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El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Tercera entrega
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El robo en la panadería de la levadura Royal (polvo
que se emplea en la fermentación) es muy frecuente. Hay una razón
para que eso ocurra: se usa para fermentar la chicha que las internas
toman.
Cada una de las integrantes del equipo productor de chicha tenía
una asignación: conseguir manzanas, piña, maicillo, naranjas
y uvas que les llevaban sus respectivas visitas.
Metíamos cada ingrediente en trocitos bien lavados en un garrafón
de agua embotellada que cuidábamos celosamente. Una botella podía
venderse en tres dólares o más.
Pero nunca falta una soplona y nuestros planes de vender la chicha no
siempre daban los frutos esperados.
Actualmente han limitado la entrada de frutas. Aunque se dice que los
cafetines que pertenecen a miembros del personal de la prisión,
venden la fruta de temporada y todo tipo de artículos al doble
de precio, mientras prohíben a los visitantes su ingreso.
Por eso, pese a la restricción, siempre se fabrica chicha. A las
mareras les gusta mucho esta bebida.
El poder clandestino
A la Quintanilla le tuve respeto. Actualmente es una de las más
influyentes líderes que conforman la argolla en la cárcel.
Ella es una mujer llena de maldad, de resentimiento y odio. No se mide
para ordenar una paliza contra cualquiera de las reclusas, por el simple
hecho de que le cayó mal a primera vista, porque se imagina que
le echó una mala mirada, por un chisme o chambre.
No obstante su perversidad, creo que es muy inteligente
y coordina a un grupo de respetables, por sus antecedentes
delincuenciales, como La Pollo, una lesbiana apodada El
Varón y la Jéssica, entre otras. Éstas forman
el comité de castigo.
La Quintanilla permanece a distancia como espectadora mientras sus secuaces
propinan la tunda a la pobre víctima.
Nadie, ni las orientadoras se atreven a pasar un reporte o a denunciarla
porque se atienen a una venganza mayor.
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En este año han muerto tres internas de sida, y sabemos
que hay más de 30. la clínica tiene registrada a sólo
tres.
Actualmente han limitado
la entrada de frutas. Aunque
los cafetines dicen que son del personal de la cárcel.
Foto EDH
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Hace un par de meses, mandó a pegarle a Tamakas,
una joven que entró por homicidio pero que es muy tranquila.
A la Quintanilla le llegaron rumores de que la Tamakas había hablado
mal de ella y eso fue suficiente para que su grupo le dejara la cara llena
de moretones y reventaduras y le enviara a la enfermería.
La Pollo y El Varón recientemente están en la
libre.
Entre las que también llevan cuotas de poder se encuentran la María
José y la Lemus, entre otras. Todas las internas les tenemos respeto
porque son de muy malos sentimientos.
A veces siento en el gran dolor que llevo y pienso al igual que ellas
por haber perdido nuestra libertad, por no estar cerca de nuestros hijos,
por la soledad y amargura.
Pero tampoco considero justo que descarguen su furia sobre las demás.
Les encanta hacer daño, comer bien y hacer que alguna nueva por
su ingenuidad les lleve barco a cambio de protección.
Sólo un mal por consulta
La clínica de la cárcel cuenta con dos médicos: un
ginecólogo, el Dr. Carrillo, pagado por la institución y
otro, el Dr. Campos, que trabaja ad honorem como médico general.
Cuesta mucho pasar consulta, ya que cada profesional sólo atiende
de diez a quince pacientes al día.
El ginecólogo tarda como un minuto para atender a cada paciente.
Si llegas con dos enfermedades, hay que decidir cuál nos molesta
o duele más. La segunda dolencia queda para otra cita.
Sin revisar ni auscultar a nadie el doctor extiende recetas simples como
aspirinas e ibuprofeno por cualquier dolor.
Si uno se atreve a mencionar un segundo malestar él dice fríamente:
Pedí otra cita.
Antes el tiempo que había que esperar entre cita y cita era un
mes, ahora se ha acortado a sólo una semana.
| Entierros |
¿Para
qué quiere el trabajo?
L Alejamiento, acercamiento, amor, dinero, negocios. Consisten en
la práctica de hechizos, brujería, vudú, santería
y toda magia blanca o negra de adentro para afuera o viceversa.
Se dice que en el sector Penado o la C hacen trabajos
de brujería.
Marta Dilia, tiene como doce años de estar en cárcel
y es famosa por realizar este tipo de prácticas.
Una de las internas que hacía poco había ingresado,
le pidió que le hiciera un trabajo para que aprobaran
la solicitud de permiso para estar en la íntima con un hombre
y que éste la alivianara llevandole barco.
