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Desde washington
Incomoda al mundo nuevo estilo de EE.UU.

No hay duda de que su confianza sobrada y su unilateralismo han conseguido que la lucha contra el terrorismo sea más difícil. Pero aquellos que argumentan que el mundo se está dividiendo en dos corren el riesgo de simplificar demasiado

Publicada 1 de octubre 2004, El Diario de Hoy


Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Tras el debate del jueves en la noche, los electores estadounidenses tal vez estén más cerca de decidir hasta dónde la política exterior afectará su voto del 2 de noviembre. Pero la opinión mundial ya ha emitido su juicio.

El 76 por ciento de los euro- peos, según una reciente encuesta, desaprueba la política externa estadounidense, 20 puntos porcentuales más que hace dos años. Otra encuesta encontró que las mayorías en 35 países alrededor del mundo tienen un fuerte sentimiento negativo hacia Estados Unidos, debido a su política exterior. Los encuestados en los tres países latinoamericanos más grandes guardan una visión aún más negativa que el promedio: México (78%), Brasil (66%) y Argentina (65%).
Muchos observadores ven en estas cifras un cambio inminente y radical en el actual orden
mundial. En vez de Estados Unidos y sus aliados en contra del nazismo, o Estados Unidos y el occidente en contra del comunismo o Estados Unidos y el mundo en contra del terrorismo, lo que Bush ha logrado, dicen, es enfrentar a Estados Unidos prácticamente contra todos los demás.

“Lo más grave”, escribió recientemente Daniel Samper, uno de los columnistas colombianos más respetados, “es que, por primera vez desde su nacimiento como nación libre, Estados Unidos provocará una división global”. Con la imposición arrogante y déspota de su liderazgo desde el 11 de septiembre, “Estados Unidos se está constituyendo en un enemigo de muchos países”, dijo Marta Lagos, directora ejecutiva de Latinobarómetro, un prestigioso grupo encuestador con sede en Santiago, Chile.

Ahora, si esa división es real y los datos de las encuestas son clara evidencia de ella, entonces el sentimiento latinoamericano hacia Estados Unidos debiera revelar una de las divisiones más grandes y cuantificables entre una región y Estados Unidos. Pero ese no es precisamente el caso.

De todas las naciones latinoamericanas, la relación de México con Estados Unidos fue la que más sufrió después del 11 de septiembre. México y el Presidente Vicente Fox pasaron de ser una prioridad y un mejor amigo, a una idea secundaria y un simple conocido.
Pero con casi 10 millones de mexicanos viviendo en este país y 25 millones estadounidenses de ascendencia mexicana, Fox no ha tenido la opción de darle la espalda al Norte. Su reciente acercamiento a gobiernos locales y estatales en Estados Unidos es una clara muestra de ello.

Más aún, los mexicanos hoy no son más anti-estadounidenses que en el pasado. Según una encuesta emitida esta semana por el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, los mexicanos todavía hoy muestran una fuerte voluntad de cooperar con Estados Unidos contra el terrorismo. De hecho, un 59 por ciento de los mexicanos aceptaría de buena gana que agentes estadounidenses ayudaran a sus contrapartes mexicanos a asegurar las fronteras, los aeropuertos y los puertos en territorio mexicano.

Claro que hay desacuerdos reales sobre Iraq y gran incomodidad con el estilo de Washington, pero los intereses alrededor del mundo no son tan divergentes de los de Washington. El actual orden mundial simplemente aguanta más de lo que algunos quisieran hacer creer.

Brasil es otro país que ha estado en desacuerdo con las acciones de Estados Unidos en
Iraq y, más que México, se ha resistido a las políticas comerciales estadounidenses. No obstante, los intereses de Estados Unidos y Brasil avanzaron en una forma nueva de cooperación cuando Brasil tomó el comando de las fuerzas de Naciones Unidas en Haití. Claramente, el hecho de que dos de cada tres brasileños tienen una visión negativa de Estados Unidos no ha hecho que Brasilia deje de promover intereses en paralelo con Washington.

Si existe algún país en América Latina, además de Cuba, que se ubique en el lado opuesto a Estados Unidos en la supuesta división global, sería Venezuela. Washington rechazó al Presidente Hugo Chávez, apoyó un golpe de Estado y más recientemente retiró su respaldo a préstamos por $250 millones de dólares. Pero es en Venezuela, más que en los otros países latinoamericanos encuestados, donde la gente tiene una opinión más favorable de la política exterior de Washington —un 33 por ciento.

La verdad es que incluso esta administración, a pesar de estar colmada de empecinados antichavistas, no ha logrado reunir suficiente fuerza para derrumbar a Chávez. Con el petróleo a $50 dólares el barril, los intereses petroleros de Estados Unidos están contentos con Chávez siempre y cuando el petróleo siga fluyendo. En otras palabras, intereses mutuos evitan que cualquier tipo de desacuerdo de política exterior divida al mundo en dos.

Esto de ninguna forma constituye una defensa a la política exterior de Bush. Ciertamente el mandatario estadounidense y sus consejeros desperdiciaron la buena voluntad mundial hasta el punto de lograr lo absurdo: hoy la gente alrededor del mundo parece más preocupada por las acciones de Washington que por las de los terroristas.

No hay duda de que su confianza sobrada y su unilateralismo han conseguido que la lucha contra el terrorismo sea más difícil de lo que ya era. Pero aquellos que argumentan que el mundo se está dividiendo en dos corren el riesgo de simplificar demasiado —una característica que a menudo atribuyen a Bush.

*Columnista del Washington Post.


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