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Escuela para criminales

Caer en el vacío: Dentro de la cárcel de mujeres existen algunas reclusas que pueden ordenar golpizas contra quienes consideran sus enemigas. una ex convicta narra a la periodista Heydi Vargas cómo esa prisión no está hecha para rehabilitar sino que, por el contrario, provoca que se profundice la propensión a cometer delitos. Esto es lo que Ella manifestó.

Publicada 29 de septiembre 2004, El Diario de Hoy



El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Tercera entrega

El robo en la panadería de la levadura Royal (polvo que se emplea en la fermentación) es muy frecuente. Hay una razón para que eso ocurra: se usa para fermentar la chicha que las internas toman.

Cada una de las integrantes del equipo productor de chicha tenía una asignación: conseguir manzanas, piña, maicillo, naranjas y uvas que les llevaban sus respectivas visitas.

Metíamos cada ingrediente en trocitos bien lavados en un garrafón de agua embotellada que cuidábamos celosamente. Una botella podía venderse en tres dólares o más.

Pero nunca falta una soplona y nuestros planes de vender la chicha no siempre daban los frutos esperados.

Actualmente han limitado la entrada de frutas. Aunque se dice que los cafetines que pertenecen a miembros del personal de la prisión, venden la fruta de temporada y todo tipo de artículos al doble de precio, mientras prohíben a los visitantes su ingreso.

Por eso, pese a la restricción, siempre se fabrica chicha. A las mareras les gusta mucho esta bebida.

El poder clandestino

A la Quintanilla le tuve respeto. Actualmente es una de las más influyentes líderes que conforman la argolla en la cárcel.

Ella es una mujer llena de maldad, de resentimiento y odio. No se mide para ordenar una paliza contra cualquiera de las reclusas, por el simple hecho de que le cayó mal a primera vista, porque se imagina que le echó una mala mirada, por un chisme o chambre.

No obstante su perversidad, creo que es muy inteligente y coordina a un grupo de “respetables”, por sus antecedentes delincuenciales, como “La Pollo”, una lesbiana apodada “El Varón” y la Jéssica, entre otras. Éstas forman el comité de castigo.

La Quintanilla permanece a distancia como espectadora mientras sus secuaces propinan la tunda a la pobre víctima.

Nadie, ni las orientadoras se atreven a pasar un reporte o a denunciarla porque se atienen a una venganza mayor.

“En este año han muerto tres internas de sida, y sabemos que hay más de 30. la clínica tiene registrada a sólo tres”.


“Actualmente han limitado
la entrada de frutas. Aunque
los cafetines dicen que son del personal de la cárcel”. Foto EDH

Hace un par de meses, mandó a pegarle a Tamakas, una joven que entró por homicidio pero que es muy tranquila.

A la Quintanilla le llegaron rumores de que la Tamakas había hablado mal de ella y eso fue suficiente para que su grupo le dejara la cara llena de moretones y reventaduras y le enviara a la enfermería.

“La Pollo y El Varón” recientemente están en la libre.

Entre las que también llevan cuotas de poder se encuentran la María José y la Lemus, entre otras. Todas las internas les tenemos respeto porque son de muy malos sentimientos.

A veces siento en el gran dolor que llevo y pienso al igual que ellas por haber perdido nuestra libertad, por no estar cerca de nuestros hijos, por la soledad y amargura.

Pero tampoco considero justo que descarguen su furia sobre las demás. Les encanta hacer daño, comer bien y hacer que alguna nueva por su ingenuidad les lleve barco a cambio de protección.

Sólo un mal por consulta

La clínica de la cárcel cuenta con dos médicos: un ginecólogo, el Dr. Carrillo, pagado por la institución y otro, el Dr. Campos, que trabaja ad honorem como médico general.
Cuesta mucho pasar consulta, ya que cada profesional sólo atiende de diez a quince pacientes al día.

El ginecólogo tarda como un minuto para atender a cada paciente. Si llegas con dos enfermedades, hay que decidir cuál nos molesta o duele más. La segunda dolencia queda para otra cita.

Sin revisar ni auscultar a nadie el doctor extiende recetas simples como aspirinas e ibuprofeno por cualquier dolor.

Si uno se atreve a mencionar un segundo malestar él dice fríamente: “Pedí otra cita”.
Antes el tiempo que había que esperar entre cita y cita era un mes, ahora se ha acortado a sólo una semana.

