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Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Tras el debate del jueves en la noche, los electores estadounidenses tal
vez estén más cerca de decidir hasta dónde la política
exterior afectará su voto del 2 de noviembre. Pero la opinión
mundial ya ha emitido su juicio.
El 76 por ciento de los euro- peos, según una reciente encuesta,
desaprueba la política externa estadounidense, 20 puntos porcentuales
más que hace dos años. Otra encuesta encontró que
las mayorías en 35 países alrededor del mundo tienen un
fuerte sentimiento negativo hacia Estados Unidos, debido a su política
exterior. Los encuestados en los tres países latinoamericanos más
grandes guardan una visión aún más negativa que el
promedio: México (78%), Brasil (66%) y Argentina (65%).
Muchos observadores ven en estas cifras un cambio inminente y radical
en el actual orden mundial. En vez de Estados
Unidos y sus aliados en contra del nazismo, o Estados Unidos y el occidente
en contra del comunismo o Estados Unidos y el mundo en contra del terrorismo,
lo que Bush ha logrado, dicen, es enfrentar a Estados Unidos prácticamente
contra todos los demás.
Lo más grave, escribió recientemente Daniel
Samper, uno de los columnistas colombianos más respetados, es
que, por primera vez desde su nacimiento como nación libre, Estados
Unidos provocará una división global. Con la imposición
arrogante y déspota de su liderazgo desde el 11 de septiembre,
Estados Unidos se está constituyendo en un enemigo de muchos
países, dijo Marta Lagos, directora ejecutiva de Latinobarómetro,
un prestigioso grupo encuestador con sede en Santiago, Chile.
Ahora, si esa división es real y los datos de las encuestas son
clara evidencia de ella, entonces el sentimiento latinoamericano hacia
Estados Unidos debiera revelar una de las divisiones más grandes
y cuantificables entre una región y Estados Unidos. Pero ese no
es precisamente el caso.
De todas las naciones latinoamericanas, la relación de México
con Estados Unidos fue la que más sufrió después
del 11 de septiembre. México y el Presidente Vicente Fox pasaron
de ser una prioridad y un mejor amigo, a una idea secundaria y un simple
conocido.
Pero con casi 10 millones de mexicanos viviendo en este país y
25 millones estadounidenses de ascendencia mexicana, Fox no ha tenido
la opción de darle la espalda al Norte. Su reciente acercamiento
a gobiernos locales y estatales en Estados Unidos es una clara muestra
de ello.
Más aún, los mexicanos hoy no son más anti-estadounidenses
que en el pasado. Según una encuesta emitida esta semana por el
Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, los mexicanos todavía
hoy muestran una fuerte voluntad de cooperar con Estados Unidos contra
el terrorismo. De hecho, un 59 por ciento de los mexicanos aceptaría
de buena gana que agentes estadounidenses ayudaran a sus contrapartes
mexicanos a asegurar las fronteras, los aeropuertos y los puertos en territorio
mexicano.
Claro que hay desacuerdos reales sobre Iraq y gran incomodidad con el
estilo de Washington, pero los intereses alrededor del mundo no son tan
divergentes de los de Washington. El actual orden mundial simplemente
aguanta más de lo que algunos quisieran hacer creer.
Brasil es otro país que ha estado en desacuerdo con las acciones
de Estados Unidos en
Iraq y, más que México, se ha resistido a las políticas
comerciales estadounidenses. No obstante, los intereses de Estados Unidos
y Brasil avanzaron en una forma nueva de cooperación cuando Brasil
tomó el comando de las fuerzas de Naciones Unidas en Haití.
Claramente, el hecho de que dos de cada tres brasileños tienen
una visión negativa de Estados Unidos no ha hecho que Brasilia
deje de promover intereses en paralelo con Washington.
Si existe algún país en América Latina, además
de Cuba, que se ubique en el lado opuesto a Estados Unidos en la supuesta
división global, sería Venezuela. Washington rechazó
al Presidente Hugo Chávez, apoyó un golpe de Estado y más
recientemente retiró su respaldo a préstamos por $250 millones
de dólares. Pero es en Venezuela, más que en los otros países
latinoamericanos encuestados, donde la gente tiene una opinión
más favorable de la política exterior de Washington un
33 por ciento.
La verdad es que incluso esta administración, a pesar de estar
colmada de empecinados antichavistas, no ha logrado reunir suficiente
fuerza para derrumbar a Chávez. Con el petróleo a $50 dólares
el barril, los intereses petroleros de Estados Unidos están contentos
con Chávez siempre y cuando el petróleo siga fluyendo. En
otras palabras, intereses mutuos evitan que cualquier tipo de desacuerdo
de política exterior divida al mundo en dos.
Esto de ninguna forma constituye una defensa a la política exterior
de Bush. Ciertamente el mandatario estadounidense y sus consejeros desperdiciaron
la buena voluntad mundial hasta el punto de lograr lo absurdo: hoy la
gente alrededor del mundo parece más preocupada por las acciones
de Washington que por las de los terroristas.
No hay duda de que su confianza sobrada y su unilateralismo han conseguido
que la lucha contra el terrorismo sea más difícil de lo
que ya era. Pero aquellos que argumentan que el mundo se está dividiendo
en dos corren el riesgo de simplificar demasiado una característica
que a menudo atribuyen a Bush.
*Columnista del Washington Post.

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