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Un diagnóstico para no olvidar

La demencia senil tipo Alzheimer es una de las cuatro causas de mortalidad entre los adultos.

Publicada 29 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Lucha. Doña Julia sigue con su vida, con su arte, bajo los cuidados de su hijo. Foto EDH

Iliana Colocho
El Diario de Hoy
ilico77@elsalvador.com


La pesadilla comenzó cuatro años atrás. Las lagunas mentales de doña Lolita se hicieron frecuentes.

Ella no lograba recordar dónde había dejado las llaves o qué había hecho con su colección de libros.

Su vocabulario comenzó a escasear, aunque aún tiene la capacidad de comunicarse. Un día la situación empeoró, su mente confundía los sucesos recientes de su vida.

Joaquín concluyó que su madre no se encontraba bien. Una visita al médico fue la decisión inmediata. El diagnóstico, nada sencillo: doña Lolita padecía de Alzheimer.

Desde el año 2000, la vida de Joaquín dio un giro. Mientras su madre, de 87 años, se encuentra en una fase intermedia de la enfermedad (ver recuadro), él es miembro activo de la Asociación de Familiares de Alzheimer de El Salvador.

Atención. Cuidados y compañía es lo que más necesitan los pacientes. Foto EDH

Esto le ha permitido conocer que el mal no es exclusivo de la edad de oro. Cada vez son más las personas que presentan síntomas antes de cumplir los 60 e incluso los 50 años.

Tolerancia

Como Joaquín, muchas personas con parientes a los que se les detecta la enfermedad, no comprenden –al principio– de qué se trataba este tipo de demencia.

Los expertos manifiestan que no es lo mismo olvidar qué comió por la mañana, a olvidar con quién comió. Lo primero se cataloga como normal, pues es parte del envejecimiento de las neuronas.

Lo segundo, sin embargo, se considera un hecho patológico, ya que se deja de registrar las generalidades de un acontecimiento reciente.

Activo. Doña Lolita pinta. Esa actividad le permite ejercitar el cerebro. Foto EDH

Es así que los pacientes se van aferrando a hechos del pasado. Poco a poco, en la medida que el mal evoluciona, van olvidando funciones motoras elementales, como comer, tragar, ir al baño e incluso, hasta se llegan a perder en su propia casa.

Aunque no existe ninguna cura, los expertos recomiendan ejercitar el cerebro leyendo bastante y ver menos televisión, debido a que esta última actividad no estimula la imaginación.

Otra medida para paliar el rápido avance es el apoyo en grupo. Julia de Zepeda, presidenta de la Asociación de Familiares de Alzheimer de El Salvador, resalta que así se superan las frustraciones que provoca el mal degenerativo.

Cruel futuro

Hace 10 años, recuerda Carlos Díaz Manzano, neurólogo y fundador de la Asociación, la gente no sabía qué era el Alzheimer y el impacto social que provoca.

Hoy, se considera, junto a las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y el sida, uno de “los cuatro jinetes del Apocalipsis del siglo XXI”, subrayó.

El especialista pronostica que a largo plazo, a nivel mundial, habrá más casos de este tipo, debido al incremento de esperanza de vida.

Así, se espera que en 2025, en los países subdesarrollados existan 24 millones de enfermos. En la actualidad, hay 100 mil en todo el mundo.

El Ministerio de Salud de El Salvador registra entre 30 mil y 50 mil personas con un grado de demencia. No especifican cuántos de éstos tienen Alzheimer.

Doña Lolita es parte de esa estadística. Ella no lo sabe. Su vida gira en torno a un mundo sin recuerdos... eso es lo único que importa, al menos a Joaquín.


Cuidados con paciencia

¿Qué es lo que queda de mi madre?”, se preguntaba doña Julia. Lo que a ella le queda de su “Colocha”, como le llamaba con cariño, son los recuerdos de más de una década de convivencia con la mujer que se le parecía tanto y deambulaba con pasos diminutos por la casa, con una mirada puesta en el vacío y una gran sonrisa.

La presidenta de la Asociación de Familiares de Alzheimer aprendió a vivir con la enfermedad de su madre, quien, sin proponérselo, le hizo pasar graves vergüenzas. Ella sabía que su progenitora sólo estaría bien bajo sus cuidados.

A lo largo de diez años, como líder de la organización, se ha encontrado con casos donde los familiares buscan deshacerse de sus parientes o se dedican a ocultar la existencia del padecimiento.

“Existen diversas razones para que las personas tomen esta postura. En un principio el paciente no quiere aceptar su estado y lo oculta. Luego los parientes no quieren enfrentar esa responsabilidad y sólo buscan dónde recluirle”, sostiene Julia de Zepeda.

El neurólogo Ricardo López Contreras sugiere mantener en casa a las personas con Alzheimer.

Cambiarlas de lugar no es prudente, pues el mal produce un grave deterioro de las funciones cognitivas y motoras.

Quien lo padece, está condenado a depender de alguien las 24 horas del día. Los cuidados que reciban pueden alargar la vida.

La neumonía, las infecciones renales, paro cardíaco y la aparición de llagas, producto de la inmovilización, que tienden a infectarse, son las principales causas de que el enfermo muera.

La comprensión, el amor y el apoyo ante la aparición del Alzheimer debe ser la medicina principal, así como la realidad de que nadie está exento de sufrirlo.

Síntomas

Fase Temprana
- Olvido de acontecimientos recientes.
- Cambios de personalidad: no se controlan los impulsos.
- Dificultad para elaborar pensamientos complejos y expresarlos.
- Se hacen complicadas las tareas cotidianas (llevar una casa, papeleos legales, salir de compras, etc.)

Fase intermedia
- Dificultad para tomar decisiones simples.
- Descuido de la higiene personal y del aspecto.
- Dificultad para comer sin ayuda.
- Ansiedad, insomnio.
- Las inhibiciones sexuales se pierden.
- No reconoce a algunos familiares.
- Se extravía al salir a la calle.
- Conducta agresiva.

Fase avanzada
- Pérdida completa de la memoria e imposibilidad de valerse por sí mismo (aseo personal, alimentación).
-Conducta agresiva y hostil muy frecuente.



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