“Entierros”
¿Para qué quiere “el trabajo”?
L Alejamiento, acercamiento, amor, dinero, negocios. Consisten en la práctica de hechizos, brujería, vudú, santería y toda magia blanca o negra de “adentro para afuera” o viceversa.
Se dice que en el sector Penado o la “C” hacen trabajos de brujería.
Marta Dilia, tiene como doce años de estar en cárcel y es famosa por realizar este tipo de prácticas.
Una de las internas que hacía poco había ingresado, le pidió que le hiciera un “trabajo” para que aprobaran la solicitud de permiso para estar en la íntima con un hombre y que éste la alivianara llevandole barco.
Marta Dilia le dijo que le tenía que dar algo de él, para que funcionara el trabajo. La inocente reclusa le dijo que sólo tenía una cadena de oro que el conjurado le había regalado.
La Dilia le dijo que se la diera para hacer el “entierro” que iba a durar siete días para hacer efecto.
Al cabo de ese tiempo la Dilia le dijo a la ingenua: “Fijate, que me tocaron el entierro y te “hueviaron” la cadena. Quizá los santos se la llevaron”.
Yo aprendí a leer cigarros, que es algo parecido a la prueba del puro. ¡Claro!, a veces andaba en agüite porque no tenía para comprar cigarros, y qué mejor forma: una fumadita, que hacerles la prueba del cigarro a las que lo quisieran.
Además de proveerme de tabaco, también me pagaban un dólar por el trabajo. ¡Buen negocio!

El doctor Campos que trabaja “de gratis”, es el director de la Unidad de Salud de Santa Lucía.

Es un hombre muy humanitario y brinda ayuda de manera incondicional. Incluso llega los sábados y los domingos y se toma el tiempo suficiente para diagnosticar nuestros males.
Pocas veces recetan inyecciones. Y si se necesitan antibióticos la clínica expide la receta y nosotras debemos surtirla de la libre.

La enfermera suministra las dosis diarias requeridas, pero, en muchas ocasiones no podemos tomarlas cuando ya estamos encerradas y se pierde el efecto del tratamiento.
Cuando hay emergencias, si se corre con suerte y se habla con la orientadora y si ésta ve que uno se está muriendo, lo lleva directamente a la clínica y pasa consulta de inmediato.

A menudo no hay enfermeras durante toda la noche. Antes de apagar las luces, las orientadoras anuncian: “Niñas, hoy no se permiten emergencias porque no hay enfermera”.
Desmayos, heridas o reventadura de venas varicosas cuando no hay enfermera las atendemos nosotras.

La suicida


Era el día de visita cuando los hijos de Eddie, una interna del área de preventivo, se marcharon y le dejaron una cartita. Éstos le decían que la extrañaban y la querían mucho.
Vi muy triste a Eddie, fue entonces que me dijo:

– ¡Puta mama, agarré llave!
– ¿Por qué?, le pregunté.
– ¡Agarré llave!, me volvió a contestar.
– Bueno, le dije, -agárrela al suave y despabílese; yo tengo que hacer algo, pero le dejo un par de cigarros y ya platicamos.

La perdí de vista por un par de horas. Al finalizar la visita llegué a donde ella estaba y quedé sorprendida al encontrarla toda ensangrentada. Ni las seños se habían percatado de que se había lacerado el brazo izquierdo con la aguja de crochet.

La llevaron de emergencia a la enfermería. Comprendí lo que le pasaba. A veces nuestra mente fabrica todo tipo de imágenes, sensaciones que vuelven más pesada la carga de soledad.

“cuando nos mandan cartas, susana, la secretaria, las lee para enterarse qué estamos haciendo dentro”.


“La cárcel es una escuela donde te perfeccionas en el arte delictivo. Salimos sin un cinco en las bolsas”Foto EDH

Es prohibido tener fotografías de tus hijos o de tu marido en la cárcel. La dirección no dice por qué, pero creo que es para que no entremos en depresión, sufrimiento, o que anhelemos estar en la libre con nuestra gente.

En los momentos de visita, si los hijos no llegan te sientes frustrada, triste. Cuando te visitan y te reprochan porque están pasando pobrezas, o si te enteras de que tus hijas adolescentes se han acompañado, o cuando tus hijos van por mal camino, o hay malas noticias, la sensación de impotencia para remediar las cosas te hunde en la más profunda depresión.

Eso explica en gran medida la agresividad que despliegan algunas presas. Nos comportamos como si estuviéramos pidiendo a gritos que mejor nos maten, porque no tenemos el valor suficiente para quitarnos la vida.

Las internas que tienen años de -estar en la cárcel, cuentan de que se han dado suicidios al interior del recinto. Ahorcadas era lo más frecuente.

Hasta noveno

Lo que sobra en la cárcel es el tiempo libre y nuestra mente se afana por matar el tedio que produce no hacer nada por horas y horas. Es por ello que se recurre a la tertulia abierta o encubierta.

Las que caímos por robafurgones nos reunimos con secuestradoras, narcotraficantes o roba bancos. Contamos nuestras aventuras y hacemos amistad cada vez más estrecha.