Marta Dilia le dijo que le tenía que dar algo de él,
para que funcionara el trabajo. La inocente reclusa le dijo que sólo
tenía una cadena de oro que el conjurado le había regalado.
La Dilia le dijo que se la diera para hacer el entierro
que iba a durar siete días para hacer efecto.
Al cabo de ese tiempo la Dilia le dijo a la ingenua: Fijate,
que me tocaron el entierro y te hueviaron la cadena. Quizá
los santos se la llevaron.
Yo aprendí a leer cigarros, que es algo parecido a la prueba
del puro. ¡Claro!, a veces andaba en agüite porque no tenía
para comprar cigarros, y qué mejor forma: una fumadita, que
hacerles la prueba del cigarro a las que lo quisieran.
Además de proveerme de tabaco, también me pagaban un
dólar por el trabajo. ¡Buen negocio! |
El doctor Campos que trabaja de gratis, es
el director de la Unidad de Salud de Santa Lucía.
Es un hombre muy humanitario y brinda ayuda de manera incondicional. Incluso
llega los sábados y los domingos y se toma el tiempo suficiente
para diagnosticar nuestros males.
Pocas veces recetan inyecciones. Y si se necesitan antibióticos
la clínica expide la receta y nosotras debemos surtirla de la libre.
La enfermera suministra las dosis diarias requeridas, pero, en muchas
ocasiones no podemos tomarlas cuando ya estamos encerradas y se pierde
el efecto del tratamiento.
Cuando hay emergencias, si se corre con suerte y se habla con la orientadora
y si ésta ve que uno se está muriendo, lo lleva directamente
a la clínica y pasa consulta de inmediato.
A menudo no hay enfermeras durante toda la noche. Antes de apagar las
luces, las orientadoras anuncian: Niñas, hoy no se permiten
emergencias porque no hay enfermera.
Desmayos, heridas o reventadura de venas varicosas cuando no hay enfermera
las atendemos nosotras.
La suicida
Era el día de visita cuando los hijos de Eddie, una interna del
área de preventivo, se marcharon y le dejaron una cartita. Éstos
le decían que la extrañaban y la querían mucho.
Vi muy triste a Eddie, fue entonces que me dijo:
¡Puta mama, agarré llave!
¿Por qué?, le pregunté.
¡Agarré llave!, me volvió a contestar.
Bueno, le dije, -agárrela al suave y despabílese;
yo tengo que hacer algo, pero le dejo un par de cigarros y ya platicamos.
La perdí de vista por un par de horas. Al finalizar la visita llegué
a donde ella estaba y quedé sorprendida al encontrarla toda ensangrentada.
Ni las seños se habían percatado de que se había
lacerado el brazo izquierdo con la aguja de crochet.
La llevaron de emergencia a la enfermería. Comprendí lo
que le pasaba. A veces nuestra mente fabrica todo tipo de imágenes,
sensaciones que vuelven más pesada la carga de soledad.
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cuando nos mandan cartas, susana, la secretaria, las lee
para enterarse qué estamos haciendo dentro.
La cárcel es una escuela donde te perfeccionas en
el arte delictivo. Salimos sin un cinco en las bolsasFoto
EDH
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Es prohibido tener fotografías de tus hijos o de
tu marido en la cárcel. La dirección no dice por qué,
pero creo que es para que no entremos en depresión, sufrimiento,
o que anhelemos estar en la libre con nuestra gente.
En los momentos de visita, si los hijos no llegan te sientes frustrada,
triste. Cuando te visitan y te reprochan porque están pasando pobrezas,
o si te enteras de que tus hijas adolescentes se han acompañado,
o cuando tus hijos van por mal camino, o hay malas noticias, la sensación
de impotencia para remediar las cosas te hunde en la más profunda
depresión.
Eso explica en gran medida la agresividad que despliegan algunas presas.
Nos comportamos como si estuviéramos pidiendo a gritos que mejor
nos maten, porque no tenemos el valor suficiente para quitarnos la vida.
Las internas que tienen años de -estar en la cárcel, cuentan
de que se han dado suicidios al interior del recinto. Ahorcadas era lo
más frecuente.
Hasta noveno
Lo que sobra en la cárcel es el tiempo libre y nuestra mente se
afana por matar el tedio que produce no hacer nada por horas y horas.
Es por ello que se recurre a la tertulia abierta o encubierta.
Las que caímos por robafurgones nos reunimos con secuestradoras,
narcotraficantes o roba bancos. Contamos nuestras aventuras y hacemos
amistad cada vez más estrecha.
¿Qué haremos cuando salgamos? Vamos a desquitarnos la tabeada
-el tiempo que pasamos en cárcel-
Lo primero es intercambiar números telefónicos para cuando
salgamos, nos llamamos y podemos planear algo bonito y grande.
