrimonio ni la familia, ni hay conocimientos sólidos de la doctrina de la Iglesia en aspectos de moral. Se nota gran confusión en sus juicio y en sus criterios, al no saber si vale la pena esperarse o no para iniciar sus actividades sexuales, con miras a un futuro mejor.

¿Qué les deparará la vida a estos jóvenes? ¿Lograrán convertirse en profesionales y constituir hogares estables y felices? ¿O la precocidad en su actividad sexual les hará descuidarse y se verán con un hijo entre los brazos antes de lo planeado? ¿Serán capaces de dar a sus hijos la adecuada educación sexual que ellos lamentan no haber recibido de sus padres?

La lectura de esta entrevista deja un sabor amargo ante el enfoque equivocado que se da a la sexualidad en los colegios, y ante la actitud de ciertos padres que no dan importancia a la formación de sus hijos, para que alcancen esa madurez que es la base de la felicidad.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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