¿Qué haremos cuando salgamos? Vamos a desquitarnos la “tabeada” -el tiempo que pasamos en cárcel-

Lo primero es intercambiar números telefónicos para cuando salgamos, nos llamamos y podemos planear algo bonito y grande.

La cárcel es una escuela en la que te perfeccionas en el arte delictivo, porque si caíste presa por equis delito, vas a estudiar en qué fallaste para no cometer los errores del pasado.

“Las plagas”
Tenemos talepates en las camas
L Cada seis u ocho meses fumigan el penal, pero nunca la erradican por completo. Y por las noches apesta porque nos dedicamos a matarlos.
Parece insólito que tengamos por compañera a una vaca negra con manchas blancas que le pertenece a la directora.
Siempre está en la zona del huerto, cerca de los tendederos y de la escuela.
Sin embargo, poco después de los terremotos no muchas estuvimos contentas con ella, ya que propició la expansión de una plaga de garrapatas que algún tiempo nos mantuvo de cabeza.
Cuando me empezó a picar la cabeza y sentí como qué algo me caminaba, no dudé que ya tenía unos huéspedes: los piojos.
Esta es otra plaga que no se puede erradicar. Es frecuente ver por las tardes a mujeres llevar entre manos peines finos que al pasarlos por el pelo, arrastran liendres y piojos.
Se supone que los gatos ahuyentan a las ratas.
En el reclusorio se aplica la teoría al revés, ya que los roedores por su tamaño y número, parecen intimidar a los felinos.
El mal olor que emana de los orines y el excremento se mantiene constante, pese a la limpieza que en todos los sectores hacen las internas.
Es difícil no contagiarse de plagas como la sarna o escabiosis porque los colchones han sido usados por personas que dormían bajo puentes o que tienen hábitos antihigiénicos, lo cual es lo peor que le puede pasar a las que hemos sido muy “piquis”.

Salimos sin un cinco en nuestros bolsillos. Nuestros hijos han pasado necesidades y carencias de todo tipo y más cuando nosotras somos jefas de hogar.

Pero si las autoridades fueran inteligentes nos buscarían trabajos para que los realicemos durante los años de purga.

En el pasado maquilábamos bolsas de papel para una línea aérea. Nos pagaban una tontera, y es que la mayor parte de los ingresos le quedaba al centro.

Si pudiésemos aprender un oficio en todos los talleres nos daría una forma de vivir para cuando estemos en la libre, y con esto mantener a nuestros hijos y ya no delinquir.

En el centro sólo hay educación hasta noveno grado. Cuando varias reclusas intentaron hacer el bachillerato a distancia, la dirección se los impidió.

Allí no se puede aspirar al bachillerato ni menos a tener un centro de cómputo o una biblioteca para podernos instruir.

Cuando en la cárcel intentaron instalar un centro de cómputo, la directora dijo que no porque iban a ser hombres quienes darían los cursos.
A esto se añade la prohibición de ingresar libros.

¡Es una lástima, ya que la mayoría tenemos, si no una gran educación, inteligencia suficiente para reorientarla por buen camino!

El que estemos privadas de libertad no significa que no podamos aprender cosas útiles. Además de ganas de superarnos, lo que nos sobra es tiempo de ocio.

“La espía”

Allí, desde Susana, la secretaria de la directora hasta la sicóloga, casi todas nosotras las vemos como unas espías.

La primera, cuando nos mandan correspondencia, ella tiene que leerla antes para saber el contenido y de alguna forma enterarse de qué sucede dentro de los recintos y trasladar la información a la directora.

Los problemas de salud mental eran atendidos antes por un sicólogo. Hoy es una mujer pero nosotras no queremos hablar con ella porque todo lo que le confiamos es registrado en nuestros expedientes.

No tenemos garantía de intimidad o de secreto entre médico y paciente. No confiamos en ella. La sentimos como una espía que investiga la vida de todas y que pasa los datos a la administración sobre lo que está pasando adentro.

En cierto modo está obligada a hacerlo por las evaluaciones a las que somete a las reclusas penadas que están por salir o que pasan a la “fase de confianza” exigidas por el Instituto Criminológico.

Este último, con base en los informes de la sicóloga, emite dictámenes que son considerados por el Juez de Vigilancia Penitenciaria a la hora de decidir si merece o no la libertad y en qué condiciones.

Cuando uno es reincidente y tiene varias entradas en la cárcel, gana en experiencia judicial y conocimiento hasta de términos legales.

Tal es el caso de “El Príncipe”, una interna de aparente masculinidad; se viste como hombre.
Ha caído por estafa en dos ocasiones. Creo que es muy inteligente, sabe mucho de leyes y les ayuda a presentar escritos legales a quienes se lo piden.

La directora terminó por prohibírselo porque con sus argumentos legales varias prisioneras han recuperado su libertad.

La redacción de los documentos cuesta cerca seis dólares, pero a ella no le gusta cobrar.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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