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Lama exhorta a ricos a ayudar a los pobres

Paz. Dijo que una clave para ser feliz es preocuparse por los demás. Añadió que esa concordia no viene del cielo.

Publicada 30 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Recibimiento. Una asistente a la conferencia que dictó el Dalai Lama, ayer por la tarde, recibe los buenos augurios del líder religioso. Foto EDH


Ciro Granados
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Quien pensaba que el máximo líder espiritual de los tibetanos es un hombre cautivo de los formalismos que impone el protocolo, o que se deja arrastrar por la solemnidad de su cargo, está en un error.

Es alegre y desenfadado. No desaprovecha ocasión para mostrar su buen humor, aunque su discurso está cargado de un realismo tajante que no acepta eufemismos.

En esa tónica es que Tenzin Gyatso, el XIV Dalai Lama, no tuvo empachos en exhortar ayer que un compromiso que debe asumirse para lograr la felicidad en la sociedad es reducir la brecha entre los ricos y los pobres.

“Está en manos de los ricos que, de parte de ellos mismos, a través de esta autodisciplina y sentido de vida, empiecen a distribuir y ayudar a los más necesitados”, apuntó, antes de mencionar que a veces la política contribuye a este fenómeno.

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El visitante disertaba sobre cómo lograr la paz exterior a través de la interior ante casi dos mil personas congregadas en el Hotel Radisson.

La base de su discurso es que para tener paz se debe partir de la promoción de valores humanos fundamentales. Se refería, entre otros, a la compasión y la preocupación por los demás porque eso conlleva a la tolerancia y desarrolla el perdón.

Explicó que en casos de conflictos hay que enfrentarlos compartiendo el respeto con la contraparte y estando listo para dialogar: “Eso denota la preocupación por la situación ajena”.

La visión del Dalai es que todos queremos y tenemos derecho a una vida feliz. Y en el mundo moderno, —comentó— existe la comodidad con el avance de la tecnología y la ciencia, pero que esa sofisticación también ha generado problemas.

También hizo un llamado a los salvadoreños para que, a la hora de enfrentar los problemas de la violencia o del crimen, la perspectiva no debe ser limitada: “Traten siempre de ampliar la visión para mirar los intereses a largo plazo y para todos”.

Su mensaje de paz incluye, aparte, fomentar la armonía entre las religiones. Y para eso —subrayó— es importante conocer “tradiciones espirituales diferentes a las nuestras para ver en qué contribuyen a la sociedad”. Aunque, también dijo que en ocasiones las religiones son manipuladas para intereses específicos que tienen resultados graves.

Su gran conclusión es que la paz interior no viene del cielo ni de la tierra. “Tiene que generarla el individuo con su inteligencia”.


Lo Dalai no quita lo casual

A su llegada al hotel Radisson, el guía espiritual del Tíbet se quedó mirando la escultura de una mujer, hizo algunos comentarios y siguió caminando por el pasillo.

Luego se detuvo y contempló el cuadro de un pintor salvadoreño. Justo en ese momento, Tsewang Phuntso, uno de sus embajadores que había entrevistado hace unos meses me tomó la mano y me acercó a su líder. Le dijo unas palabras en Tibetano y el Dalai se volvió.

“Aprecio mucho lo que ha hecho. Hay que escribir más sobre la causa tibetana”, me dijo mientras estrechábamos las manos.

Luego entró al salón y la multitud, que estaba en un gran coloquio, calló. Silencio. Unos cuantos se atrevieron a aplaudir y luego la emoción se hizo general. Pero el Dalai se detuvo de nuevo.

A su costado estaba un paralítico. Se acercó, le tomó su mano y comenzó a frotarla. Hizo lo mismo con una rodilla. Después se acercó a su oído y le dijo unas palabras. Se despidió con un “Good”.

Después llegó a la tarima y, para sentirse más cómodo, se desató los cordones de sus zapatos (color café y del estilo Hush Pupies) y se sentó con las piernas cruzadas.

Mientras el traductor convertía al español el discurso, el Dalai se entretenía jugando con el micrófono, viendo al cielo, mirando el reloj o rascándose la cabeza.

Hubo lugar para bromas y hasta para decir que estaba de acuerdo con la clonación siempre y cuando eso no se hiciera para crear seres humanos con el propósito de usar sus órganos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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