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Los altibajos del festival

La oferta teatral ha sido variada. El desarrollo se vio opacado por una serie de problemas

Publicada 30 de septiembre 2004, El Diario de Hoy


Clásica adaptación. Fausto y el diablo demostraron sus personalidades ante los asistentes de la jornada teatral. Foto EDH

Morena Azucena/Rosemarié Mixco
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com


Todo ocurrió cuando Isabel Campos y Francisco Corvera alzaban su voz para recitar los parlamentos de la obra El sueño del ángel, en el auditorio de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).

Los estudiantes de cuatro instituciones educativas estaban atentos a la propuesta del Grupo de Teatro de la Universidad de El Salvador. Una voz femenina, que a través de un micrófono, profería un discurso dirigido a los que permanecían fuera del auditorio, interrumpió la concentración del público.

Por espacio de 10 minutos, las voces de los actores salvadoreños compitieron con los sucesos externos al espectáculo.

A dos días de finalizar el III Festival Internacional de Teatro Universitario, los organizadores han enfrentado una serie de situaciones que calificaron como “imprevistos y accidentes”, que complicaron la agenda planificada.

Los inconvenientes sufridos por el grupo de la UES, la mañana del miércoles, es sólo uno de los altibajos. Similares incomodidades tuvieron los actores nacionales de La rendija, el martes, en la presentación de Fausto.

Y es que en la UCA, paralelo al Festival se realiza la Feria del Libro, por lo que los programas chocaron en varias oportunidades.

Más peros

El cumplimiento de los horarios también quedó en entredicho. La presentación del grupo Humanun Tempore inició con una hora de atraso, hace dos días,

Lo nacional. La UES puso en escena El sueño del Ángel, obra de Carlos Solórzano. Foto EDH

¿Las razones? La falta del equipo digital que apoyaría la danza de las artistas salvadoreñas no llegó a tiempo. “No estaba el DVD, el proyector ni las luces. Ni el Museo, ni el Festival quedaron mal, sino nosotras”, dijo molesta Mónica Delgado, la representante.

La bailarina atribuyó la responsabilidad a los organizadores. Ellos tenían que haber proporcionado las herramientas para el espectáculo. Tenían, además, que haber posibilitado que ellas tuvieran acceso al escenario desde temprano.

Elizabeth Huezo, una de las organizadoras, argumentó que la demora fue porque el equipo se rentó el mismo día, debido a limitantes económicas.

También hubo un retraso –sólo que con 30 minutos menos que el anterior caso– con la entrada en escena del grupo Heredia de Costa Rica.

Lo mejor posible

El esfuerzo de los actores ha compensado, en cierta medida, las consecuencias de los múltiples inconvenientes. Lo que no pudieron, porque estaba fuera de su alcance, fue solventar la inasistencia de público.

Humanum Tempore. Las artistas se esforzaron a pesar de los inconvenientes técnicos. Foto EDH

Obras muy buenas las llegaron a presenciar alrededor de 10 personas, como en el caso de la española Mono Sapiens, del actor Tian Gombau.

Aquiles Hernández, director del III Festival de Teatro Universitario, reconoció que siempre estuvieron conscientes de que las funciones diurnas no eran rentables.

Fue muy difícil lograr que se les facilitara el uso de los escenarios en horas nocturnas. Así –detalló Hernández–, en el caso del Museo David J. Guzmán les explicaron que el auditorio estaba apartado para otros eventos.

Ya no se puede echar para atrás. Los organizadores sólo les queda aprender de los errores y garantizar que éstos no se repetirán el próximo año.


Los sueños de Iván

Iván caminó con mucho esfuerzo hacia el escenario. Una luz tenue iluminó su cuerpo ataviado de negro. Su voz y sus movimientos impactaron de entrada al escaso público que asistió el martes al Teatro Luis Poma.

Emotivo. Iván Martínez en plena actuación. Foto EDH

El actor mexicano, que padece parálisis cerebral, sorprendió con el monólogo Ojalá.

Durante 30 minutos narró sin timidez la historia de una mujer maltratada, un anciano, un discapacitado y una pareja de novios. “Todos son personas comunes y corrientes” –resaltó Iván– que sufren el desprecio social, la soledad y dolor cotidiano.

El texto, escrito por Hugo Daniel Marcos, es sencillo. Iván lo trasladó de manera emotiva. Al final de su acto, el artista dejó la reflexión: “Ojalá los discapacitados tengan oportunidad, ojalá los ancianos sean respetados, ojalá las mujeres no sean maltratadas”.

Estas palabras calaron en el auditorio. Algunos de los asistentes dejaron que sus sentimientos y emociones afloraran.

Universidad . Don Bosco Participó con El Juez de los divorcios, obra basada en textos de Miguel de Cervantes. Foto EDH

“Es increíble. Muchas veces se menosprecia a los discapacitados. Al verle aquí haciendo teatro me ha tocado”, expresó, entre lágrimas, la actriz nicaragüense América Novoa.

La historia de Iván es sorprendente. Tiene 19 y desea ser mercadólogo. Los últimos dos años de su vida los ha dedicado al teatro.

A estas alturas, tiene igual número de monólogos de su autoría. Para ello se apoya en una computadora, que la maneja con la boca a través de un puntero. Iván pertenece al teatro de la Preparatoria Regional de Educación, de Jalisco, México.



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