La cárcel es una escuela en la que te perfeccionas en el arte delictivo,
porque si caíste presa por equis delito, vas a estudiar en qué
fallaste para no cometer los errores del pasado.
| Las
plagas |
Tenemos
talepates en las camas
L Cada seis u ocho meses fumigan el penal, pero nunca la erradican
por completo. Y por las noches apesta porque nos dedicamos a matarlos.
Parece insólito que tengamos por compañera a una vaca
negra con manchas blancas que le pertenece a la directora.
Siempre está en la zona del huerto, cerca de los tendederos
y de la escuela.
Sin embargo, poco después de los terremotos no muchas estuvimos
contentas con ella, ya que propició la expansión de
una plaga de garrapatas que algún tiempo nos mantuvo de cabeza.
Cuando me empezó a picar la cabeza y sentí como qué
algo me caminaba, no dudé que ya tenía unos huéspedes:
los piojos.
Esta es otra plaga que no se puede erradicar. Es frecuente ver por
las tardes a mujeres llevar entre manos peines finos que al pasarlos
por el pelo, arrastran liendres y piojos.
Se supone que los gatos ahuyentan a las ratas.
En el reclusorio se aplica la teoría al revés, ya que
los roedores por su tamaño y número, parecen intimidar
a los felinos.
El mal olor que emana de los orines y el excremento se mantiene constante,
pese a la limpieza que en todos los sectores hacen las internas.
Es difícil no contagiarse de plagas como la sarna o escabiosis
porque los colchones han sido usados por personas que dormían
bajo puentes o que tienen hábitos antihigiénicos, lo
cual es lo peor que le puede pasar a las que hemos sido muy piquis. |
Salimos sin un cinco en nuestros bolsillos. Nuestros hijos
han pasado necesidades y carencias de todo tipo y más cuando nosotras
somos jefas de hogar.
Pero si las autoridades fueran inteligentes nos buscarían trabajos
para que los realicemos durante los años de purga.
En el pasado maquilábamos bolsas de papel para una línea
aérea. Nos pagaban una tontera, y es que la mayor parte de los
ingresos le quedaba al centro.
Si pudiésemos aprender un oficio en todos los talleres nos daría
una forma de vivir para cuando estemos en la libre, y con esto mantener
a nuestros hijos y ya no delinquir.
En el centro sólo hay educación hasta noveno grado. Cuando
varias reclusas intentaron hacer el bachillerato a distancia, la dirección
se los impidió.
Allí no se puede aspirar al bachillerato ni menos a tener un centro
de cómputo o una biblioteca para podernos instruir.
Cuando en la cárcel intentaron instalar un centro de cómputo,
la directora dijo que no porque iban a ser hombres quienes darían
los cursos.
A esto se añade la prohibición de ingresar libros.
¡Es una lástima, ya que la mayoría tenemos, si no
una gran educación, inteligencia suficiente para reorientarla por
buen camino!
El que estemos privadas de libertad no significa que no podamos aprender
cosas útiles. Además de ganas de superarnos, lo que nos
sobra es tiempo de ocio.
La espía
Allí, desde Susana, la secretaria de la directora hasta la sicóloga,
casi todas nosotras las vemos como unas espías.
La primera, cuando nos mandan correspondencia, ella tiene que leerla antes
para saber el contenido y de alguna forma enterarse de qué sucede
dentro de los recintos y trasladar la información a la directora.
Los problemas de salud mental eran atendidos antes por un sicólogo.
Hoy es una mujer pero nosotras no queremos hablar con ella porque todo
lo que le confiamos es registrado en nuestros expedientes.
No tenemos garantía de intimidad o de secreto entre médico
y paciente. No confiamos en ella. La sentimos como una espía que
investiga la vida de todas y que pasa los datos a la administración
sobre lo que está pasando adentro.
En cierto modo está obligada a hacerlo por las evaluaciones a las
que somete a las reclusas penadas que están por salir o que pasan
a la fase de confianza exigidas por el Instituto Criminológico.
Este último, con base en los informes de la sicóloga, emite
dictámenes que son considerados por el Juez de Vigilancia Penitenciaria
a la hora de decidir si merece o no la libertad y en qué condiciones.
Cuando uno es reincidente y tiene varias entradas en la cárcel,
gana en experiencia judicial y conocimiento hasta de términos legales.
Tal es el caso de El Príncipe, una interna de aparente
masculinidad; se viste como hombre.
Ha caído por estafa en dos ocasiones. Creo que es muy inteligente,
sabe mucho de leyes y les ayuda a presentar escritos legales a quienes
se lo piden.
La directora terminó por prohibírselo porque con sus argumentos
legales varias prisioneras han recuperado su libertad.
La redacción de los documentos cuesta cerca seis dólares,
pero a ella no le gusta cobrar.

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