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Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
El origen de la vida en la tierra ha sido motivo de innumerables mitos
y leyendas: no hay raza ni religión cuya doctrina no cuenta con
alguna explicación del origen del hombre.
Nosotros, los que llevamos en nuestras venas algunas gotas de sangre maya,
podemos estar orgullosos de que entre los recopiladores de nuestras antiguas
tradiciones algunos basados en representaciones primitivas, y otros
en las tradiciones orales de nuestros antepasados, tenemos el Popul
Vuh, que fue traducido y publicado por el ilustre historiador guatemalteco
Adrián Recinos, de la Universidad de Oklahoma, no obstante el lapso
de milenios entre la divulgación de los mitos de la creación
de la Antigua Persia, Roma, la India y la relativa moderna (en el tiempo),
cultura maya, los orígenes de la vida son bastante parecidos, en
exposición a las teorías modernas.
Para nosotros, de tradición occidental cristiana/hebrea, nuestras
creencias acerca del origen, no sólo del mundo, sino de la vida,
el hombre y del universo, están basadas en el Antiguo Testamento,
que heredamos de los hebreos. Lo que hay que tener presente es que estas
creencias bíblicas del sector religioso, que rechazan la Teoría
de la Evolución, se oponen ferozmente a lo que son las investigadores
de la historia material de la evolución.
El Proyecto Génesis, que es el tema de este artículo, que
el Gobierno de Estados Unidos, a través de Nasa financia Stardust,
que ampara varios programas dedicados a investigar los orígenes
de vida a partir de Big Bang, que estiman sucedió hace unos once
billones de años. Dicen que lo que buscan es ¿de dónde
venimos, estamos solos, y hacia dónde vamos?
Los astrobiólogos están convencidos de que Wild 2 contiene
el material más antiguo del universo y que su análisis revelerá
de qué consistía el sistema solar antes de que se separara
en sus presentes componentes. En otras palabras, lo que los científicos
están buscando es una especie de arqueología y antropología
dedicada no a buscar los fósiles de las primeras formas de vida,
sino los residuos de sustancias como los aminoácidos y los carbones,
que se sabe fueron los primeros elementos que se combinaron para producir
vida.
Fundamentalmente, el problema básico es definir qué tiene
vida y qué no lo tiene. En este sentido los estudios se remontan
a billones de años, y la vida biológica como la de los hombres
les interesa poco. Vida para ellos abarca todo que se replica, pero con
la diferencia que la reproducción no es exacta ni igual a la original
que es la causa de la diversidad de vida en la tierra. Ellos mismos tropiezan
con problemas para explicar la diferencia entre lo que tiene vida y lo
que no la tiene.
Los cristales se reproducen desde el principio de su existencia, pero
no caen en la categoría de vida, porque a través de los
billones de años su composición se ha mantenido igual. Toda
la flora y fauna de la Tierra ha sufrido grandes alteraciones por tener
vida, mientras las materias inertes se han mantenido iguales.
Tal vez el principio más importante que ha establecido el Proyecto
y los cientos de colaboradores que investigan la tierra, el aire, las
profundidades del mar y el espacio, es que lo que buscan es el principio
de vida. Lo que esto significa es identificar el momento en que un cuerpo
ha evolucionado en un organismo con vida. De los inertes químicos,
gases, compuestos y calor de que se componía el sistema solar,
antes de lograr su presente forma.
Esta teoría del constante cambio en todas las formas de la vida
explica la diversidad de los hombres, de las plantas y de los animales
que existen en el mundo. Cosechas anuales siempre cambian un poco, y por
minúsculo que sea, a través de los años, el cúmulo
de cambios logra importancia y eso también explica el progreso
asombroso, aunque muy lento, que ha logrado el hombre materialmente, si
no espiritualmente.
Según los científicos no hay conflicto entre el Proyecto
Génesis y el Antiguo Testamento, ambos buscan un principio como
base de vida. Un científico confiesa llanamente que si tuviesen
éxito en encontrar la causa única de vida, no sabrían
nada, porque desconocen la procedencia de la causa única. Igual
agrega un colega que si se comprobara la teoría del Big Bang, todavía
no sabríamos nada, porque ignoraríamos qué había
antes del Big Bang.
*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

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